Las moralejas de los cuentos hicieron reír de complicidad a los espectadores que llenaron el patio de butacas.
Las moralejas de los cuentos hicieron reír de complicidad a los espectadores que llenaron el patio de butacas. / A. V.
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No existe mejor día que un domingo para que a uno le cuenten un cuento. Los domingos tienen los ingredientes necesarios para una escucha a punto; la pizca de agotamiento, la calma en el ambiente y la predisposición a nuevos retos o nuevos sueños que guardan los finales, aunque sean de semana. El domingo, sobre el escenario del Teatro Juan Bravo de la Diputación, el grupo Tempus Gaudi de Cuéllar supo aprovechar el momento que le concedió el calendario de la Muestra Provincial de Teatro y, como cantaban los Celtas Cortos, permitió que quienes se dieron cita en el auditorio se fuesen a la cama tan contentos. Y con unas cuantas lecciones bien aprendidas.

En realidad no fue uno, sino cinco, los cuentos que los componentes de Tempus Gaudi contaron en el Juan Bravo y que, a veces vestidos de reyes, otras de marineros, a veces de gala para un bautizo y otras de harapos y telas rotas, interpretaron con pasión y con respeto hacia una profesión que, sin ser la suya, les coronó al final de la tarde como grandes profesionales. Especialmente al Juglarín, quien tomando el testigo del Juglarón, verso en boca y declamación y gestualidad bien asumidas, fue introduciendo uno a uno cada relato, sin ningún tipo de miedo al foco principal; ni siquiera cuando los pequeños duendes que le acompañaban en una esquina del escenario, encargados de montar la colorida escenografía entre cuento y cuento, tropezaron con el tiempo y los relojes.

Entre bambalinas, Ángel Gómez, orgulloso director en el momento final de las ovaciones y los saludos, era un concentrado apuntador, tan pronto dispuesto a susurrar una línea del guión si la memoria se convertía en diamante en bruto, como a hacer desaparecer de forma discreta una tela del suelo con un leve tirón, para que nadie resbalase con ella, o a desesperarse con alguna que otra dificultad técnica. El dramaturgo, que también dirige a Los Mirmidones, algunos de los cuales colaboraron con el montaje de Tempus Gaudi, estuvo en todo momento concentrado en cada movimiento y cada frase de un texto que por lo general divirtió al público, le intrigó en algunos momentos, le emocionó en otros y le hizo aplaudir de forma espontánea entre acto y acto.

Como mandan los cánones, los relatos incluyeron distintas moralejas; algunas por avispadas y otras por ser tan comunes en la sociedad de hoy en día, hicieron reír de complicidad a los espectadores que llenaron el patio de butacas del Teatro Juan Bravo. Avaricia, inteligencia, generosidad, cobardía, honestidad, venganza o ironía compartieron escenario con los intérpretes de Tempus Gaudi para poner el mejor “colorín colorado” a la primera semana de Muestra Provincial de Teatro. La próxima cita será el jueves 8 de noviembre con el grupo Y Ahora Q? Teatro de Navas de Riofrío y su versión de ‘Mamaaá!!!’.