Juan Jesús Díez Sanz, Cronista Oficial de Aguilafuente
Juan Jesús Díez Sanz, Cronista Oficial de Aguilafuente.
Publicidad

Aguilafuente es uno de esos lugares en el mundo en el que la historia se respira en cada esquina y, quien conoce esta localidad de cerca, lo aprecia más que nadie. Precisamente por su cercanía Juan Jesús Díez Sanz vive la historia con auténtica devoción y vocación pero, a la vez, con el sentimiento de que, por circunstancias, no ha podido dedicar todo el tiempo que hubiera sido necesario.

Reconoce, desde el estudio profundo de los hechos, el valor de los acontecimientos pero a la vez, sabe que las circunstancias económicas hacen difícil llegar más lejos y, tras el análisis de la situación, realiza una aseveración preocupante: «Aguilafuente se muere». De cómo ha llegado a esta conclusión, de cuál ha sido su trayectoria como cronista oficial y de cómo cree que se puede luchar contra «la muerte del mundo rural», él mismo lo cuenta.


— ¿Cómo llegó a ser cronista oficial de Aguilafuente?

— A mí, la afición por la historia, me viene desde muy pequeño. Formé parte del Grupo de Rescate que descubrimos la Villa Romana de Santa Lucía, yo era el más pequeño de todos los integrantes, en aquel momento tenía 13 años y, desde entonces, ese «gusanillo» lo he tenido siempre.
Primero estudié Magisterio en Segovia y después, Filosofía y Letras o, lo que es lo mismo, Geografía e Historia. Hice una Memoria de Licenciatura utilizando los archivos parroquiales de Aguilafuente, sobre todo desde el punto de vista demográfico y, en este trabajo, contabilicé más de 15.000 partidas de bautismo, de nacimiento, e hice una serie de gráficas de población entre el año 1700 y el año 1808, el periodo que recoge, más o menos, hasta la Guerra de la Independencia desde el inicio de los Borbones en España.
Con todo este trabajo, vi la importancia de Aguilafuente y comencé a llegar a otros archivos más altos, a nivel provincial. Fui a la Biblioteca Nacional de Madrid y al Archivo Histórico y publiqué, en principio, dos ediciones de la Historia de Aguilafuente, la primera fue de 1000 ejemplares, que se terminaron rápidamente y, publiqué una segunda: «La historia de Aguilafuente, causa de la imprenta española», porque Aguilafuente tiene que ver con la imprenta, como bien sabes, por el tema del Sinodal.
Ya había publicado estas ediciones y, no solo eso…, marché al Archivo de la Corona de Aragón, a Barcelona, y tuve la suerte de descubrir diez cartas escritas en Aguilafuente por Fernando el Católico. El motivo fue que desde Aguilafuente, gobernó Aragón a través de cartas reales que envió a la Isla de Mallorca. Una carta estaba escrita en latín, tres cartas las envía a la Isla de Sicilia, en castellano antiguo y, seis cartas las envía a la Isla de Cerdeña en catalán antiguo. Con lo que se demuestra que Fernando el Católico, respetaba las lenguas más o menos oficiales de su reino.
Todo esto lo había hecho antes de ser nombrado cronista oficial y, llegó a oídos de la Asociación Española de Cronistas Oficiales, quienes tenían interés en ir incorporando cronistas a los diferentes pueblos de España para que nos preocupáramos por preservar todo este tipo de cosas que en aquellos años no se cultivaban.
Recuerdo, también, que antes de publicar la historia de Aguilafuente, ya trabajaba para que la iglesia románica de San Juan, donde está el Aula Arqueológica, que era de propiedad privada, se convirtiera en pública para que se restaurara, cosa que conseguí a través de artículos que escribí en «El Adelantado de Segovia», uno de ellos titulado «La Iglesia de San Juan de Aguilafuente, lazo de unión del románico segoviano» y, creo que esa frase fue la que movió a la Junta de Castilla y León a empezar a meter dinero en ella y a hacer lo que hoy es, el Aula.
Mi interés por Aguilafuente, en definitiva, ha sido siempre muy grande. Antes de irme a la «mili», cuando tenía 19 años, conseguí recuperar «El Paloteo», el que hoy se baila en Aguilafuente y tiene tanta fama. Hoy es lo que tenemos, los paloteos, hemos recuperado la Iglesia de San Juan…la Asociación Española de Cronistas Oficiales, lo sabía y, Antonio Sánchez, su secretario, escribió una carta al Ayuntamiento solicitando mi nombramiento.
Por aquella época participé en INTUR, la Feria de Turismo de Interior, estaba muy implicado y con muchas ganas de hacer cosas, porque había pasado un periodo malo en mi vida, tuve un accidente de tráfico muy grave y quizá me salvó mi afición por la historia de Aguilafuente, ya que mi mujer se quedó en una silla de ruedas, mis hijos tenían año y medio y tres años… Aquello fue un desastre… Pero, me agarré a esta ilusión que tenía y me puse a hacer cosas y…
El 11 de diciembre del año 2001 fue mi nombramiento, a solicitud de la Asociación Española de Cronistas Oficiales…

