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La cicatriz del recuerdo es perenne. Inmortal. Eterna, como ese hashtag herrado hacia su memoria. La figura de Víctor Barrio ha traspasado fronteras de forma paralela a lo que sembró en vida. Un legado que endereza el camino de todos los estamentos de la tauromaquia y tiende la mano a los más pequeños. La brújula del toreo. El manantial del futuro. Lejos de marchitarse su recuerdo, Sepúlveda volvió a extender su alfombra grana para celebrar la segunda edición de su memorial, en forma de festival sin picadores. Gracias a la labor del que fuera su apoderado -junto al añorado José Galán ‘Josele’– y ganadero Pablo González, a la fundación que lleva su nombre, a los diestros anunciados y a los asistentes, que poblaron los tendidos, consiguieron cerrar un poco más una herida abierta en el tiempo, que ni la enésima puntada sería capaz de bordar el olvido. No faltaron los familiares y su incondicional Raquel Sanz, su madre Esther Herranz, su padre Joaquín Barrio y su hermana Ruth.

Su sonrisa, allá arriba, enmarcó una tarde tan especial como emotiva. El sentimiento corrió cargo de Morenito de Aranda y López Simón, que cortaron dos orejas cada uno, y de Joselito Adame, Fortes y el novillero Carlos Ochoa, que pasearon una. Todo, en el nombre del torero de Grajera. Al mismo son. Del albero al cielo y del cielo al albero. Monte La Ermita, para los cinco. Un envío variado de capa, de desigual presentación y juego, falto de casta y noble en líneas generales.

Abrió plaza un colorado, gacho de cornamenta, al que Morenito sujetó con lances a la verónica. El primer ejemplar pronto evidenció su justeza de fuerza y el ribereño trató siempre de cuidarlo, exigiéndole lo menos posible. Brindis al cielo. En la delicadeza de los toques en el toreo al natural encontró el de Aranda poso, midiendo las alturas. Acortó distancias con circulares y dejándoselo llegar a los muslos, exprimiendo el fondo y la nobleza del animal. Remató de una atravesada estocada y cortó dos orejas.

Negro, con cuello, más hecho de cuerna fue el segundo al que Adame pronto atacó con el capote. Con la franela tiró de poderío para alargar la noble pero descompuesta embestida del novillo por ambos lados. Fue en los dominios de la diestra donde el diestro de Aguascalientes cimentó su obra, agitándola con remates por bajo de gusto. No anduvo acertado con el acero y, tras un un bajonazo, paseó un apéndice.

Más en la línea del segundo, salió presentado el negro tercero con el que se llegó al ecuador. Sereno y maduro se mostró Fortes, demostrando desde el inicio el seco valor que lleva en las venas. Variado saludo capotero con verónicas, chicuelinas y una media de relumbrón. Brindó a la hermana del recordado torero. Entonado y dispuesto el malagueño materializó una firme labor, fundamentada en la mano diestra ante el son de su antagonista. Por el izquierdo fue más áspero el ejemplar de Monte La Ermita y en una ocasión se le coló como aquella señora que intenta adelantarse en la cola del supermercado. Ejecutó la suerte suprema en corto y, pese a fallar a espadas, el público pidió un trofeo que concedió el presidente.

El colorado cuarto arrancó de toriles alegre de salida, con fuelle, y siguiendo el capote propuesto de López Simón. Esther Herranz recogió el sombrero campero del de Barajas en una sentida dedicatoria. Se vino a menos el novillo en la muleta, pero el madrileño ofició una aseada faena, sobre todo a base de derechazos, aprovechando la inercia del animal. Abrochó su actuación con circulares invertidos y mató a la suerte de recibir para recoger dos orejas.

En novillero se presentó Ochoa, bajo la tutela de Rafael de Julia, para recibir al burraco que puso el broche al festival. Una larga cambiada y un quite por saltilleras fueron el prólogo a una faena cargada de entrega. Al igual que en la primera edición, su brindis fue para Barrio. El irregular comportamiento del ejemplar deslució por momentos la predisposición del madrileño. Ochoa intentó profundizar sus acometidas y alargar los derechazos, pero se quedaba corto en el segundo tramo del muletazo y protestó por arriba. Acortó terrenos para terminar pegado a tablas y, al no dar con las teclas con la espada, tuvo que hacer uso del verduguillo. Al final cortó una oreja.

FICHA:

Plaza de toros de Sepúlveda (Segovia). Segunda edición del festival sin picadores ‘Memorial Víctor Barrio’. Media plaza. Novillos de Monte La Ermita, desiguales de juego y presentación.

Morenito de Aranda, dos orejas;
Joselito Adame, oreja;
Fortes, oreja;
López Simón, dos orejas;
El novillero Carlos Ochoa, oreja.