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Aunque residente en Segovia, Rodrigo Maroto no tiene pudor en afirmar que siente a Coca como su primera casa. Así que no resulta extraño que este ingeniero forestal, por cariño a la cuna de Teodosio, realizara su trabajo de fin de grado sobre el talud donde se asienta la torre de San Nicolás, donde se registran frecuentes derrumbamientos. “Se necesita dar una solución, venga de donde venga”, reclama, agregando a continuación que el problema “no tiene una solución única”, si bien él se atreve a presentar una.

Su proyecto pretende, ante todo, garantizar la estabilidad del talud y la seguridad de la zona. Y, para ello, ha efectuado tres estudios previos: geológico, climático y hidráulico-hidrológico. A raíz de los resultados obtenidos, Maroto, que ahora está cursando un máster en ingeniería de montes, decidió actuar sobre la base del talud, el punto más débil del mismo.

Los estudios previos le permitieron conocer cómo influyen las características de la zona. “El estudio geológico me reveló —señala— algo que ya intuía: la cohesión de las partículas del suelo, así como el grado de desarrollo del mismo, era muy bajo o casi nulo”. Además de este factor nada favorable a la estabilidad del talud, identificó otro gran problema, “quizás el de mayor relevancia”, las filtraciones de aguas residuales de origen desconocido en el interior de la ladera.

Por otro lado, con el estudio hidráulico-hidrológico — el núcleo central de su proyecto—, buscó crear un modelo informático de simulación de avenidas que permitiese observar el comportamiento del agua en la zona en situaciones hipotéticas. “Quería utilizar una herramienta que me permitiese saber qué altura y velocidades alcanzaría el río Eresma en el tramo del talud en determinadas condiciones”, dice.

Tras crear el modelo necesitaba saber si reflejaba fielmente la realidad. Para ello, comparó los resultados que le daba tras simular una avenida real acontecida este mismo año, con las mediciones y observaciones que tomó en el campo durante ese episodio. Es decir, comparaba las alturas alcanzadas por el agua en la realidad, con las alturas que su modelo calculaba tras efectuar la simulación informática.

“El resultado fue satisfactorio, con un error de en torno al 2 %, permitiéndome de esa forma validar el modelo”.

Así las cosas, Maroto se encontraba ya en la situación de proponer una solución a la problemática. “Mi propuesta —explica— consiste en la construcción de un muro en la base del talud y a cierta distancia, con el fin de crear un talón de apoyo constituido por el muro y el material de relleno, que otorgará la suficiente estabilidad”.

El muro, de considerables dimensiones, debería estar formado por gaviones (estructuras formadas por jaulas metálicas de forma variable y rellenas de piedra). El ingeniero justifica la elección de dicho material recordando su flexibilidad y permeabilidad, factores muy a tener en cuenta, puesto que se está tratando de contener la fuerza de un río que alcanza elevados caudales punta durante las avenidas.

Siendo ésta la actuación principal, Maroto considera necesarias otras complementarias. “En primer lugar —defiende—, la ampliación del cauce, pues como consecuencia de reducir su anchura al construir el muro alejado del talud, se aumentaría el calado de las aguas, suceso que en nada contribuye al objetivo del proyecto”.

En segundo lugar, la colocación de umbrales de fondo formados por gaviones, buscando reducir los desplazamientos del lecho arenoso del río durante las avenidas. Y finalmente, y con el mismo objetivo que la actuación anterior, la distribución de rocas de escollera a lo largo de la superficie del lecho.

“Quiero señalar —continúa diciendo el ingeniero— que esta actuación debe ir supeditada a que se solucione el problema de las filtraciones de aguas residuales, para lo cual es necesario encontrar su origen y reconducirlas hacia las zonas adecuadas”.

Maroto argumenta su apuesta por actuar en la base del talud y no en la ladera, “por la gran dificultad que supondría hacerlo en esta última, dada su elevada pendiente”. Y subraya que “asegurando la base del talud se evitará su descalzamiento y, en un futuro, una vez se reajusten las inestabilidades de la ladera, se podrá actuar sobre la misma con medidas destinadas a protegerla de la erosión, principalmente revegetándola”.

Antes de acabar, Maroto vuelve a decir que “esta problemática no tiene una solución única”. “Yo describo mi propuesta, pero estoy seguro de que con más tiempo de análisis y estudio técnico podría llegarse a diseñar una más completa”, concluye el ingeniero, que quiere remitir una copia de su trabajo de fin de grado al Ayuntamiento, para que se conozca su propuesta.

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