Luis Enrique López-Pozas, presidente y ceo de BioAmmo.
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Santa María la Real de Nieva se convertirá previsiblemente este verano en la primera y única sede a nivel mundial en albergar una fábrica de cartuchos biodegradables para caza y tiro deportivo. Se trata de BioAmmo, una firma que apuesta por los bioplásticos para eliminar la huella de CO2 que generan los plásticos convencionales. El artífice de este pionero proyecto es Luis Enrique López-Pozas, que con tres patentes bajo el brazo y tras muchos años de incesante trabajo, ha conseguido que BioAmmo sea una realidad. De padre segoviano, profesa un gran cariño a esta tierra y se siente muy orgulloso de que la empresa eche raíces y crezca en el lugar del que su familia atesora tan buenos recuerdos.

— Hace 10 años, decide dar a su vida un giro de 360º. Hasta entonces, usted se dedicaba al sector del turismo. ¿Qué le empuja entonces a crear una empresa con la que reducir la contaminación?
— Efectivamente, así fue. En el año 2008 me encontraba dirigiendo una cadena hotelera en la que estábamos muy concienciados con el medio ambiente y la protección de las aguas. Nos preocupaba mucho el hecho de no contaminar, de no generar residuos. Esa conciencia ambiental, unida a la tradición militar de mi familia, me llevó a dar vueltas a la idea de crear munición que no contaminara, biodegradable.
Era una época en la que nadie se planteaba algo así… La conciencia llegaba nada más a nivel del reciclaje, lo teníamos interiorizado, pero dar un paso más no se concebía. Solamente se encontraban ideas a nivel de experimentación en laboratorio.

— ¿Cómo consiguió materializar la idea? ¿Qué pasos dio para convertirlo en un proyecto real?
— Con la idea ya en mente, lo primero que hice fue ponerme a investigar en bases de datos para ver si encontraba alguna patente relacionada con este tipo de producto. Tras comprobar que no existía nada así a nivel mundial, fue cuando tomé la decisión de que había que sacarlo sí o sí. Abandoné mi carrera y me puse a estudiar temas de ingeniería de inyección y extrusión de bioplásticos. A su vez me apoyé en ANDALTEC (Centro Tecnológico Andaluz del Plástico), donde pude disponer de todas las herramientas, recursos, talento y el conocimiento que necesitaba para ir dando forma al proyecto. Ellos me fueron guiando, enseñando… y, desde entonces hasta el día de hoy, hemos ido haciendo desarrollos conjuntos. Seguimos trabajando juntos, remando en la misma dirección con un objetivo común.

— ¿Qué beneficios aportan estos cartuchos “verdes” al medio ambiente?
— Nuestros cartuchos biodegradables son pioneros a nivel mundial. Con este tipo de munición lo que se consigue es erradicar la contaminación en uno de los usos más extensivos que hay en España y en el resto del mundo, que es la caza y el tiro deportivo. En nuestro país hay un millón de cazadores y centenares de miles de personas que practican el tiro deportivo. El problema es que los cartuchos de plástico que se utilizan quedan diseminados por todo el territorio nacional y, en España, el 90% es territorio cinegético. Por lo tanto, es algo prácticamente imposible de reciclar. La mayor parte de los cazadores tiene conciencia ecológica y recogen la vaina del cartucho para depositarla en los cubos de reciclaje ubicados en el coto, pero el taco es muy difícil de localizar, por lo que se queda en el campo de por vida dejando una huella de contaminación de CO2 muy importante.

En cambio, el cartucho de bioplástico, en seis meses o un año se ha biodegradado, se convierte en biomasa y es bueno para las plantas. De esta forma se acaba con los microplásticos de los cartuchos tradicionales que se quedan en la tierra y finalmente van a parar al mar. De hecho, tres de cada cuatro peces ya presentan microplásticos en sus estómagos. Y son millones de toneladas las que tiramos de plástico al mar, unas 200 millones de toneladas diarias.

— ¿Son los bioplásticos una alternativa para erradicar la contaminación medioambiental?
— En BioAmmo hemos logrado producir un material bioplástico a partir de residuos de origen vegetal que, una vez fermentados, dan lugar a polímeros que se transforman y adquieren las mismas características físicas y mecánicas del plástico procedente del petróleo. Nuestros cartuchos se degradan por acción bacteriana y vuelven a la naturaleza como biomasa, razón por la que no contaminan ni en origen ni en su uso final. De la tierra a la tierra, sin contaminar por el camino. Hablamos de que con nuestros cartuchos biodegradables la huella de CO2 se puede reducir en un noventa por ciento.

— En cuanto a costes, ¿cree que los bioplásticos pueden hacerse un hueco en el mercado actual?
— El bioplástico es más caro que el plástico convencional, pero en la producción de grandes cantidades hay muy poca diferencia de precio, por lo que ya no hay excusas para entrar en el mercado. Tenemos un precio similar, el producto es ecológico, biodegradable y cumple la misma función, por lo que la apuesta debería estar clara.

