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Nicolás Salas, en las instalaciones del Campus IE en Segovia, donde estudia cuarto curso de Arquitectura. / Roberto Arribas
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Nicolás Salas León siempre lleva en su mochila una libreta algo desgastada y más pequeña que una cuartilla, y un bolígrafo corriente. Esos dos sencillos objetos son, sin embargo, su gran tesoro. En ese pequeño cuaderno anota sus pensamientos, aquello que le parece interesante, original o distinto, y caza emociones. En la portada de la libreta, escrita a mano, ha puesto una frase: “Un viajero curioso”. Y en sus páginas, garabateadas al máximo, se trenzan pensamientos y reflexiones personales. Es una libreta muy valiosa pues de ahí beben sus canciones como rapero amateur, y ahí descarga su creatividad cada día.

A sus veinticuatro años, Nicolás Salas prepara lo que será su primer trabajo discográfico titulado “Psicopatía abstracta”, que se grabará previsiblemente a partir de septiembre en Segovia, ciudad donde estudia Arquitectura en IE University. Y es que, por fin, este sevillano se ha lanzado a la aventura de grabar su primer LP de rap y lo hará con sus propios medios. Para ello, cuenta con la colaboración muy especial de otro alumno de la universidad, el estudiante turco Karim Motaouakkil, que además de asesorarlo, ejercerá de técnico de sonido y editará los vídeos.

Le pregunto qué es el rap para él, y Nicolás se llena de energía. Con un dulce acento andaluz, no muy exagerado, me cuenta que “el rap es uno de los grandes movimientos culturales en la historia de la música y una fuente de creatividad ya que muestra, como ningún otro género musical, los sentimientos que llevas dentro”.

Por “genética”, Nicolás tendría que haber sido más hijo del rock o del heavy metal que del rap o del hip-hop. A modo de broma, Nicolás me desvela que nació un día en el que su padre asistía a un concierto del grupo Metallica, mientras su madre estaba en el hospital. “Mi padre era un auténtico rockero. Llegó tarde al parto porque no quiso perderse ni un solo tema de la banda estadounidense”, comenta entre risas.

“Cuando era niño me gustaba el heavy metal, hasta que los doce o trece años mi vida dio un vuelco y empezó a gustarme también otro tipo de música”, afirma. ¿Qué fue lo que te hizo cambiar?, le pregunto con curiosidad. Nicolás, vuelve a esbozar una sonrisa, y me aclara: “La película “8 millas” (2002) protagonizada, entre otros, por el rapero Eminem; descubrí lo que transmitía la “vieja escuela” del rap, esa gente que lo pasaba mal y quería expresarlo, que buscaba una salida a través de la música y de la palabra”.

Acto seguido, me recuerda aquellos ratos en el recreo de la escuela, cuando quedaba con sus compañeros para “hacer temitas, ensayar, y escuchar rimas”. “El descubrimiento del rap fue algo extraordinario”, se sincera. ¿Qué grupos o raperos te inspiran? El sevillano no duda: SFDK, Foyone, Ayax+Prok…

#RapSinCorte

Su trabajo “Psicopatía Abstracta” verá la luz previsiblemente después de verano con ocho o nueve temas. “Está hecho desde la humildad propia del que empieza; no es más que hacer oficial lo que estoy ya creando y seré rapero cuando la gente me llame así”, dice con una sinceridad pasmosa.

Se trata de un disco de #RapSinCorte y cuyos temas son muy variados ya que se mezcla el rap con el reggae o el flamenco. También contendrá “canciones crudas” al estilo de la old school y composiciones “donde las letras fluyen al ritmo de bombo y caja sin adornos acompañado de una rima muy potente”.

Con “Psicopatía Abstracta”, se intenta ofrecer algo nuevo. “Karim y yo pensamos que nos va a servir para darnos cuenta de quiénes somos y hasta dónde podemos llegar; según nuestra filosofía, la música no tiene barreras, y por eso nos gusta experimentar la música de fusión y la diversidad”, afirma.

El disco será financiado exclusivamente por los dos estudiantes de IE University, aunque no descartan más adelante iniciar una campaña de micromecenazgo o crowdfunding para su edición.

La experiencia de Londres

Nicolás Salas es arquitecto graduado por la Universidad de Westminster, centro europeo con cuatro campus en el centro de Londres. De su etapa en la mayor ciudad del Reino Unido, el sevillano comenta que fueron unos “años inolvidables”, si bien aclara que “Londres me ha dado mucho, pero también me lo ha quitado; no todo fue bueno, aunque esa ciudad ha determinado quién soy y cómo soy, me ha dado una visión global y cosmopolita del mundo”.
Mientras estudiaba fuera de su país, recuerda que trabajó en varios oficios, como el de camarero, e hizo prácticas durante un año en un estudio de Arquitectura en Inglaterra, “donde aprendí muchísimo”.

Regreso a España

El clima de Londres, tan impredecible, (un día puede llover torrencialmente, y cambiar del frío al calor en cuestión de minutos) nada tiene ver con el de Sevilla. “Necesitaba cambiar”, asegura. Decidió entonces sacarse el grado de Arquitectura en España. En el campus de IE University en Segovia encontró el lugar ideal para seguir avanzando profesionalmente. “Es una universidad de carácter internacional que se encuentra en el top mundial de la innovación; a su vez, mi grado se imparte en inglés e IE cuida mucho a los alumnos con vocación emprendedora”, señala Nicolás, que subraya que “el grado en Arquitectura aquí es una carrera muy completa, pues atiende aspectos de la disciplina que otras instituciones más enfocadas a la especialización no cubren suficientemente”.

Eso sí, el clima de Segovia le ha sorprendido. Si Londres es duro, Segovia puede serlo más. “En mi vida no había visto tanta nieve en una ciudad; el invierno aquí es complicado para un sevillano”. No obstante, se encuentra feliz. “La vida en Segovia es relajada y bonita, creo que es una ciudad a la que se puede sacar mucho partido, pues ofrece muchas oportunidades para jóvenes con proyectos innovadores”, indica.

Deportista

En la charla, Nicolás no deja de sorprenderme. De su pasado, me revela que ha sido cinco veces campeón de España y dos veces de Europa en lucha grecorromana en distintas categorías de peso. “Lo dejé por los estudios”, recalca con cierta nostalgia. Después, me habla de otro proyecto que le ilusiona: prepara un viaje junto a unos amigos (“unos locos de cuidado”), donde recorrerá 350 kilómetros desde Málaga a Sanlúcar de Barrameda en una ruta -casi anárquica, pues no siguen el itinerario más corto- para buscar “inspiración y tranquilidad”. A buen seguro que el joven sevillano llevará también consigo su inseparable libreta desgastada donde plasma cada día sus emociones, y donde las musas encuentran en sus páginas el mejor de los hogares.