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El subalterno segoviano sufrió una gran cogida en la plaza de San Martín de Crau. /FOTO CEDIDA POR VICTOR PEREZ
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Víctor Pérez es uno de los muchos ‘jornaleros de la gloria’ que conforman la cuadrilla de los toreros que cada tarde ponen en jaque su existencia frente al toro. Como banderillero, su único premio es poder compartir el éxito de su torero o desmonterarse a petición del público si cuaja un buen par de banderillas; pero comparte con el ‘maestro’ el riesgo de poder perder la vida en la plaza por la cruel embestida de su antagonista.

El pasado fin de semana, el banderillero segoviano vivió en primera persona el trago amargo de una cogida en la plaza francesa de San Martín de Crau, donde participó formando parte de la cuadrilla del diestro francés Marc Serrano. Diez minutos antes de las cinco de la tarde, el primer toro de la tarde embiste y cornea al subalterno segoviano que comienza de esta manera un periplo de 26 horas desesperadas en las que estuvo a punto de perder la vida.

Pérez explica que tras recibir la cornada “soy consciente de que el pitón ha entrado profundamente, y el mozo de espadas lo comprueba en el callejón antes de entrar en la enfermería”. Una vez en la sala médica, el cirujano francés de la plaza le examina y le explica a través del traductor le asegura que tiene “un puntazo limpio” de ocho o diez centímetros de profundidad y que no es necesario mandarle al hospital.

“Cuando le insisto en que me duele la cadera y le digo que el pitón puede haber llegado al hueso, el cirujano me dice que me suba la taleguilla y vuelva al callejón, y me da una receta para comprar un antibiótico”, explica.

El diagnóstico no es satisfactorio ni para él ni para sus compañeros, que indignados por la situación hacen constar su protesta ante la empresa, lo que le vale una bronca de parte del cirujano, que insiste ante Pérez que la herida no es de gravedad. Al terminar el festejo y ya en el hotel, el banderillero constata que la herida sigue manando sangre, y decide ir al hospital de Nimes, donde tras tres horas de espera, tampoco recibe la atención pertinente y del  que sale “con un antibiótico”.

El banderillero decide ponerse en contacto con el doctor Enrique Crespo, cirujano experto en este tipo de cornadas y le pide que “salgamos zumbando para Madrid” para ver la herida. Ocho horas después, Pérez llega a la clínica del doctor, que tras un primer examen asegura que la herida “tiene al menos dos trayectorias muy grandes”, y le pide que vaya por la tarde a la localidad madrileña de Valdaracete para operarle en el quirófano móvil allí dispuesto para un festejo taurino.

A las 19,30 horas, Perez llega a la plaza y es intervenido por el doctor, que encuentra en la herida restos del vestido de torear que no fueron retirados por el cirujano francés, así como mucho tejido necrosado en riesgo de infección. El doctor Crespo descubre que la cornada tiene dos trayectorias, una ascendente de 25 centímetros que llega a la cadera y otra descendente de 15 centímetros próxima a la rodilla, con bastante afección vascular y muscular, que tras hora y media de cirugía consigue recomponer.

La intervención consigue no sólo salvar la pierna del banderillero, sino también su vida, ya que la atención recibida en Francia puso en serio riesgo la integridad de Pérez. Ahora, espera en su domicilio recuperarse de las heridas para volver a los ruedos “en diez o quince días”, según explicó, tiempo que aprovechará para poner en manos de los abogados de la Unión de Picadores y Banderilleros el caso para deslindar las responsabilidades penales o civiles que se deriven de esta falta de atención médica.

“Sólo quiero que nadie pueda pasar lo que he pasado yo –explicó Pérez- porque sabemos que en nuestro oficio pueden pasar estas cosas, pero es triste que alguien pueda morir en una plaza por falta de atención”.