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La menuda figura del obispo Palenzuela de paseo por las calles de Segovia con las manos en los bolsillos de su sotana causaba cierta expectación a los segovianos del último tercio del siglo XX, poco acostumbrados a ver a un prelado alejado del boato que en otros tiempos se otorgaba a los máximos representantes de la Iglesia diocesana.

La imagen –captada en la época por la cámara del fotógrafo Fernando Peñalosa y reproducida a tamaño natural por el artista José Luis López Saura- preside la exposición ‘100 años de gratitud’, que fue abierta ayer al público en el salón de actos de la Casa de la Lectura en el marco de las actividades organizadas por la Asociación de Amigos de don Antonio Palenzuela para conmemorar el centenario del nacimiento del obispo que pilotó la transición de la Iglesia segoviana al Concilio Vaticano II y que gobernó la diócesis durante 25 años entre 1970 y 1995.

La jornada de ayer –en la que el obispo Palenzuela hubiera cumplido 100 años- volvió a dejar patente la huella que su labor pastoral e intelectual dejó en Segovia, con la participación en los actos organizados por la asociación que lleva su nombre de un buen número de personas que compartieron con él  experiencias y vivencias.

En la capilla del Santísimo de la Catedral, su sucesor en el cargo César Franco, presidió una misa solemne concelebrada con el Cabildo y varios sacerdotes para comenzar la jornada conmemorativa del centenario.

En su homilía, monseñor Franco resaltó la altura espiritual que  Palenzuela mostró y demostró durante su actividad pastoral y recordó el lema de su episcopado ‘Ubi spiritus, Ibi libertas’ (Donde está el espíritu, está la libertad) para asegurar que vivió su ministerio “a favor de la libertad y unido a su pueblo, pero con la libertad de las obras del espíritu en la verdad del Evangelio”.

El obispo pidió que la diócesis “mantenga viva su memoria como figura que nos acerca al Señor y que nos haga entender que en cada obispo y en cada sacerdote hay un pastor que nos conduce a la vida eterna”.

Tras la eucaristía, y en el muro de la residencia de las Hermanitas de los Pobres en el que la ciudad dedicó una placa conmemorativa a la figura de Palenzuela, tuvo lugar un sencillo homenaje en forma de ofrenda floral, en el que una treintena de personas se dieron cita en el lugar en el que vivió durante varios años al inicio de su episcopado.

En representación de la familia del obispo, algunas de sus sobrinas estuvieron presentes y agradecieron con emoción el reconocimiento de la ciudad a la tarea de un hombre “que cambió el rumbo de la Iglesia en Segovia”, según expresó una de ellas.

En nombre de todos, una representante de Frater Segovia dio lectura a un breve texto de homenaje, en el que a través de su experiencia personal reveló algunos detalles de la personalidad del prelado. Así, señaló que don Antonio “sabía estar al lado de los más necesitados, y sus palabras y sus gestos siempre eran de apoyo y cercanía a los colectivos que tenían más problemas en la sociedad”.

De igual modo, puso de manifiesto la “sencillez y cercanía” del obispo, así como la “profunda huella” que dejó a las siguientes generaciones eclesiales y laicales;  y concluó expresando su deseo de que “siga habiendo personas que vivan y sientan el espíritu de reconocimiento y agradecimiento a su labor evangelizadora”.

Ya por la tarde, tuvo lugar la inauguración de la exposición ‘100 años de gratitud’, que a través de 10 paneles informativos explica de manera sucinta pero bien documentada la vida y la obra de Palenzuela, desde su infancia hasta la influencia que su labor ha ejercido en la vida espiritual y cultural de la provincia.

La ardua labor de investigación realizada por la Asociación de Amigos de Don Antonio Palenzuela hace posible descubrir algunos detalles poco conocidos de la vida del obispo, como una selección de estampas familiares o la fotografía de su madre que siempre llevaba en su cartera.

Además, revela curiosidades como la referencia a la muerte del obispo que el novelista Julio Llamazares incluye en su novela ‘Las rosas de piedra’, basada en la propia experiencia del escritor.

La jornada conmemorativa concluyó con una conferencia a cargo del historiador José Andrés Gallego, profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y autor entre otras publicaciones del libro ‘La Iglesia en la España contemporánea’.