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La tradicional guerra de sifones puso la guinda al final de las fiestas patronales en honor al Cristo del Humilladero, que durante cuatro días se han sucedido en el municipio. Casi todos los actos contaron con asistencia masiva. Aunque en general las fiestas han resultado un éxito, el exceso de duración de algunos otros actos demuestran la conveniencia de revisar parte de la programación.

De nuevo la sifonada tuvo una gran participación por parte de los vecinos, gracias este año a las altas temperaturas que imperaron durante todos los días de las fiestas. Grandes y pequeños disfrutaron de la batalla que se libra en la Plaza Mayor el último día de las fiestas, desde hace varios años en un acto que se ha convertido ya en tradicional y representa una de las señas de identidad de la celebración festiva. Más recientemente ha sido la asociación de peñas quien ha tomado la responsabilidad de la organización de este acto.

También el domingo fue mayoritaria la asistencia al último de los encierros campestres que tuvo lugar por la mañana, y en el que se soltaron cuatro novillos. Antes se ofreció una chocolatada en la zona de El Embudo, con la participación de la asociación de las Amas de Casa, y algunos voluntarios.

En lo referido al recorrido taurino se contó con la ayuda de un grupo de cabestros para la conducción. La manada fue llevada por el campo lentamente por numerosos caballistas hasta la zona del embudo. En total, unos cuatro kilómetros de recorrido. Pero fue a la entrada del pueblo donde uno de los bravos se dio la vuelta en dirección a los corrales, hasta que pudo ser controlado y atado para llevarlo hasta la plaza de toros en un vehículo.

Terminado el encierro se soltaron algunos novillos y vaquillas a los que los aficionados realizaron vistosos recortes. Todos ellos demostraron la afición a este tipo de espectáculos.
Para tomar fuerzas antes de la sifonada se celebró un almuerzo a base de caldereta en el polideportivo de La Vega, donde se sirvieron más de 800 raciones de carne. Desde allí, la atención se trasladó a la Plaza Mayor, para disfrutar de la sifonada: Por un lado se disputó la sifonada infantil, y por el otro, la tradicional de los adultos.

La música de la charanga Chicuelina sirvió para dar el pistoletazo de salida de la batalla de sifón, y también para amenizar los bailes posteriores.

En total se consumieron los mil sifones adquiridos, que luego, ya vacíos, fueron retirados por los propios participantes.

La última jornada se completó con una becerrada en la que los jóvenes participantes, Adrián Centenera, Ruiz Rivero, Pablo Mendo, y Alejandro Velasco. Tuvieron distinta suerte con los erales, que aunque no les faltó bravura, resultaron complicados en el toreo. Por la noche, la verbena cerró el programa festivo.