Carlos González, TRANBECA SL, transporte por carretera; Asfaltos Vicálvaro, construcción carreteras y calles.
Carlos González, TRANBECA SL, transporte por carretera; Asfaltos Vicálvaro, construcción carreteras y calles.
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Hoy llega a nuestras páginas Carlos González, fundador de la empresa TRANBECA S.L. pero, también de Asfaltos Vicálvaro. Sus empresas realizan el mantenimiento de todos los cementerios de Madrid, asfaltan carreteras…, tiene también un cortijo en Daimiel y, por si fuera poco, en su tierra natal, Boceguillas, tiene un rebaño de 700 ovejas…Solo con hacer el relato, uno se fatiga pero él tiene vitalidad de sobra.

Recuerda que los inicios fueron duros. Comenzó conduciendo camiones tras terminar “la mili” pero hoy se coge “días moscosos” para disfrutar de su pueblo y de sus amigos porque “mis hijos son los que están al pie del cañón” y, reconoce que poder estar en el pueblo, con su mujer, en la misa y en la procesión, el día de San Antonio, “no lo perdono”. Eso es lo bueno de estar medio retirado, lo malo es que cuando se le ocurre algún nuevo proyecto, en casa me han dicho ¡pero qué necesidad tienes!. Y ya…

“Sí es cierto, y así lo creo, que somos jóvenes mientras tenemos ilusiones”. Esto es lo que nos ha contado este joven de 74 primaveras.

— ¿Cómo fueron los inicios dentro del mundo de la empresa?
— Nada más terminar la “mili” comencé a trabajar en la carretera, conduciendo camiones para una empresa y, desde allí, me marché a Madrid con ellos. En esa empresa estuve 27 años trabajando. Luego, ya empecé a ver el futuro diferente y comencé a instalarme por mi cuenta.

— Entonces, eras conductor de camiones…
— Conductor, encargado… llegué a todo lo que por mis estudios podía llegar. A partir de ahí empezamos a montar la empresa y hoy tenemos doscientos y pico empleados… Trabajamos bien, muy bien… Para Segovia también trabajamos, no mucho… Ahora he visto que han salido en San Cristóbal y Ríofrio, dos carreteritas… Intentaremos… Hice la de Barbolla el año pasado porque, con la empresa Asfaltos Vicálvaro, me dedico a la construcción de carreteras, de calles, urbanizaciones… Es lo que más hacemos. Tengo 30 camiones… pero trabajo para mí solo, para nosotros…Ahora en Madrid tenemos muchísimas obras, no sé cuantas pero muchas… Estamos en la M-30, en la carretera 401 durante la noche… trabajando bien. Pero, en Boceguillas, tengo mis “ovejitas”, un rebaño con 700 ovejas, con toda la instalación automática y, cuando el otro día ha sido San Antonio, eso no lo perdono…

— Boceguillas es su rinconcito en el mundo…
— Sí, mi casa, soy de allí y estoy feliz. Tengo a mis amigos, igual que Fernando Tomé (Grupo Tomé) en Bercimuel, somos amigos… Y, allí estamos.
Los fines de semana y, entre semana, también voy a un hotel rural que tengo en Ciudad Real, “El Cortijo de Daimiel” (www.elcortijodedaimiel.com), a 7 km del Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, con 20 habitaciones, pistas de tenis, pádel, piscina, campo de tiro… Y aquello está llenito hasta la bandera… en un entorno increíble. Es un hotel rural, un complejo con un salón de bodas impresionante. En este momento tenemos unas 13 o 14 bodas ya contratadas y lo terminé en noviembre.

