Ya calientan las chapas

La Junta ha concedido autorizaciones a ocho establecimientos —de Cuéllar, Riaza, Sacramenia y Navalmanzano— para organizar este tradicional juego de Semana Santa

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“Tenemos el dinero ya preparado”, bromeaba ayer el alcalde de Navalmanzano, Miguel Ángel Olmos (PP), al ser preguntado por “las chapas”, un juego capaz de atraer “a muchísima gente de los pueblos de alrededor” los días de Jueves, Viernes y Sábado Santo. En Navalmanzano, el único corro autorizado por la Junta es el del disco pub “De la Fuente”, establecimiento al que previsiblemente acudirán, con un grueso fajo de billetes, los jugadores más recalcitrantes de la comarca. “Indudablemente, es un reclamo para nuestro pueblo”, reconoce su regidor, insistiendo en que las dos noches que se celebra (la del Jueves al Viernes Santo y la del Viernes al Sábado Santo) “resultan animadísimas” en Navalmanzano. No es algo nuevo. “Aquí siempre ha habido afición a las chapas, de toda la vida”, recalca Olmos, evocando los tiempos en los que cada taberna tenía su propio corro. Ahora, aunque el juego se desarrolla únicamente en un local, conserva su popularidad entre el vecindario, y no resulta extraño toparse con personas que ahorran durante todo el año para apostar ese dinero en los días centrales de la Semana Santa.

El disco pub “De la Fuente” no es un caso único en la provincia. Este año, la Junta ha autorizado ocho corros de apuestas (tres en Cuéllar —Casino, Fonsi y Cúpula de San Pedro—, tres en Riaza —Coccix, Los Espejos y Cuchareta—, uno en Sacramenia —bar Calzada— y uno en Navalmanzano).

¿Cómo se juega a las chapas?. Los jugadores forman un círculo, dejando en el centro un espacio para tirar al aire dos monedas de cobre. A continuación, un jugador hace una apuesta, que tiene que ser cubierta por el resto de los participantes, empezando por el que tiene a su derecha. Si el primero no cubre en su totalidad el envite, pasa el turno al situado a su diestra, hasta que casa la cantidad inicial. Una vez igualada, el apostante lanza las dos monedas —habitualmente, de Alfonso XII—. Si las dos salen de cara, gana todos los cuartos en juego; si sale una cara y una cruz, se repite el lanzamiento; y si salen las dos cruces, pierde el tirador, repartiéndose entre el resto el dinero que apostó.

Para el Casino de Cuéllar, los días de Semana Santa son especiales. “Es la única época del año en que las instalaciones están abiertas a todo el mundo; se puede entrar sin necesidad de ser socio”, explica Alfonso Orrio, un cuellarano con raíces navarras que explota el bar del Casino.

“Desde que tengo uso de razón he visto jugar a las chapas en Cuéllar”, afirma este hostelero de 59 años, cuya memoria le permite recordar los tiempos en los que únicamente se paraba de apostar —durante los días de Jueves y Viernes Santo— “cuando pasaba la procesión”. Aunque el juego se mantiene prácticamente inalterado, Orrio reconoce que ahora solo se apuesta por la noche: la madrugada del Jueves al Viernes Santo y la del Viernes al Sábado Santo, “hasta las 10 ó las 11 de la mañana”.

En el Casino se selecciona al baratero que ha de dirigir el juego. “Ellos se ofrecen y nosotros elegimos al que consideramos más idóneo”, dice Orrio. La cualidad más valorada es “la seriedad”. “Lo que no queremos es que haya problemas”, apostilla este hostelero, que deja entrever que los barateros dan una comisión al establecimiento, aunque elude hablar de ese tema.

Después de llevar décadas viendo jugar a las chapas, es capaz de comentar curiosas anécdotas, como la de aquel que al amanecer iba ganando cerca de 20.000 euros “y un par de horas después se había quedado sin un duro”. Por la propia dinámica del juego, Orrio asegura desconocer la cantidad económica que se mueve, aunque sabe que “es mucho”. “El que tiene la suerte de cara se puede llevar en tres días un millón de pesetas”, calcula.

Él juega (“me encanta —dice—; no se puede ser zapatero y no llevar zapatos”). Estos días compartirá corro con conocidos y amigos, de todas las edades. “A pesar de lo que se diga, el juego de las chapas no es cosa de mayores, los jóvenes están entrando, y con muchísima fuerza”, afirma, con total seguridad.

Estos días, gracias a dos viejas monedas, Dios repartirá suerte.