Memoria recuperada

El Ayuntamiento de Madrid repone la placa que retiró del cementerio de Carabanchel con la que se homenajeaba a dos carmelitas asesinados y que procedían de la localidad

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El Ayuntamiento de Madrid ha repuesto en su lugar una placa conmemorativa que había retirado de la fachada del cementerio de Carabanchel. En ella se recordaba a dos carmelitas criados en Vallelado y formados en el Santuario del Henar de Cuéllar. Ambos, Daniel y Aurelio García Antón habían sido asesinados, junto a otros seis jóvenes religiosos, en julio de 1936, cuando regresaban desde Castellón a sus hogares.

La retirada de esta placa fue una de las primeras actuaciones del Gobierno madrileño de Manuela Carmena en aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Precisamente los ocho asesinados habían sido beatificados tres años antes por el Papa Francisco en Tarragona. Este hecho fue recogido en la prensa segoviana y en una revista local de Cuéllar.

El equipo de Gobierno de la alcaldesa Manuela Carmena aprobó en el pleno municipal del pasado 22 de diciembre, con el voto en contra del PP, la retirada de 30 calles y cinco vestigios con referencias franquistas. Sin embargo esta placa no estaba en la lista que presentó ese mismo día la concejala de Cultura, Celia Mayer. La edil también reiteró después que todos estos vestigios eran de “titularidad municipal”, pero fuentes cercanas a la parroquia de San Sebastián Mártir, dueña del camposanto, explicaron que la placa es privada, al igual que el cementerio. Por este motivo, la placa tuvo que ser repuesta tras recibir el Ayuntamiento madrileño una denuncia de la propia Parroquia.

Los servicios jurídicos municipales concluyeron entonces que había habido un “error” al considerar este monumento como un homenaje a personas relacionadas con el alzamiento militar perpetrado por varios generales, entre ellos, el dictador Francisco Franco. Previamente la Archidiócesis de Madrid ya había alertado a través de un comunicado que entendían que se trataba “de una confusión”, dada “la exclusiva condición de víctimas de los carmelitas, pacíficos testigos de la reconciliación a la que todos debemos contribuir”.

Los ocho jóvenes clérigos fusilados, que tenían edades comprendidas entre los 18 y los 22 años en el momento de su muerte, eran estudiantes del convento de El Carmen de Onda, en Castellón, que fue fundado en 1430 y fue “violentamente” desalojado por guardias de asalto republicanas el 27 de julio de 1936, diez días después del inicio del golpe militar. Así consta en los libros Nuestros Mártires, de Simón M. Besalduch (1940) y Guía memoriae martyrum. Santos mártires del siglo XX en Madrid (2015), publicado por la Delegación Episcopal de Cultura del Arzobispado de Madrid. Entre los asesinados estaban los jóvenes Daniel y Aurelio García Antón.

Ellos habían llegado a Vallelado con cinco y dos años, respectivamente. Ambos acudían regularmente al Santuario del Henar a oir misa. La madre, doña Gregoria Antón, era una mujer a la que la vida no le había sonreído especialmente. Nacida en Segovia, era la maestra de Santo Domingo de las Posadas, junto a Martín Muñoz de las Posadas. Su primer marido, José Montenegro, falleció al caer de un caballo. Tenían una hija. Luego se casó con Mariano García Carretero, con quien tuvo a Daniel y Aurelio. Pero siendo niños éstos y esperando el cuarto hijo vuelve a enviudar. Y, por si fuera poco, pierde al cuarto hijo con tan solo unos meses.

La vocación carmelita de los dos varones les llevó a ingresar en el Seminario de Villarreal (Castellón) tras haber tomado el hábito de novicios en el Santuario del Henar.

Declarada la Guerra Civil, en 1936 y con un fuerte anticlericalismo en la zona levantina, les aconsejaron regresar a sus domicilios. También iba con ellos un cuellarano, Adalberto Vicente. Pero fueron interceptados en Madrid y fusilados el 17 de agosto ante el cementerio de Carabanchel. Todos ellos tenían entre 18 y 22 años.

Durante bastante tiempo, la madre, doña Gregoria, estuvo sin saber nada de sus hijos. En esos tiempos convulsos no había noticias fiables. Cuando se enteró de la muerte de sus hijos acabó de trastornarse la mente. Falleció en Puras (Valladolid) en 1941 con 63 años.

Los cadáveres de los ocho mártires carmelitas fueron enterrados en el cementerio de Carabanchel en dos tumbas separadas. Terminada la guerra, en julio de 1939, se colocaron dos lápidas en las tumbas con el nombre de cada uno de ellos. En 1950 se extrajeron los restos de los carmelitas y fueron trasladados hasta el Santuario de El Henar. Actualmente están depositados en un sepulcro en el claustro del Santuario. En octubre de 2013 fueron beatificados en Tarragona junto a otros 520 mártires de la Guerra Civil.

La historia de estos dos segovianos, criados en Vallelado y Cuéllar, junto a otros varios religiosos de la provincia fue rescatada, investigada y recogida por el padre Balbino Velasco y por Ángel Fraile de Pablo.