— ¿Cómo dio el salto desde la construcción y el transporte de mercancías a la hostelería, a las bodas…?
— Eso fue por una subasta del Grupo ICO, del Estado, uno de nuestros ingenieros, que conocía este lugar, me dijo que aquello estaba muy bonito y me informó de que esa finca salía a subasta. Lo fuimos a ver y, nos quedamos con ello aunque luego lo hemos remodelado. En la obra hemos ampliado lo que era el cortijo, hemos subido una planta y hemos hecho 20 habitaciones, de primera categoría. Aquello está funcionando que es una gozada, hasta noviembre está lleno salvo entre semana, que hay algún hueco pero, los fines de semana, no se cabe.

— Hablemos de los inicios en este mundo ¿Es difícil abrirse camino en la empresa?, como tiene tanta experiencia…
— Yo, como al principio estaba de encargado, vi el futuro pero, es difícil, porque hay que ser muy constante porque si no…. Fíjate la edad que tengo y, todavía estoy, no trabajando, porque lo hacen mis hijos pero, voy para allá, para acá… a todos los sitios.

— Teniendo en cuenta su actual situación, en este momento está de observador en la empresa porque la carga la llevan sus hijos, ¿Es más difícil su situación de ahora o la de los comienzos?
— Es más difícil ahora, en estos tiempos hay que ser verdaderos especialistas … Yo tengo a mis hijos que están trabajando en la empresa. Yo voy donde me parece bien, a la hora que quiero, cuando quiero… Ayer, sin ir más lejos, tuve el día “moscoso”. Son ellos quienes llevan la empresa y la mucha gente que tenemos porque…también somos los que llevamos la conservación de todos los cementerios de Madrid.

— ¿También?
— Si, y son 14, como el de Majadahonda, Caravanchel… todos, grandes y pequeños.

— El mantenimiento o, lo que es lo mismo los caminos, la limpieza…
— Son 46 personas trabajando en esto. Pero las obras van aparte, porque estamos haciendo 300 nichos pero, si en un momento determinado hay que hacer una pared de nichos, eso sale a subasta.
También tenemos una planta asfáltica (fábrica de hacer el asfalto), en Guadalajara, otra en Ciudad Real, otra en Molina de Aragón… y, la central, está en Seseña, allí tenemos la planta y los talleres. Pegando a la A-4, donde estamos toda la noche, de Pinto hacia Madrid… estamos desde las 11:00 de la noche, hasta las 6:00 de la mañana. Bueno, para ser exactos, ¡están! (risas).

— Con todo este grupo de empresas que mueve a diario, ¿Cómo ve a Segovia desde allí?
— En cuestión de turismo se ve muy bien pero, en obras, faltan… Ahora sacan la de Ayllón hacia Guadalajara y, esta mañana he visto que han sacado la de San Cristóbal y Trescasas pero, en cuestión de carreteras…Falta mucho.

— ¿Cómo cree que se podría remediar este problema? ¿Qué le falta a Segovia?
— Empresas, más empresas, para que haya más gente, para coger gente… Eso es lo que está faltando a todos los pueblos de la zona.
Aranda de Duero, fíjate. En Aranda trabajamos también, hay un ambiente de puestos de trabajo, impresionante. Ese ambiente le falta a todos los pueblos de Segovia porque Boceguillas tiene los talleres, restaurantes pero, en agricultura hay tres cuando antes éramos más de cuarenta. La agricultura está atravesando una mala época porque unos pocos lo hacen todo y, ¿la gente qué hace?, algunos se van a Aranda a trabajar, de esos hay varios en Boceguillas y, mientras tanto, Madrid atascado por todos los sitios.

— ¿Y la gente joven? En Segovia, la gente joven se va, ¿No?
— ¡Claro!, ¿Qué hacen en el pueblo? Si yo tuviera los hijos en el pueblo tendrían que marcharse para buscar trabajo donde lo pueda haber. ¿Qué hacen esos chicos en el pueblo? Nada.

