«Afortunadamente nunca me he sentido sola, tener apoyo es importante»

Ana Sanz Gómez, enferma de cáncer, ha ofrecido su testimonio en la reunión anual de la AECC de Segovia con delegadas y voluntarios

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A Ana Sanz Gómez le diagnosticaron cáncer hace dos años. Ayer dio una lección de fortaleza, de cómo afrontar la enfermedad y todo lo que conlleva, contando su experiencia, su testimonio, en la reunión anual de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) en Segovia.

Después contaba a El Adelantado que es importante abrirse a los demás y no encerrarse en sí mismo. Es partidaria de hablar del cáncer con naturalidad, “como una enfermedad más porque es verdad que hace unos años el cáncer era muerte pero ahora mismo no, es tan mala como puedan serlo por ejemplo las enfermedades raras que no tienen curación. Algunas tenemos tratamientos de por vida y duraremos lo que duremos”.

Reconoce que no es un camino fácil, que es muy duro y la enfermedad te cambia la vida. “Las cosas nunca vienen solas, como suele decirse”, comenta, y en su caso el diagnóstico —primero de cáncer de mama y al poco tiempo también de huesos— llegó cuando las circunstancias familiares tampoco eran precisamente las mejores. “Me volvía loca porque es mucha información en muy poco tiempo… primero me hablaron de un tratamiento para el cáncer de mama y luego me dicen que estaba extendido a los huesos y no se puede hacer otra cosa que un tratamiento de hormonas para que no avance pero no tienes una esperanza de curación”, explica.

“En ese momento preguntaba ¿pero me estáis diciendo que me voy a morir? pero lo que me preocupaba mucho era mi familia, tengo marido y dos hijos, y pensaba ¿qué va a ser de ellos? —lo están pasando muy mal, apostilla— porque por un lado tienes un sentimiento de culpabilidad. La que he liado, pensaba, y estaba todo el día diciendo ‘perdonad’ ‘perdonad’ cuando en realidad no soy culpable de nada. Esa es la primera reacción, luego lo vas asimilando”, continúa.

Indica que siempre había seguido las indicaciones médicas y se había sometido a las pruebas diagnósticas prescritas porque pertenece a un grupo de riesgo. Los recortes hicieron que esas pruebas en lugar de anuales se hicieran bianuales y hace dos años el diagnóstico fue el que es, malo y, aunque dice que prefiere no darle muchas vueltas a ese tema, le gustaría que los responsables políticos tomen nota de las consecuencias de este tipo de decisiones.

Asegura Ana que su forma de ser le ayuda a hacer frente a la enfermedad, a no encamarse, aunque reconoce que muchos días estaría del sofá a la cama y de la cama al sofá. “Cuando tengo que hacer algo fuera de casa me tengo que echar un par de horas antes para asistir y, por ejemplo, me gusta mucho viajar pero lo que cualquiera puede hacer en dos días para mí ya son cinco. Te tienes que dosificar pero he intentado normalizar mi vida, con mis limitaciones que no son pocas, y voy a yoga —a uno de los talleres de la AECC en Segovia— y aunque hay días que me levanto casi a rastras, me tomo mi medicación y voy a yoga y lo noto en agilidad; es una forma de salir de casa y andar y viene bien física y mentalmente”.

Valora sobre todo el apoyo de su entorno, aunque también dice que “necesitas mucho espacio para ti: “afortunadamente nunca me he sentido sola y es verdad que tengo grupos de amigas, compañeras de trabajo, la familia, que siempre ha estado ahí. Tengo una hermana que me acompaña a todo constantemente. Ese apoyo es muy importante”.