La Unión Nacional de Asociaciones de Caza lleva muchos años promoviendo que se impulse desde la industria un cartucho no contaminante, porque ya eran conscientes del daño que se estaba haciendo al medio ambiente. Y ese momento ya ha llegado.

— ¿Qué repercusión ha tenido hasta el momento el proyecto de los cartuchos biodegradables?
— La repercusión está siendo a nivel mundial. Acabamos de estar en Ia, una feria líder en el área de caza y armas deportivas que se celebra en Nuremberg. Llevamos acudiendo allí desde 2015 y la acogida es fantástica. Este año nos encontramos cerrando acuerdos con más de 14 países y tenemos opciones para cerrar proyectos en Australia y Estados Unidos.

Y en España los cazadores llevan esperando un producto así muchos años, están muy concienciados con el medio ambiente. A día de hoy, no hay ninguna empresa que nos haya dado un ‘no’ por respuesta; todas han acogido el proyecto con entusiasmo y esperan que les llamemos cuando estemos listos para comercializarlo.

— De las tres patentes que tienen, hay una de munición metálica con vaina biodegradable, fundamentalmente para entrenamiento militar. Háblenos de ella.
— Efectivamente, actualmente estamos colaborando con el Ministerio de Defensa haciendo pruebas para sacar una bala de entrenamiento militar de 9 mm que es la que más se usa y que elimina el plomo. Sería más económica y no contaminaría. Está dirigida a las Fuerzas Armadas y Fuerzas de Seguridad; en definitiva, a todos los estamentos que utilicen armas.

— Ya son varios los premios que ha recibido BioAmmo a lo largo de estos años. En el 45 Salón Internacional de Invenciones de Ginebra celebrado en 2017 se alzaron con la Medalla de Oro en la categoría de Medio Ambiente y Energías Renovables. En 2016 se llevaron el Premio Nacional UNAC, de Patrimonio Natural Cinegético y ese mismo año consiguieron ser finalistas en los Premios Emprendedores La Caixa y Enisa. ¿Qué supone recibir este tipo de reconocimientos?
— Son premios que han apoyado muchísimo la credibilidad y la potencia del proyecto pero lamentablemente estas cosas no salen en la televisión y apenas tienen repercusión. Hay investigadores españoles que consiguen cosas realmente interesantes, pero que lamentablemente pasan desapercibidas y eso es muy triste.

— La financiación de un proyecto es la parte más difícil de conseguir. Y en este aspecto, usted no ha tenido un camino de rosas. Cuéntenos cómo han sido todos estos años de “peregrinaje”.
— En España todos los investigadores que no tengan dinero, o malvenden su idea y se quedan relegados a ser el último de la fila dentro de su proyecto, o terminan y optan por irse al extranjero, donde es muy fácil que esas ideas se acepten.

Yo estoy en Segovia siendo andaluz. Mi idea se descartó rotundamente en Andalucía. Se negaron a reconocer un buen proyecto. Un proyecto viable, solvente, de futuro… Yo he tenido que escuchar a la gente decir lo bueno que es el proyecto, lo fantástico que es, pero que qué pena que no tenga dinero para sacarlo adelante… Y eso es un insulto a la inteligencia de todos los investigadores.

Lo peor de todo es que un investigador tenga que arruinarse por falta de ayudas a nivel estatal. Una de mis grandes reivindicaciones es que se tiene que entender que un investigador no es una persona millonaria, es una persona con unos ingresos normales, con lo cual, acometer un proyecto de investigación y desarrollo, que pueda llegar a cambiar toda una industria, cuesta mucho dinero.

Y en este punto es donde tiene lugar en España la famosa “fuga de cerebros”. Estamos muy bien preparados, tenemos grandes ideas, pero no podemos acometerlas. Y como no podemos acometerlas pedimos ayudas, y como no nos las dan, nos vamos fuera.

— Echando la vista atrás, ¿qué ha sido lo más duro que ha vivido en todos estos años de lucha?
— Elegir entre comer o pagar la patente, sabiendo que si no lo pagaba, todo el esfuerzo se esfumaba…Me he arruinado varias veces hasta llegar a donde estoy ahora. Tengo muy claro quién soy y de dónde vengo y no me da vergüenza decir que he vivido momentos de supervivencia extrema y de gran sacrificio.

— ¿Qué se le pasa a uno por la cabeza después de haber superado todos estos contratiempos?
— Como dice el refrán, “el que la sigue la consigue”. Y me da mucha pena ver que no hay una conciencia global de la importancia de la figura del investigador en el entorno de las políticas en nuestro país. Yo me he salvado, pero debo ser el uno por ciento, otros han tenido que emigrar, tirar el proyecto, o malvenderlo…
Y el problema es que no hay visos de que esta situación cambie. Mañana llegará alguien con un gran proyecto que no podrá sacar adelante por falta de financiación, y como no tenga un aguante estoico, se perderá todo. Yo he conseguido salir adelante, pero desgraciadamente van a caer muchos más.

