Agapito cumple 125 años

Con el anual homenaje ante la estatua de Marazuela se cierra el programa de actos conmemorativos del nacimiento del principal recopilador del folclore musical segoviano

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El 20 de noviembre de 1891 vino al mundo, en el seno de una humilde familia de Valverde del Majano, Agapito Marazuela Albornos. Ayer se cumplían, pues,125 años de su nacimiento, y con motivo de la efeméride se han multiplicado, durante 2016, los actos en recuerdo del maestro del folclore castellano.

Como colofón a este ‘año Agapito Marazuela’, la asociación cultural Ronda Segoviana organizó el ya tradicional homenaje en la Plaza del Socorro ante el monumento a este insigne segoviano.

En representación de Ronda Segoviana, su presidente, Carmelo Gozalo, realizó una ofrenda floral al folklorista. Y, a renglón seguido, tres danzantes de ‘La Esteva’ bailaron ‘La Entradilla’, en agasajo a Marazuela.

La presidenta de la Sociedad Filarmónica, María del Carmen Gruber, fue la encargada este año del panegírico de Marazuela. Y comenzó hablando de su infancia, de aquella meningitis que le dejó “casi ciego” y de la clarividencia de su padre que, viendo las cualidades del pequeño, decidió enfocarle hacia el mundo de la música. Descolló pronto Marazuela, que se sabía de carrerilla todas las canciones populares de su pueblo. En las tabernas le gritaban “¡Qué cante el niño!”, y él lo hacía, de buena gana, recibiendo a cambio unos bollos. A los 13 años aprendió a tocar la dulzaina, siendo su maestro Ángel Velasco, de Valladolid.

Gruber resaltó ayer que, hasta que aprendió a plasmar en un pentagrama una canción, “su archivo fue su memoria”. De hecho, él mismo consideraba como su mayor mérito el haber tenido esa privilegiada memoria.

Marazuela, como es sabido, recogió canciones por toda Castilla. Él solía decir que los castellanos eran modestos en exceso, lamentado que no dieran la importancia debida a su acervo. En esa labor de recopilador del folclore, Gruber subrayó ayer la “rigurosidad” con la que trabajaba Marazuela, que con el paso de los años ha acabado alcanzando nombradía por esa labor, si bien él se consideraba a sí mismo, principalmente, guitarrista. En su discurso, Gruber defendió que Marazuela “ejerció de notario de una herencia que, sin él, se hubiera perdido”, añadiendo que los presentes “somos herederos de ese bien”.

La presidenta de la Sociedad Filarmónica le calificó como un hombre “generoso” y, al tiempo, “agradecido”. Con respecto a esa última cualidad, resaltó que, a pesar de que “siempre fue un hombre de izquierdas y se mantuvo leal a sus ideas”, no se le cayeron anillos al reconocer la labor de quienes le apoyaron a publicar el ‘Cancionero Segoviano’.

Antes de acabar su intervención, Gruber quiso dejar una propuesta en el aire, la de que, al igual que se ha declarado Patrimonio de la Humanidad el flamenco, el fado o el tango, “también debería declararse así al ‘Cancionero de Segovia’, cuyo título más exacto tendría que ser Cancionero de Castilla”. Curiosamente, tal iniciativa coincide con la realizada, en el mismo escenario por Jesús Fuentetaja, en una pasada edición del panegírico de Marazuela”.

En representación del Ayuntamiento de Segovia pronunció unas palabras, a continuación, la concejala de Patrimonio Histórico y Turismo, Claudia de Santos, que consideró un privilegio participar en el homenaje de Segovia “a uno de sus grandes”. Haciendo suya una frase del filósofo Emilio Lledó (“somos lo que fuimos”), De Santos defendió que los segovianos “seríamos menos sin Agapito”, del que alabó su humildad y la lealtad a sus orígenes, cualidades que, a su juicio, le permitieron recopilar un sinfín de canciones, ya que, según sus propias palabras, “me enseñaban canciones porque veían que yo era uno de ellos, no un señorito”. “La vida de Agapito no fue en vano, nos mejoró a todos”, sentenció De Santos.

La actuación de diversas escuelas de dulzaina cerró el homenaje anual a Marazuela. Pero había más, mucho más…

otras iniciativas Todo el mundo parecía querer colaborar, de una y otra manera, en el 125 aniversario del nacimiento de Agapito Marazuela. El polifacético César Gutiérrez repartía, en la Plaza del Socorro, un facsímil del anuncio de la presentación en el teatro Juan Bravo, el 19 de junio de 1964, del ‘Cancionero Segoviano’. Otro de los presentes, Domingo Herrero Casado, regalaba a quien lo quisiera una poesía suya dedicada al maestro del folklore, “Cuarto de siglo sin él”.

Por si era poco, el Ayuntamiento de Segovia, a través de sus ‘Domingos de Patrimonio’, organizó una actividad sobre Marazuela, dirigida por Pablo Zamarrón, quien habló sobre su vida y su trayectoria musical.

Y, ya en la tarde de ayer, ‘La Esteva’ celebró, en la iglesia de San Nicolás, la primera edición de la ‘Muestra de Dulzaina Ciudad de Segovia’, una iniciativa con la que se persigue mostrar al público la evolución seguida por instrumento, entendiendo que “tradición y modernidad pueden darse la mano”. Intervino Rodrigo Peñas, en representación de los dulzaineros más puristas, y los grupos ‘Filigranas’ y ‘Hexacorde’, ejemplos de los nuevos tiempos que corren para la dulzaina.