Ana Rita y Mario Pérez Langa mostraron calidad y buen toreo.
Ana Rita y Mario Pérez Langa mostraron calidad y buen toreo. / Miguel Martín
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Ese hermoso, natural, saludable y acogedor lugar llamado Valsaín, a escasa distancia de su tutelar mayor La Granja de San Ildefonso, estando en fiestas populares que denominan ‘Abril en Valsaín’ y amulando las famosas sevillanas, aportando mucha alegría, mujeres de muy buen ver ataviadas de floridas vestimentas sevillanas, ambiente grato, musical y de plena algarabía, convoca un festejo popular para deleite de sus aficionados a la fiesta de toros.

La imagen siempre perenne de ese entorno maravillosos con el río Eresma de aguas limpias atravesando la población y la inminente sierra del Guadarrama vigía permanente de la vida cotidiana de sus gentes, se permite poseer funcional plaza de toros asentada en el centro de la población que acogió buen número de aficionados para presenciar un magnífico espectáculo del arte del rejoneo. Con novillos utreros de la ganadería de Dias Couthiño, correctos de presentación y de buen juego, especialmente el segundo de la tarde que mereció los honores de la vuelta al ruedo en el arrastre, actuaron vis a vis la gentil amazona Ana Rita y el madrileño Mario Pérez Langa.

Presidió José Luis Vázquez, alcalde del Real Sitio con medición y buen criterio. Buen ambiente en los tendidos y una caída del termómetro ya cercanos al ocaso.

Ana Rita

La gentil rejoneadora lusitana tiene vitola propia de buena amazona en plaza. Torea bastante y lo hace sustentada en su porte, dominio de las caballerías y variantes y repertorio de alto nivel. Vistió casaca azul noche a la ‘Federica’ y levantó murmullos de admiración y suspense en una galopada profunda con embestida continua cual arreón por parte del burel, cumpliendo de esa guisa siete vueltas al redondel. Un primor con emoción subida de tono.

Después cumplió un lucido segundo tercio clavando rehiletes a una mano de forma firme y decidida. A dos pistas obsequió con un cite de notable dimensión. Fueron al estribo, al violín y a pitón contrario. Rejón trasero y suficiente. Dos orejas.

Acortó los embroques y ejecutó una faena con tintes de lo ortodoxo sin ir tanto por la tremenda. Correcta en el saludo al morlaco, correcta en la suerte de banderillas con tres rehiletes normales, tres de los cortos y la rosa. No abundó mucho en los cites de la gran distancias. Fue más técnica la manera de citar en las cercanías del astado y todo ello con las salidas airosas de los encuentros. Se lució también en una aplaudida ‘posada’ y con el rejón de muerte un metisaca y uno certero. La valió una oreja.

Mario Pérez Langa

El joven rejoneador al que llevamos viendo torear desde hace algún tiempo en plazas segovianas, tiene calidad, potestad y repertorio del que usan las figuras. Espectacular la inicial galopada llevando medida la distancia, es decir el temple, aguantando la cercanía del testuz por los adentros, cortando y tirando líneas. Bonito el sucinto toreo a caballo con doble pista y quiebros para clavar dos rejoncillos de castigo. Con un alazán experto y valeroso, alardes ecuestres que se ovacionaron con fuerza. Clavó banderillas a una mano con sutil ejecución, buen embroque y salida de la suerte con elegante porte. Cumplió una faena meritoria y de puntos confluentes artísticos. Mató de un rejón, cortando una oreja.

Con el que cerraba plaza, actuó algo acelerado y de ahí que las cosas no remataran debidamente en ciertos momentos. Esos quiebros en la cara del utrero para prender en el acto el rejoncillo de castigo, un portento. Luego desigual en el segundo tercio con probaturas y momentos de intensa emotividad. Clavó un par de las cortas con valor y plasticidad. Alguna ‘alzada’ que gustó al respetable y tras un rejón de muerte, el antagonista que se resiste a doblar, llega un aviso y el caballero en plaza echa pie a tierra, pero no intervino ya que el astado dobló al cabo de ‘cierto tiempo’. Fue ovacionado.