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Una de las vendedoras afectadas, junto a su mercancía en los soportales de la Plaza Mayor. / NEREA LLORENTE
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Carmen Miranda de la Cruz tiene más de sesenta años y lleva más de cuarenta vendiendo prendas y accesorios textiles junto al Alcázar de Segovia. Explica preocupada que todos los meses tiene que pagar la cuota de una hipoteca y sus ingresos apenas le dan para hacer frente a este gasto. “Nunca he tenido problemas con nadie”, afirma, y no entiende que después de tanto tiempo, “porque tengo mi permiso, me lo dieron en el Ayuntamiento”, puntualiza, los responsables municipales quieran cambiar su forma de vida. En la Casa Consistorial hay movimiento y ella sospecha que quieren dejarla sin su puesto de trabajo.

Desde el Gobierno municipal socialista, el concejal de Servicios Sociales, Andrés Torquemada, afirma que “todavía no hay una decisión tomada” y que están “tratando de dar una vuelta a la situación”. El edil comenta que hay muchas áreas municipales implicadas en este proyecto que de momento se encuentra en fase de diagnóstico, según se desprende de sus palabras, desde Vía Pública a la Policía Local, Inspección, etc.

Explica Torquemada que la situación legal de las vendedoras gitanas situadas en entornos monumentales —una media docena repartidas entre el Acueducto, Plaza Mayor y Alcázar— no está clara. “Hay permisos desde hace mucho tiempo, implícitos o explícitos, y lo que queremos es conocer cómo está la situación, partir de un planteamiento previo y saber también la situación familiar, con qué ingresos cuentan, etc.”, más allá de la actividad de venta callejera.

Fines de semana

Una de las posibles opciones que se maneja es que puedan mantener esta actividad los fines de semana pero está todavía en un estado incipiente.

Esta semana se ha celebrado una reunión en el Ayuntamiento con las vendedoras afectadas en las que ha estado presente la alcaldesa, Clara Luquero, junto a concejales y técnicos municipales, y la alarma ha cundido entre algunas de estas mujeres gitanas, la mayoría por encima de los cincuenta años y que siempre han estado vinculadas a la venta de productos textiles en la calle, de cara sobre todo al turista, aunque también cuentan con clientela de la propia ciudad.

Carmen cuenta que en los trabajadores del Alcázar ha encontrado apoyo y se han interesado por su futuro hasta el punto de empezar a recoger firmas para que nadie la mueva de su puesto de venta, junto a la verja de entrada al recinto del monumento.

Desde la fundación del Secretariado Gitano en Segovia, su gerente, Luis Martínez, que aunque indica que no ha estado presente en la reunión mantenida esta semana en el Ayuntamiento sí tiene un conocimiento general del problema, sostiene que la situación de estas vendedora gitanas está en una especie de “limbo” y admite que puede estar generándose algún tipo de irregularidad y los responsables del Ayuntamiento “no pueden dejar de cumplir las normas”.

Martínez dice que por un lado están las ordenanzas municipales y por otro la normativa autonómica y estatal que obliga a todos los ciudadanos por igual, aunque al mismo tiempo lamenta que no haya en el Estado español medidas que permitan, por ejemplo, que un colectivo como el de estas mujeres gitanas puedan complementar los ingresos familiares con la venta de productos textiles. “Si tienen que darse de alta como autónomas lo más probable es que no puedan mantener la actividad y no hay en España un sistema que permita compaginarlo con ayudas, por ejemplo”, resume.

El responsable del Secretariado Gitano en Segovia mantiene que sabía que en algún momento un equipo de Gobierno del Ayuntamiento iba a tomar cartas en el asunto pero se pregunta si la solución es, por ejemplo, mandarles a sus casas para que subsistan únicamente con ayudas públicas.

Es un problema por el que ya han pasado vendedores ambulantes de los mercados al aire libre de la ciudad. “Los que han hecho cuentas y les han salido han podido regularizar su situación y el resto, se han tenido que quedar en casa”, según Martínez.

Función socializadora

Este responsable del Secretariado Gitano en Segovia afirma además que la actividad de las mujeres gitanas en los entornos monumentales de la ciudad tiene una doble vertiente, por un lado los ingresos económicos que les reportan y por otro una función socializadora, integradora en cierta medida, por las relaciones personales que establecen tanto con clientes como con el entorno.

“Tienen vecinas con las que comentan sus problemas e incluso algunas que en algunos momentos les han echado una mano, que les han comprado unas patatas un día que estaban mal de dinero…”, señala.

Aunque ellas mismas son conscientes de que no todo el mundo ve con buenos ojos su actividad, no es menos cierto que con el tiempo se han convertido en parte del paisaje segoviano, incluso hay quien apunta que integran ese patrimonio inmaterial de la ciudad, impreciso o no, y sin ellas el centro histórico no sería el mismo.