Vaquilla embiste a tripudo. / Guillermo Herrero
Vaquilla embiste a tripudo. / Guillermo Herrero
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En Segovia, el espíritu original del Carnaval vive en Arcones. Seguro que así lo pensaría Julio Caro Baroja, el recordado maestro de los etnógrafos españoles, si ayer hubiera caído por estos lares. Con la puntualidad acostumbrada, a las cinco de la tarde aparecieron en la plaza las vaquillas y los tripudos para iniciar un rito antaño muy común en el centro de España pero hoy desvirtuado en la mayoría de los pueblos, salvo honrosas excepciones como ésta de Arcones.

En rigor, la ‘vaquilla de Carnaval’ no es un festejo taurino real, como los de las funciones patronales del estío, sino una pantomima —posiblemente de origen medieval—, consistente en el sacrificio simbólico de una vaquilla, construida con un armazón de madera que da cobijo a un joven, y en cuyo extremo delantero se ponen los cuernos de un toro.

Las vaquillas, decoradas con sábanas, mantones de Manila y flores de papel, eran antiguamente portadas por los quintos, pero su ausencia o escasez —en Arcones este año solo hay uno, David Pascual— ha abierto ese papel a las quintas y a otros voluntarios.

Pues bien, las vaquillas embisten a los tripudos, que caen pesadamente al suelo y necesitan la ayuda del público para levantarse.

Hasta no hace muchos años, mientras esta escena se producía un carro tirado por un burro daba vueltas a la plaza, y sus ocupantes, semiocultos, arrojaban caramelos, aunque también aprovechaban la ocasión para lanzar huevos o harina. Ayer, tal función fue ocupada por dos grupos de niños, montados en sendos artilugios móviles. ¡Y no podían faltar un grupo de mujeres, cantando coplas alusivas al Carnaval!.

En cumplimiento del rito heredado, un hombre disparó su escopeta, simbolizando la muerte de las vaquillas. Es entonces cuando el pueblo se reúne en el Ayuntamiento, a probar “la sangre de la vaquilla”, que ahora es limonada o un chocolate caliente.

Decía Caro Baroja que este rito —o muy parecido— fue llevado por los colonizadores españoles a América, donde todavía se puede rastrear…

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