Pasión en femenino

Chelo Valgañón es una de las pocas mujeres aficionadas al coleccionismo y restauración de tractores antiguos

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Aunque profesionalmente no se dedica al campo, le apasiona el mundo de la maquinaria agrícola antigua. Chelo Valgañón disfruta conduciendo su viejo tractor, que heredó de su padre, quién sí ejerció de labrador. Por nostalgia o por genética, ella siempre se ha sentido muy vinculada al tractor que tantos años vio desde niña en casa.

“Quizá porque mi padre lo compró el mismo año en que yo nací; él le tenía un gran aprecio, y ese cariño me lo supo transmitir”, relata esta mujer residente en Fonzaleche, localidad de apenas 200 habitantes del Norte de La Rioja.

En esta localidad próxima a Haro y de tradición vinícola, ella y sus hermanas ayudaron en el negocio familiar agrícola y conocen su dureza. Por ello también valoran la importancia que tuvo la llegada de los primeros tractores y la mecanización de la agricultura.

Chelo Valgañón es actualmente la única mujer que pertenece a la Asociación Española de la Maquinaria Agrícola, entidad que tiene su sede en la provincia de Segovia, donde se nació hace varios años al calor de la Feria de Retromaquinaria Agrícola que se ha celebrado en Valverde del Majano en varias ocasiones. Ella se asoció en 2017 coincidiendo con la celebración de una ruta organizada en la Rioja.

Animada por Carmelo Echapresto, uno de los miembros de la directiva de la asociación, recorrió la ruta que se preparó ese año 2017 a bordo de su Guldner, tractor de origen alemán de los años 50 y que no es muy habitual en el parque móvil español. “Mi padre lo compró cuando yo nací. Me recordaba siempre que mi edad era la que el tractor llevaba en casa; por eso está muy presente en mi vida, es como un hermano”, explica. Ella heredó este vehículo y lo ha restaurado, sobre todo en su aspecto exterior, “porque de motor estaba muy bien”, asegura Chelo, que insiste: “Era algo que apreciaba mucho mi padre, y me trasladó ese cariño”. “Lo arreglas, lo coges un día, dos, y ahora me encanta… salgo con él al monte todas las semanas”.

Recuerda cómo de niña acompañaba a su padre y sus hermanas en el tractor, sentadas sobre un pequeño banco, y sujetas con un cinto para que no cayeran al suelo.

Ahora ya no se conforma con un tractor y el pasado otoño convenció a su marido para adquirir otro: un MacKormick, también histórico.