— Hablaba anteriormente de que en Segovia entendieron tu proyecto. ¿Cómo llega su idea hasta aquí y en concreto, hasta Santa María La Real de Nieva?
— Mi padre es segoviano y tengo un primo que vive aquí. Él me presentó al que es hoy mi mano derecha, Jesús Roldán Sacristán, economista y experto fiscal. Y él es de Santa María la Real de Nieva, por eso estamos allí. Hablamos por teléfono del proyecto muchas horas y lo entendió a la primera. Estudió el plan de negocio y me dijo: “esto es muy potente”. Pero nos enfrentábamos de nuevo al problema de la financiación.

No tardó ni 48 horas en decirme que fuera para Segovia, que me iba a presentar al alcalde de su pueblo. Y cuando llegué aquí, ya tenía preparada una reunión con el alcalde de Santa María La Real de Nieva, con el presidente de la Diputación Provincial de Segovia y con el delegado territorial de la Junta de Castilla y León en Segovia. Fueron varios días fantásticos de reuniones, pero por primera vez nos dieron un apoyo institucional, una credibilidad, una predisposición… En Segovia nunca he sentido el tema de los colores políticos, lo cual ha sido genial. Y a partir de aquí nuestro sueño comenzó a echar alas… Hemos ido salvando obstáculos durante todo estos años, pero afortunadamente el proyecto ya es una realidad.

— ¿Cuál es la inversión actual del proyecto?
— La inversión total ha sido de ocho millones y medio de euros. Tenemos un grupo inversor en Segovia y otro en Madrid. En junio de 2018 conseguimos cerrar todo, después de tres años de lucha. Lo que hemos perdido ha sido tiempo… A día de hoy podríamos tener más de doscientas personas contratadas y yo he perdido varios años de mi vida sin investigar, dedicados a conseguir financiación.

Actualmente el valor de BioAmmo se ha multiplicado por tres. Está cifrada en veinte millones de euros y aún no estamos en marcha todavía.

— ¿En qué punto se encuentra la fábrica de BioAmmo en Santa María La Real de Nieva?
— La obra civil se encuentra al ochenta por ciento y la maquinaria ya la tenemos almacenada. Confiamos poder empezar a instalarla en el mes de abril para comenzar a hacer pruebas en mayo o junio. En julio ya deberíamos estar produciendo sin parar.

— ¿Cómo está siendo la acogida del proyecto entre los vecinos de Santa María?
— Los vecinos están como locos. Son troyanos, han aguantado estoicamente estos tres años hasta que el proyecto ha salido adelante con una paciencia infinita. Me paraban por la calle para preguntarme cómo iba. Han visto cómo esto subía y bajaba; salíamos en las noticias y parecía que el proyecto tiraba para arriba, pero de repente surgía un contratiempo… y así constantemente.

— ¿Cuántos puestos de trabajo tiene previsto crear BioAmmo?
— Inicialmente crearemos en torno a 50 o 60 puestos de trabajo y deberíamos tener una línea más de producción para el año que viene, por lo que meteríamos otros treinta trabajadores más. Entonces ya estaríamos en unas cien personas. Vamos a estar en ese plan de crecimiento constante durante muchos años.

Tenemos alrededor de trece hectáreas para futuras ampliaciones y deberíamos llegar a tener muchas líneas de producción. Son veinticuatro horas de trabajo los siete días de la semana, es una fábrica que no cesa de producir. Actualmente, por volumen de negocio, podríamos tener hasta cuatro líneas de producción, pero tenemos que empezar con una porque existe una limitación económica.

— ¿Hacia dónde espera que crezca BioAmmo?
— Una de las cosas que queremos hacer en una segunda fase es la creación de un centro tecnológico, una pequeña estructura que dé apoyo a emprendedores con buenas ideas, desde un punto de vista profesional y práctico, de entender el proyecto, de estudiar el mercado, su viabilidad y de apoyarlos.

Este centro también servirá para sacar los proyectos que tengo guardados en el cajón. Hay uno, que lleva seis años dormido, dirigido a todos los hospitales de España y que es muy interesante. Está centrado en eliminar la contaminación de los hospitales. El proyecto se encuentra parado por falta de financiación y espero que en un futuro pueda ver la luz.

— ¿De qué manera cree que va a contribuir BioAmmo al crecimiento del tejido económico de la zona?
— Santa María es una campiña alegre. Y es un reto coger una zona que está en peligro de despoblación, con paro, que va a desaparecer como no hagamos algo. Es la mejor prueba del mundo de que si se apuesta por el medio rural, se invierten los papeles y se genera crecimiento.

Mi proyecto más ambicioso es que Santa María La Real de Nieva se convierta en la cabeza de comarca que fue. Que vuelva a crecer gracias al dinamismo empresarial que vamos a aportar a la zona. Eso va a ser una satisfacción enorme. Eso sí que es un proyecto ambicioso, crear un polo de atracción, un parque empresarial de referencia.

Vamos a dar puestos de trabajo de calidad, con contratos de calidad. Alguien que quiera trabajar con nosotros y labrarse un futuro lo va a tener. Una vez que formemos a una persona no queremos perderla.