El Restaurante Villena sorprendió con platos tradicionales reconvertidos en una experiencia de lujo creativa e innovadora que gustaron mucho a los asistentes. / DIEGO GÓMEZ
El Restaurante Villena sorprendió con platos tradicionales reconvertidos en una experiencia de lujo creativa e innovadora que gustaron mucho a los asistentes. / DIEGO GÓMEZ
Publicidad

Un placer para ‘foodies’ o lo que es lo mismo, para los amantes de la gastronomía. En un ambiente tan mágico como acogedor, el Restaurante Villena, ubicado en la antigua iglesia del Convento Capuchinos de Segovia, presentó su propuesta ‘gastro’ en el marco del IX Otoño Enológico de la Fundación Caja Rural de Segovia. Platos tradicionales reconvertidos en una experiencia de lujo creativa e innovadora que bien mereció el aplauso de todos los comensales. El menú se componía de: elote con queso rallado, anguila ahumada con remolacha, croqueta de chorizo, una innovadora recreación de la tradicional sopa castellana, merluza de pincho al vapor con vinagreta de manzana Granny Smith, tournedó con boletus y crema de queso con moras, maridados con vinos de calidad y materia prima propia de las Bodegas Vetusta.

Si ya es un placer para los sentidos poder degustar las propuestas gastronómicas del Restaurante Villena, su menú no defraudó ni tampoco su maridaje; vinos DO Ribera de Duero elaborados en una de las bodegas con más ‘alma’ de Aranda de Duero, Vetusta.

Y así fue, Ángel Chico, director general de Bodegas Vetusta explicó cada elección a los comensales que, expectantes, concentraban su atención sin perder bocado (ni detalle) de una de las noches más especiales del IX Otoño Enológico. Vinos tintos para los entrantes y para la carne, blanco para el pescado (lo esperado) pero todos escogidos a la perfección. La gran sorpresa llegó para el postre: el primer ‘ice wine’ de la Ribera. Un vino “de cuidados” que hay que estar pendiente de él en todo el proceso, primero durante muchos meses midiendo temperaturas y densidades y después, en el proceso de embotellado, ya que es totalmente manual, de una en una, explicaba el director general de las Bodegas Vetusta.

Una jornada sólo apta para sibaritas, amantes del buen gusto, de la sencillez y del buen hacer. Un encuentro en el que el alma y la armonía haciendo referencia al nombre de la propuesta, dejaron (una vez más) a los comensales satisfechos y a todos los que estaban allí con ganas de repetir.