El Ayuntamiento de Riaza quiere dar a conocer su importante historia. / kamarero
El Ayuntamiento de Riaza quiere dar a conocer su importante historia. / kamarero
Publicidad

El inventario del Archivo Municipal desde la Edad Media hasta 1814, es el título del trabajo que se lleva realizando en el Ayuntamiento de Riaza desde 2016. En esas fechas, la corporación local decidió abordar el problema del Archivo Municipal y dotarlo de un instrumento que permita dar a conocer su contenido a los investigadores de la historia de esta zona, a los vecinos de la villa de Riaza y a todo aquel que sienta interés por estos temas.

No es la primera vez que se trataba el tema. Hace casi sesenta años, don Teodoro Gonzalo Vela, alcalde y veterinario de la villa, y don Valentín Gil Pérez, concejal y médico de la localidad, decidieron sacar a la luz este tesoro documental. Para ello contaron con el catedrático de Historia Medieval, Don Antonio Ubieto Arteta, que primero trabajó en la Universidad de Valencia, y, después en la de Zaragoza, para publicar la Colección Diplomática de Riaza. Corría el año 1857. El trabajo de Ubieto no buscaba estudiar el conjunto completo de documentos. Se limitaba a publicar los más destacados desde el punto de vista histórico y se limitaba a la documentación de la Edad Media y las ordenanzas municipales de los siglos XV y XVI. Sin embargo, quedaba por abordar el tema del Archivo en su totalidad dotándolo de un inventario que permitiera conocer el alcance, contenido, volumen, valor histórico, estado de conservación… El estudio global del Archivo permite conocer todas sus vicisitudes de cara a cualquier necesidad que demande la información que contiene.

El problema era que el volumen total del Archivo Municipal de Riaza resultaba demasiado grande. A los documentos riazanos propiamente dichos se han sumado, en los últimos años, los fondos documentales de los pueblos de los alrededores que configuran las pedanías y barrios de la zona. Por tanto, el problema de la identificación del Archivo se había ampliado desde un municipio concreto a toda una comarca entera.

El volumen de los trabajos se ha parcelado, ya que presentaban problemas distintos debidos al tratamiento que ya Ubieto había dado a la documentación. Por esta razón, se abordaron, en una primera fase, los documentos medievales cotejando el trabajo del profesor Ubieto con la realidad a fecha de hoy del estado de los mismos. Se ha ampliado el número de documentos descritos llegando al 100 % del total de toda la documentación conservada entre 1221 y 1514, es decir, desde el reinado de Fernando III, el Santo, hasta el último diploma de Juana I, la Loca, antes del comienzo del correinado con su hijo Carlos I, el Emperador.

Es este un periodo, importantísimo para la historia de Riaza, ya que es el momento en que se separa de Sepúlveda y consigue configurarse como villa independiente a la vez que pasa a ser señorío, tanto del Obispado de Segovia como del Condestable de Castilla, Álvaro de Luna. Es por tanto un periodo enmarcado en ámbitos señoriales que quedan muy bien descritos en los documentos. Por otro lado, es también la época en que Riaza comienza su rivalidad con Sepúlveda de la que se separa para configurar su propia personalidad como villa. La documentación se centra en temas relacionados con la explotación de hierro, la gestión de las ovejas, que a través de las cañadas, cruzan sus términos y configuran el embrión de la industria pañera riazana, la explotación de montes, leñas y dehesas en favor de sus vecinos y, por último, la explotación de las aguas de los ríos ya sea de agua potable como para otros usos.

La defensa de los bienes de sus términos llevan al Concejo riazano de la Edad Media, a abrir multitud de pleitos con los pueblos vecinos para determinar su territorio, los ámbitos de sus explotaciones y los límites de su uso. Estas disputas, mantenidas sobre todo con Sepúlveda, se alargarán durante los siglos siguientes tal como vemos en los documentos de la segunda fase del proyecto de descripción del Archivo.

Una vez terminada la parte medieval, desde el otoño del año pasado se ha trabajado en el fondo de época moderna, es decir desde el principio del reinado de Carlos I hasta el final de la Guerra de la Independencia, en 1814. Durante estos meses hubo que cambiar el ritmo de trabajo por varias razones. En primer lugar, porque ya no se trata de pergaminos sueltos, sino de expedientes que en algunos casos superan las 700 páginas. Por otro lado, el volumen conservado es mucho mayor sobre todo desde mediados del siglo XVII en adelante y, por último, porque es durante este periodo cuando se perfila la Administración Municipal que llega hasta la actualidad y empiezan a proliferar, libros de actas, presupuestos municipales, contrataciones y recaudación de impuestos locales más o menos normalizados y sujetos a procedimientos reglados.

La aparición de los reglamentos de trámite facilita el trabajo del archivero ya que la producción de documentos se normaliza, pero, al facilitar también el trabajo de los oficiales municipales, su volumen asciende paulatinamente con el tiempo. Los técnicos archiveros nos enfrentamos, ya para esta época, a masas de documentos que para un profano resultan ingobernables.

Pese a estos problemas, es en esta documentación donde vemos un municipio perfectamente formado que gestiona para sus vecinos y se preocupa por el pueblo. Riaza durante los siglos XVI, XVII y XVIII toma cuerpo como entidad local y hace frente a los problemas diarios de su época: ascenso imparable de la presión fiscal, cambios en la riqueza que sostenía a la villa que pasa de la explotación ganadera de oveja merina y la transformación de lana en paños, a una agricultura cerealista poco rentable por las condiciones climatológicas y orográficas de su territorio. La documentación muestra la cada vez mayor intromisión real en los asuntos riazanos traducidos en aumento impositivo para sufragar los enormes gastos de la monarquía de los Austrias españoles o para las grandes obras públicas de los ilustrados del siglo XVIII.

Como cabía esperar, una gran cantidad de documentos se dedican a los seculares pleitos son Sepúlveda por los límites de ambos términos municipales o por la explotación de montes, ríos, pastos, dehesas y maderas por las que compiten ambos. Si bien, esta rivalidad entre Riaza y Sepúlveda que seguía en los juzgados en 1920, sirve para conocer la historia de ambos municipios, sus riquezas y los cambios sufridos a lo largo del tiempo. Estas variaciones las puede observar quien se acerque a los documentos ya descritos en Riaza, pero también abre la puerta a conocer los documentos conservados en el Archivo Municipal de Sepúlveda, la otra parte del conflicto, que conserva también uno de los Archivos más interesantes de la provincia. Con ello queremos señalar que el trabajo de los archiveros es una cadena de la que tirando saca a la luz información que, cuando se comienza un trabajo, ni siquiera está patente y permite intuir muchas otras vías de información que, en este caso, afecta a un área muy amplia de la provincia de Segovia.

Los trabajos se presentaron en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Riaza, el sábado 30 de marzo por Gonzalo López – Muñiz, Cecilia Ardana Ruiz y Eva Gómez Sánchez, que son quienes, día a día, han ido elaborando el inventario del Archivo Municipal de Riaza bajo la coordinación del Archivo Histórico Provincial, de la Junta de Castilla y León, que conforma, según la Ley de Archivo y del Patrimonio Documental de Castilla y León, la cabeza del sistema provincial de Archivos.

Por último, aprovechando la presencia de todo el equipo y de los técnicos de la Junta de Castilla y León en Riaza, se enseñarán varios documentos de gran importancia que van desde una ejecutoria bellamente miniada de época de Felipe II hasta la contratación para la construcción del llamado Puente Nuevo en 1790 que se conservan en este Archivo.