Vigía contra los venenos

Liberan un alimoche en el Refugio de Rapaces que será el centinela contra el uso de productos letales en la zona

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Un alimoche macho en edad adulta ha sido marcado y liberado en el Refugio de Rapaces de Montejo de la Vega, en el Nordeste de Segovia, esta semana, donde se sumará al equipo de “centinelas” contra el uso del veneno en la zona, según ha informado WWF/Adena.

Este verano se marcaron y liberaron dos hembras, y ahora un macho se suma al equipo que permitirá ampliar la información sobre el uso del veneno en España y en concreto en la zona. En el proyecto de radiomarcajje han participado además de WWF, Grefa, el Ministerio para la Transición Ecológica y la Junta de Castilla y León.

El biólogo de WWF en el refugio de Rapaces de Montejo de la Vega, Jesús Cobo, ha explicado a Europa Press que estas aves conocidas como “los centinelas” contribuyen a conocer el problema del veneno en España.

Por ejemplo, ha indicado que ‘Atlas’ fue un alimoche macho de dos kilos de peso —ya que el alimoche es buitre más pequeño en España— liberado en las Hoces de Riaza hace años para hacer su seguimiento, pero al poco tiempo cayó víctima de un cebo envenenado en Extremadura.

A pesar de la pérdida de este mártir de la conservación, su muerte permitió a los biólogos destapar un caso de envenenamiento continuo y reiterado de aves amenazadas, y el responsable fue llevado a juicio y condenado por ello.

Si bien, Cobo ha asegurado que el marcaje a estas aves a las que se les coloca un radiotransmisor se realiza “con todas las garantías” y sin sufrimiento para el animal, y su marcaje lo realiza un técnico del Ministerio para la Transición Ecológica, Víctor García Matarranz, quien diseñó las propias trampas para capturar a los ejemplares.

Este marcaje emite una señal que informa de su ubicación y desplazamientos, de modo que si el ave no se mueve durante un tiempo o la señal es fija en el tiempo, todo apunta a que podría estar muerto y una de las posibles causas es, precisamente el veneno. De hecho, Riaza no es el único lugar con ejemplares marcados. El biólogo expone que si es un lugar de riesgo o anómalo, se desplazan al lugar indicado en 24 horas, pero si la señal llega desde un lugar habitual, como un nido, los técnicos esperan tres o cuatro días para ir a averiguar lo sucedido.

Cobo ha apuntado que el último censo de alimoches que se realizó en 2008 señalaba que había unas 1.500 parejas en España, un dato que podría variar puesto que en la actualidad, diez años después se está realizando un nuevo censo de rapaces, en el que participan también otras ONG. “A ver qué variaciones observamos, pero la impresión de quienes hacemos un seguimiento habitual es que la población está disminuyendo en términos generales”, ha advertido. En concreto, ha dicho que en el entorno de las Hoces llegaron a contabilizarse quince parejas, mientras en 2008 el censo bajó a 6 parejas y en 2016, la cifra se había recuperado ligeramente hasta las 11 parejas de alimoche.

Otra de las modificaciones de los conservacionistas en los últimos años ha sido cambiar el tipo de alimento que facilitan a estas rapaces, para que no proceda tanto de granjas intensivas de vacuno o porcino sino que en la actualidad ese alimento procede de restos de ovino.

“Estamos cortando el aporte desde naves intensivas y queremos que se favorezca la ganadería extensiva en España que además de ser vital para las comunidades rurales lo es también para las aves como los buitres, pero también para las personas”, ha comentado Cobo que admite, no obstante, las dificultades del mundo rural y de las explotaciones extensivas en prados, pastizales, sabinares o dehesas.

Por otro lado, advierte de que además de las muertes por envenenamiento, estas aves rapaces como el alimoche, el milano o los buitres podrían estar sufriendo también a consecuencia de la intensificación de la agricultura y de la ganadería que podría estar provocando un impacto “tan importante o más” como el veneno, aunque de momento, admite que no existen datos concluyentes.

Respecto al uso veneno, ha recordado que es una práctica ilegal desde hace décadas porque además de daños en la naturaleza puede suponer también un problema de salud pública. Entre sus causas está su uso por parte de ganaderos, para acabar con el lobo o de cazadores para terminar con el zorro, pero el veneno impacta de forma “mínima” en las poblaciones que son su objetivo y letal para quienes lo encuentran antes, que suelen ser las aves.

Por eso la iniciativa busca detectar estos focos de veneno para esclarecer las responsabilidades, aunque el biólogo de WWF exculpa a los ganaderos y cazadores “buenos” que saben que no está permitido y los daños que puede producir.
En este contexto, ha destacado la colaboración en este proyecto de la Junta de Castilla y León, del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil, de GREFA y del Ministerio para la Transición Ecológica.

Sin embargo, lamenta la dificultad de “dar con los autores” y, de hecho, no recuerda si en el entorno de Riaza se ha llegado a tener algún caso que haya permitido alguna detención por no identificarse “fehacientemente” a su autor. En total, además del alimoche marcado y liberado este mes de agosto en Riaza, ha indicado que en los últimos años se ha marcado a más de una decena de ejemplares en la zona y que de forma inminente se marcará también un nuevo centinela, un buitre negro en Ávila.

En el conjunto de España, los dos primeros “centinelas” liberados en 2018 en Toledo fueron ‘Canela’, una hembra de milano real adulto, e ‘Iris’, un águila imperial ibérica juvenil. Toledo es, precisamente, una de las seis provincias junto con Ciudad Real, Segovia, Cáceres, Zaragoza y Valladolid, que WWF identifica como áreas principales de intervención en la lucha contra el veneno de rapaces, por ser donde más número de casos se registran.

España goza de las mayores poblaciones de rapaces de Europa, según WWF, que denuncia que a pesar del privilegio, las muertes por envenenamiento de estas aves siguen sin detenerse.

En el caso del alimoche, su principal amenaza es el veneno en cotos de caza menor, donde se aplica ilegalmente para eliminar zorros y cuervos. Se trata del buitre ibérico más pequeño y España acoge el 80 por ciento de la población de Europa. En Castilla y León, con casi 400 parejas habita el 30 por ciento del total nacional, pero en los últimos quince años se ha observado un fuerte descenso del 25 por ciento entre 1988 y 2002, según el último censo nacional.

La especie cría en cantiles y roquedos, próximos a extensas áreas abiertas, donde busca su alimento, restos de carroñas de ganado y cadáveres de conejo y reptiles, lo que le confiere un papel fundamental en la naturaleza como sanitario del campo. Es una especie migradora, pasa el invierno en África. Los primeros individuos aparecen en la Península en marzo y regresan a sus cuarteles de invierno en septiembre, tras haber criado a uno o dos pollos.