Los actores supieron jugar con el ánimo de los espectadores. / F. J. Sánchez Viraz
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El pasado sábado, 9 de marzo, más de ciento cincuenta personas acudieron de nuevo al Teatro Municipal Canónigos para asistir a la segunda velada de la Muestra de Teatro Aficionado, de manos de la compañía Contraste. En la víspera, ciudadanos de todo el mundo salían a las calles para protestar por la situación de desigualdad de la mujer. Algunos de ellos ocuparon las butacas del recinto, a sabiendas o no de que la obra que iban a presenciar, ‘Una pareja’ de Eduardo Rovner, trataba este tema tan actual, y tan de siempre.

La pareja protagonista, Carlos e Irene, representó situaciones casi de la cotidianidad aunque en ésta dichas coyunturas no son tan evidentes o aparecen de forma velada. La idea en torno a la cual gira el argumento es que el hombre es la fuente económica principal del hogar y la mujer tiene la obligación de satisfacerlo como “pago” por esa deuda. Los actores supieron representar el sentimiento de impotencia a la perfección, despertando, sobre todo él, suspiros de enfado en el patio de butacas. Para compensar la gran tensión de las primeras escenas, aparece otro matrimonio que aporta algo de paz, Víctor y Nora. Los cuatros personajes viajan en el tiempo a los momentos de su enamoramiento, con una puesta en escena muy cuidada, valiéndose de la música y el vestuario como elementos para situar al espectador. El público se relaja hasta que la historia regresa al tiempo presente.