“Aprendí el idioma, palabra a palabra, a base de preguntar”

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Aunque asegura que sólo se defiende con el castellano, lo cierto es que este empresario del sector de la Construcción, Miroslaw Piwowarczyk, lo habla con fluidez; es verdad que con acento marcado pero incluso se permite intercalar con acierto en la conversación varias expresiones coloquiales.

Lleva 18 años en España. Con su familia —su mujer es también polaca— reside en el barrio de La Fuentecilla y en Segovia han nacido sus dos hijos, de 10 y 11 años, de los que está (se le nota) muy orgulloso aunque, matiza, “ellos dicen que son españoles pero son polacos”.

Salió de Polonia en 1990, cuando la situación económica en el país centroeuropeo era mala. Por lo que comenta, el comienzo de su vida como emigrante debió ser muy duro. Primero intentó suerte en Francia pero ante la imposibilidad “de conseguir papeles” decidió viajar a España donde tenía un conocido asentado en La Granja.

Antes barajó otras posibilidades, incluso partir hacia las antípodas para buscar fortuna en Australia. Finalmente, decidió que era mejor permanecer en Europa porque todavía hoy piensa que algún día regresará definitivamente a Polonia.

Su peripecia hasta llegar a Segovia tiene ingredientes de aventura, de clandestinidad. Junto con otros compatriotas lo intentó primero a pie, pero la frontera natural de los Pirineos, en pleno mes de febrero, fue demasiado incluso para Miroslaw, que no parece ser de los que temen al frío. Lo consiguió después, en coche y por la frontera, sin problemas y ahora es todo un ejemplo de integración. No sólo consiguió trabajo si no que su empresa genera riqueza y da empleo a personas de diferentes nacionalidades, incluyendo a españoles.

Desde el principio su actividad en Segovia ha estado ligada a la construcción y admite que fue difícil adaptarse, en parte por el idioma. Primero se hacía entender “por señas, como quien dice y, poco a poco, palabra a palabra, a base de preguntar, me defiendo”. “A veces he tenido que aguantar risas o sonrisas porque dices algo mal pero yo he seguido para adelante sin miedo ni vergüenza porque siempre digo que por lo menos lo intento”, añade.

Hace 16 años se hizo autónomo y hace casi siete creó su actual empresa, de la que depende económicamente un número de familias nada desdeñable. Dedicada a trabajos de albañilería, pero también “como ayuda a otros oficios afines: carpintería metálica o de madera, encofrados, etc”, asegura que no le da miedo “salir fuera cuando lo demanda el trabajo, y siempre que merezca la pena, claro”.

De momento la empresa funciona “bastante bien” y, aunque reconoce que “la crisis afecta, porque afecta a todos, pero hay que hacer algo. No se puede hablar de crisis y no hacer nada. Hay que tirar para adelante. Yo soy así, de hacer cosas, buscar alternativas. Hay gente esperando en casa para comer y me acuerdo y, al mirar para atrás, en mi casa, con mi padre y mi madre, nunca ha faltado comida, aunque las cosas estuvieran difíciles”, dice Miroslaw convencido.

trabajadores “No tengo inconveniente en contratar a personas de todos los sitios. He pasado por esto y se lo que pasa. Todos tenemos derecho a trabajar y a comer”, asegura este constructor, quien se queja ligeramente de las muchas obligaciones que tienen los empresarios en España, aunque recalca que “es así, son las leyes y hay que respetarlo y para mí sobre todo es importante que no pase nada, que no haya un accidente, y hasta ahora, no se ha producido ninguno grave”.

adaptación Sostiene Miroslaw que en Segovia “he dado con buena gente, no me han dado la espalda y nos han aceptado bien, aunque considero que también yo me he portado bien y por eso me lo han devuelto”.

Idioma a parte, su adaptación a España no ha sido especialmente traumática, porque considera que hay muchas semejanzas culturales, entre ellas la religión católica. Le gustan el cochinillo y el cordero asados y su mujer cocina en casa tanto comida polaca como española. Suele acompañar a sus hijos cuando juegan algún partido de fútbol; los dos son del Barcelona, como el padre, y, por supuesto, quieren ser futbolistas de mayores.

Hay dos cosas de España por las que muestra extrañeza: “Algunas personas que madrugan para tomar algo en el bar antes de ir a trabajar” y “que en los bares se tiran las cosas al suelo. ¿Eso qué es?”. Concluye que los españoles hacen más vida social en los bares que los polacos pero lo respeta aunque no termine de entenderlo.

Miroslaw no descarta regresar a Polonia más adelante pero tiene claro que en este momento la prioridad son sus dos hijos, no cortar bruscamente su formación en España. Más adelante ¿quién sabe?. Igualmente claro tiene que sus descendientes no deben perder sus raíces y, por eso, acuden todos los sábados a una escuela de enseñanza del polaco en el Colegio de Villalpando.