— Para llegar al lugar que hoy ocupa su empresa ¿Habrá tenido que contar mucho con la familia?
— Todo, todo. Mis hijos ahora están al pie del cañón, trabajando mucho y son los que manejan todo. Yo les oriento pero, lo manejan ellos junto a siete u ocho ingenieros. De vez en cuando me preguntan a mí pero, ya tiran ellos bien. Lo único que hace falta es salud y, a trabajar. Yo he estado invirtiendo siempre, haciendo cosas. En Boceguillas he comprado muchas parcelas pero yo ya me encuentro un poquitín… son 74 años. Necesito otro ritmo. Yo ahora, hay días que me voy a comer a Boceguillas y luego, con los amigos, echamos la partida y… por la mañana me levanto y digo: “Hoy me voy para allá, hoy al otro sitio”. El día que quiero voy a comer a casa y el que no… como con los amigos y cuando me quiero dar cuenta, entre semana, me voy al pueblo y llego a casa a las diez de la noche… Hemos trabajado mucho pero ahora… Además, también estoy manteniendo todo lo de mi padre, en el pueblo.

— Cuando se puso en marcha la empresa, ¿su mujer también participó en ello?

— Nosotros tuvimos un supermercado y, yo compraba a las 4 de la mañana en Merca Madrid y luego me iba a trabajar y, mi mujer se quedaba en la tienda. Sí, ella ha sido partícipe principal también, porque hemos ido poco a poco.

— ¿Siempre en Madrid?
— Si, siempre. Hemos llegado a tener tres fruterías y un supermercado.

— Pero… ha sido un multi-empresario…
— Yo me he llegado a quedar dormido en el coche porque me levantaba a las 4 de la mañana todos los días … y las fruterías y el supermercado lo dejamos. Es donde está la oficina ahora, en Madrid… Llegó un momento que hubo que empezar a seleccionar. Yo ya no podía, estaba cansado, muy cansado… y, me dijo el médico, que o una cosa o la otra… Hemos llegado a tener más de 200 personas trabajando con nosotros…

— En los diferentes puestos de las diferentes empresas…
— Claro, unos con los camiones, otros en las plantas, otros en Boceguillas, en Ciudad Real hay otros cuatro…

— ¡Menudo lío!
— No, yo lo llevo bien, tenemos buena gente. Algunos llevan con nosotros muchos años. Dentro de unos días se jubila uno de ellos y le vamos a dar una cena y un viaje por su trabajo de estos años. La gente que viene detrás, lo ve.

— ¿Crees que hoy existe el mismo nivel de sacrificio a la hora de trabajar que cuando comenzó su generación?

— Yo creo que no pero, la gente que trabaja para nosotros, cuando pedimos un esfuerzo, responden. Ahora mismo, para realizar la M-30 o cualquier otra carretera, se necesita esfuerzo y trabajo rápido porque se empieza a las 11 de la noche y a las 6 de la mañana hay que estar fuera. Se necesita hacer un gran esfuerzo para rendir lo necesario.

— ¿A tus hijos, qué les aconsejas?
— Que trabajen. Me han visto a mí y mi hija está normalmente en la oficina y mi hijo en la planta. Ellos trabajan mucho pero ya de distinta manera a como lo hacíamos antes. Por ponerte un ejemplo, mi hija se va el fin de semana con un grupo de amigos al cortijo (lo tienen reservado) y, preparan su fiesta pero, cuando toca trabajar ¡toca trabajar!

— Antes era comenzar desde abajo y, en cambio ellos, se lo han encontrado montado…

— -¡Todo! Todo y bien, nosotros en Madrid somos una empresa ya consolidada, con máquinas buenas, no ampliamos más pero vamos sustituyendo las que tenemos. Quitamos dos camiones, compramos dos nuevos… Las máquinas que tenemos para las carreteras son las más actuales con lo que los rendimientos son buenos y hay menos costes de talleres e incluso de personal.

Como han podido observar, Carlos González, natural de Boceguillas es, básicamente optimista. Escucharle, como dicen los andaluces, “da fatiguita” y seguro que si nace unos años después, hubiera probado con lo de ser astronauta, es de lo poco que le ha faltado.