José Criado, el cuellarano que ha superado la World Marathon Majors, seis maratones por todo el mundo./ c.n.
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Si preguntamos a los atletas de élite, la mayoría contará con un amuleto, un símbolo en el que depositar confianza y al que aferrarse en los momentos más duros de las pruebas. Pero cuando un amuleto te transporta al sentimiento de pertenencia a tu villa, es más “mágico” aún.

Así cuenta su experiencia el cuellarano José Criado Senovilla, que ha llevado a cabo una hazaña prodigiosa de la que pueden presumir menos de 200 españoles: ha concluido el World Marathon Majors, el mejor circuito de maratones a nivel mundial. Y lo ha hecho con el pañuelo rojo tan simbólico de Cuéllar atado a su muñeca derecha; en los últimos tramos se lo ataba al cuello, ayuda y aliento en esas millas tan duras.

Criado es natural de esta villa llena de talento, aunque ahora no reside en ella. Estudiante del colegio de San Gil y del IES Marqués de Lozoya, a sus 34 años es director de la Fundación para el Fomento del Desarrollo y la Integración, ONGD referente en el ámbito del voluntariado corporativo de las principales empresas del país, con proyectos en España, Brasil y Méjico, principalmente. Además es socio de otras entidades como Grupo Vuvuzela (productora audiovisual) y Grupo Cupinare (dedicado a la restauración); gestiona también entidades deportivas y activos bursátil. Pero todo su éxito personal le hizo marcarse un reto más cuando le ofrecieron la posibilidad de participar en las World Marathon Majors, una iniciativa de la empresa Iberdrola, con la que mantiene una estrecha relación. Así, con otros compañeros, se sumó al equipo Iberdrola Green Runners. Con una experiencia como corredor “bastante escasa”, como él mismo explica, se le presentaba una prueba muy exigente: completar seis maratones, las más afamadas y atractivas a nivel mundial. Comenzó lesionado en 2014, en Nueva York, pero lo consiguió. “Ya solo tenía en mente la siguiente para seguir tachando pruebas del circuito”, explica. Lo que empezó con la meta de acabar la primera, acabó con la conclusión de Berlín en 2015, Chicago en 2016, Londres en 2017, Tokio en 2018 y Boston en 2019, hace apenas unos días y con un diluvio considerable que dificultó la competición. Asegura que el reto ha sido muy duro y con muchos kilómetros de entrenamiento -más de 5.000 en sus piernas- que le han servido para prepararse. Las condiciones meteorológicas para entrenar han sido todas: lluvia, frío, calor, primera hora del día y última, todo para probarse con todo tipo de factores.

UN SENTIMIENTO Acabar estas seis maratones “es indescriptible”, así lo constata. Que sea uno de esos pocos privilegiados españoles que cuentan con la medalla en sus manos, es algo que le llena de emoción.

Unido a ello hay otro sentimiento muy profundo e igual de fuerte: llevar Cuéllar por todo el mundo. Ese trocito de tela roja de su peña “El Pañuelo” ha recorrido medio globo terráqueo. “El sentimiento que siempre me ha acompañado es mi orgullo por Cuéllar”, señala, y afirma que cuando su trabajo le lleva a Inglaterra, Brasil o Méjico, cuenta a sus compañeros dónde está su pueblo. “Les cuento lo que son los encierros, les pongo vídeos del pregón”, comenta José. Quería llevar un amuleto en todas las pruebas y qué mejor que el pañuelo de las fiestas para esta “fiesta del deporte” a nivel mundial. Asegura que para él es como una responsabilidad, ser un cuellarano que enseña las tradiciones de su pueblo, y se ha sentido un “pequeño embajador de algo que considero muy importante para la villa”.

La aventura ha concluido y ahora su mayor reto es ejercer de padre, una maratón de otro tipo que afronta lleno de ilusión. No descarta embarcarse en otros maratones o pruebas con un aliciente especial, como esta, en la que deja claro que ha disfrutado al máximo en compañía de amigos.

José Criado tiene a sus padres en la villa, donde vivió hasta los 18 años, y cuando vuelva -que seguro es pronto- habrá recorrido miles de kilómetros en las capitales mundiales del running sin olvidar sus raíces, “porque tiran”, y así lo reconoce. Sus palabras desde Boston suenan cercanas, como las de todos esos cuellaranos que ensalzan su tierra segoviana por muy lejos que lleguen, también corriendo.