Robo masivo

Al menos diecinueve viviendas del pueblo fueron asaltadas la madrugada del viernes, un hecho que ha generado una sensación de miedo e indefensión entre el vecindario.

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“Un saqueo en toda regla”. Víctor Velasco y Teresa San José, una pareja que pasa los fines de semana en Frumales, definía con esa frase lo acontecido en el pueblo la madrugada del viernes. Una banda de ladrones pasó, como un huracán, por el lugar, intentando robar en una, dos, tres, cuatro… ¡y hasta diecinueve casas!, cifra que posiblemente se vea incrementada los próximos días. Y nadie vio nada ni escuchó nada. “Tuvo que ser un grupo de profesionales que lo tenía todo perfectamente planeado”, defiende la alcaldesa, Paloma Llorente.

La noche era muy fría, inverniza, con luna creciente. En casa de Ernesto Velasco, la última persona en acostarse fue su esposa, cerca de las dos de la madrugada. El matrimonio y sus dos hijos tuvieron un sueño plácido. Pero corto. Poco después de las cinco, el padre se levantó para ir al servicio. Y, aunque iba medio dormido, se extrañó al ver abierta la puerta del pasillo de la segunda planta, algo inusual. Al ir a cerrar, comprobó con asombro que la puerta principal de la casa también estaba abierta, de par en par. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Dio la voz de alarma, despertó a todos, y llamó a la Guardia Civil.

“Lo peor de todo es saber que entraron en el dormitorio de mis padres, en la segunda planta de la casa”, explicaba ayer uno de los hijos del matrimonio, Darío, todavía conmocionado por lo sucedido.

Para dar el golpe, los ladrones eligieron dos calles de Frumales. En la primera, la calle Lastras – Adrados, se sitúan viviendas de nueva construcción. Casi todas ellas son utilizadas como segunda residencia por hijos de Frumales con residencia habitual en ciudades cercanas. La otra calle desvalijada se llama ‘Prado’. En este caso, sus casas son más viejas, y o bien están deshabitadas o en ellas viven personas de avanzada edad.

En casa de Atilano Pascual intentaron entrar. No lo consiguieron”. El cerrojo les salvó. “Cuando les cojan, lo que hay que hacer es mandarles a su tierra, ¿qué pintan aquí, haciendo daño?”, exclamaba, enojada, su esposa, Lidia Muñoz.

El modus operandi de los delincuentes fue siempre idéntico. “Arrancaron los bombines con un extractor, algo parecido a un sacacorchos. Rompieron los bombines por la mitad y luego hicieron una palanca con un destornillador, para entrar en las casas”, explicaba uno de los vecinos robados.

Sorprende el sigilo con el que se ejecutó el plan. El carnicero Luis del Pozo dormía a pierna suelta cuando los cacos asaltaron su casa. Al amanecer, se levantó con prisa y marchó raudo a trabajar. Al rato, su esposa le telefoneó, para avisarle del robo, del que él no se había percatado.“De valor no se llevaron nada”, resumía ayer el carnicero, tras repasar lo que echó en falta al regresar a su domicilio.

A falta de conocer una valoración real de lo sustraído, el vecindario da por hecho que los daños económicos no han sido cuantiosos. “A Dios gracias, no ha habido que lamentar daños personales, que eso hubiera sido lo más grave”, indicaba la alcaldesa, que no ve justo culpar a la Guardia Civil de falta de vigilancia. “No puedo quejarme —añadía— por aquí pasan tres ó cuatro veces al día”.

En cualquier caso, el robo ha dejado huella. “Mi madre dice que ya no quiere quedarse sola en el pueblo”, dice Javier Sanz. Así que se ha marchado con una hija, a Cuéllar. Otra gota que aumenta la despoblación en los pueblos pequeños.

Precedentes y modos de evitar los robos.- El de Frumales no ha sido el primer robo masivo que se ha producido en la provincia de Segovia. En septiembre de este mismo año, la Guardia Civil detuvo en la localidad madrileña de Getafe a un varón de 41 años por su relación con los robos en siete viviendas de Navalmanzano denunciados en noviembre de 2008. El detenido, de nacionalidad rumana, pasó a disposición judicial como presunto autor de dichos delitos.

En cuanto a modos para evitar los robos, la empresa de seguridad Securitas Direct aconseja a los habitantes en el medio rural no olvidar los métodos preventivos clásicos. Así, conviene dejar siempre ropa tendida al exterior de la vivienda e instalar algún dispositivo temporizador que active el riego automático del jardín (en verano), el encendido de luces interiores y exteriores o la subida o bajada automática de persianas para parecer que hay alguien en casa. Igualmente, esta empresa recomienda bajar al mínimo el volumen del teléfono ya que, si no para de sonar, es señal de que la casa está vacía. Asimismo, aconseja solicitar a un vecino de confianza que recoja el correo del buzón, para que el exceso de correspondencia no sobresalga por la ranura.