— Toda una satisfacción porque es importante que «te vengan a buscar»… ¿Verdad?.
— Sí, la verdad que sí. Estoy agradecido a mucha gente porque estas cosas las he hecho desde niño, por la ilusión que he tenido, porque me ha gustado, Aguilafuente me ha gustado mucho pero, he tenido muchos problemas personales, y los sigo teniendo. No me puedo dedicar a tiempo completo porque levantar una familia como la mía es complicado… Hasta le podría comentar las cosas que tuve que dejar de lado, a nivel político. Fui Consejero General de la Caja de Ahorros de Segovia…

— Dentro de esta vida de cronista tan intensa, también hay que contar con que Juan Jesús Díez Sanz fue a «caer en Aguilafuente», un lugar que, «por sí mismo», es una fuente inagotable de hechos históricos…
— ¡Sí señor! Y, cada vez que tiras de un hilo, te sale más y, ahora mismo estoy trabajando en un estudio con el que se pretende documentar la solicitud de beatificación de Isabel la Católica.

— ¿Por dónde va esta investigación?
— Hay una Asociación de Caballeros y Damas de Isabel la Católica que promueven esta beatificación de Isabel y, se ha abierto un nuevo proceso por parte de Roma. Ya desde el año 1974 es considerada «sierva de Dios» y, está abierto el proceso de beatificación, con lo cual, voy a aportar una carta de Isabel defendiendo a los débiles y en contra de los poderosos, que eran los canónigos de la Catedral de Segovia, los señores jurisdiccionales de Aguilafuente que, querían «pasar a cuchillo», ni más ni menos, a todas las mujeres, niños y a los criados, de la Villa de Aguilafuente, porque se negaban a pagar impuestos.
Ellos decían que los impuestos de sus padres y de sus antepasados los pagaban, pero los nuevos impuestos, no tenían por qué. Unos que sí y otros que no… Hubo amenazas y, la reina salió en defensa de los débiles y mandó publicar una carta a los católicos: «Esa carta sea leída en todas las plazas de sus reinos, a redoble de tambor», la cosa iba en serio y, en la carta, ella era defensora del Concejo de Aguilafuente. En actos como este se ve la bondad, la justicia social que tenía esta mujer, que tomaba decisiones «duras» pero siempre dentro de una ética.

— A ese proceso de beatificación ¿Le falta mucho para concluir?
— Hay mucha política por medio. El hecho de que Isabel expulsara a los judíos, es un punto en su contra. La expulsión de los moriscos, también es un punto en su contra… El tema de la Inquisición, no solo la de Roma, también la española, que ella solicitó y el Papa le concedió, también va en su contra. La «Leyenda negra» de los españoles en América, en el Nuevo Mundo, tampoco ayuda. Veo difícil la beatificación. Va a depender de la Iglesia Católica y de si interesa hacerlo, desde el punto de vista político.

— -¿La Reina Isabel la Católica, no tiene «fama» de bondadosa, más bien de mujer «dura» y fuerte?
— Lo hizo por el bien de España y por el bien de la Iglesia Católica. Ella, más que Fernando que era más político, reina en un plano más ético y con una visión de Estado muy importante, creo que fue una reina que, para los que la conocemos un poco…, no ha reinado después nadie con esa categoría, ni en Castilla ni en España.

— Por cierto, ahora que vuelve a aparecer Fernando el Católico… ¿Cuál fue el motivo de su presencia en Aguilafuente? Porque se sabe que estuvo en Turégano y en otros puntos de la provincia…
— Estuvo en Aguilafuente once meses después de morir Isabel, el 10 de octubre de 1505 ¿Por qué vino a Aguilafuente?, «porque las paredes oyen».
Todavía no se había llegado a ningún acuerdo sobre quién iba a reinar en Castilla, el testamento de Isabel dice que tiene que reinar su hija, Juana (la Loca) pero, está un poco trastornada y, su esposo Felipe (el Hermoso) es un traidor que quiere entregar Castilla al Rey de Francia. De hecho, probablemente, aunque solo es una suposición mía, el vaso de agua que bebe después del juego de pelota y le provoca la muerte… Es un vaso envenenado… No se ha demostrado nunca pero… probablemente…

— No fue casualidad…
— No, no, Fernando los tenía bien puestos. Se puede asegurar porque seis o siete meses después de que comenzaran a ningunearle las Cortes de Castilla, quiso quitar de arzobispo de Zaragoza a un hijo natural suyo para que no heredara Aragón el hijo de Felipe el Hermoso y Juana la Loca, Carlos I. Y no solo hace eso porque, después se casó con Germana de Foix, al día siguiente de estar en Aguilafuente, el día 12 de octubre firma el II Tratado de Blois, para casarse con Germana, por poderes.
Él se queda en Segovia y viene a Aguilafuente porque había una relación muy cordial con la Villa. Como hemos visto, el Concejo de Aguilafuente fue salvado por los reyes de ser acuchillado por los canónigos y esto producía una tranquilidad, un apoyo. Tendría que ponerme a escribir todo esto pero no tengo tiempo… Ahora estoy con lo de la reina Isabel… Pero sí, Aguilafuente tenía una relación con los Reyes Católicos importante y estrecha y, se vino porque, en el Alcázar de Segovia, las paredes oían, no se fiaba.

— Y en Aguilafuente se sentía protegido…
— Sí. Se llevó al secretario y allí escribió las diez cartas que he encontrado en el Archivo de la Corona de Aragón…
Sobre esas cartas, las copias las entregué al Archivo del Ayuntamiento de Aguilafuente cuando me nombró cronista para que quien quisiera pudiera trabajar en ellas. Menos mal que me dieron las copias, ahora mismo, tal y como están las cosas, con la documentación catalana, poder sacar de allí fotocopias… Ya no me dejarían.

— Fueron diez cartas pero ¿Cree que puede haber más? ¿Cuánto tiempo estuvo el rey en el pueblo?
— Sí, podrían ser más, probablemente serán más.
Fernando el Católico estuvo la tarde del día 10 de octubre, durmió esa noche y, creo que, a la tarde del día 11 marchó, porque el día 12 por la mañana, estaba en Segovia.

— -¿Dónde durmió cuando estuvo en Aguilafuente?
— Es una pregunta interesante. Probablemente y, en la tercera edición de La Historia de Aguilafuente aparece, he conseguido una foto de la antigua Casa Mudéjar, con un arco mudéjar, que está en la plaza mayor, junto al Palacio. Ahora es una casa de ladrillos. Allí había una casa muy grande y seguramente allí fue donde se alojó en Rey.
Por otro lado, los canónigos tenían, frente al Ayuntamiento unas casas que son conocidas como «Las Casas del Obispo» y, cuando venían los señores jurisdiccionales a pedir cuentas y a cobrar impuestos, dormían en esas casas… Eran unas casonas grandes y, probablemente dormiría el Rey en una de ellas. Por su parte, la reina cuando vino con su séquito, también debió alojarse en este lugar.

— Y ahora ¿a qué se dedica el cronista oficial de Aguilafuente?
— Ahora, mis actividades… Voy todos los años al Congreso de la Asociación de Cronistas Oficiales, he colaborado en el V Centenario de la Constitución de la Universidad de Alcalá de Henares porque, las traducciones de las Constituciones de la Universidad estaban en latín y fueron traducidas por don Antonio Larios, cura párroco de Aguilafuente. Colaboré con el Obispo de Alcalá de Henares, me he relacionado con el Marqués de Aguilafuente, actualmente está en Palma de Mayorca, a quien he mandado cartas y libros y me ha permitido entrar en el archivo de los Zúñiga, en Madrid…

— En un pueblo como Aguilafuente, un activo importante en la historia, ¿el Sinodal ha dejado en segundo lugar a todo lo demás?
— No, fui también un promotor del Sinodal de Aguilafuente. Aquí no se puede hacer todo a la vez, con la poca fuerza económica que tiene el Ayuntamiento, y con la poca ayuda que se da… Hacer más cosas que las que estamos haciendo… El pueblo de Aguilafuente se merece un reconocimiento por la labor callada y gratuita que está haciendo en la divulgación de esta fiesta, que no solo engrandece a Aguilafuente, también engrandece a Segovia y a España, porque el primer libro, el Sinodal, es sobradamente importante.

— Pero parece que algunos acontecimientos históricos ocurridos en Aguilafuente, no han tenido suficiente divulgación…

— Yo, por diferentes motivos, entre ellos mis problemas personales, no he tenido tiempo de divulgar lo que quería, de publicar mucho más.
Estoy sacando y publicando muchas cosas en los Congresos de la Asociación de Cronistas, pero allí se pierden, no se leen.
Saqué una tercera edición de la Historia de Aguilafuente pero, está casi agotada. Esta tercera edición es la mejor, la más completa. En ella se encuentran las cartas del Rey Fernando el Católico, en ellas también se habla de la presencia de la reina Isabel en el pueblo en el año 1483, en mayo. El problema de Aguilafuente es que… económicamente, no tiene dinero… Yo, no puedo hacer más…

— ¿Quizá la administración debería apoyar más? Solo la iniciativa privada, puede no ser suficiente.
— Aguilafuente tiene mucha historia pero ¿en qué repercute económica y socialmente en Aguilafuente?. Tenemos una villa romana, que es visitable y ¿en qué está repercutiendo? ¡En casi nada!
Hemos conseguido el Aula Arqueológica pero, la gente viene, lo visita y, se va. No hay ningún motivo para quedarse en Aguilafuente porque Turégano está al lado, con una restauración más fuerte…Un problema serio porque, Aguilafuente se muere pero, Aguilafuente y muchos más.

— Cómo Cronista ¿Qué cree que se puede hacer para evitar que Aguilafuente se muera?
— Principalmente, potenciar el tema cultural, el legado histórico de Aguilafuente hay que potenciarlo, empezando por el Sinodal, siguiendo por la Villa y luego, podríamos hacer algo relacionado con los Reyes Católicos y con los Consejos Generales de la Mesta.