Gabriel y Luis Murciego junto con una reproducción del castillo de Coca. / David Rubio
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Proveniente de una familia que llegó a Coca en el año 1907, con un fuerte arraigo con las tradiciones y costumbres de los antiguos alfareros de Jiménez de Jamuz (León), Luis y su hermano Gabriel han dotado a los vecinos de Coca y los alrededores de sus cacharros de barro, tan útiles y apreciados actualmente en la cocina tradicional segoviana.

Desde la última ubicación del alfar, los hermanos Murciego han trabajado día tras día incansablemente. Luis se encargaba de extraer el barro y prepararlo para que su hermano lo torneara dándole forma de botijos, ánforas, castañeras, vasijas, cántaros, etc., que posteriormente cocían en el horno de leña que tenían junto al alfar. Luego eran trasladados en un carro tirado por el propio Luis y sus hermanos, para su posterior venta por los pueblos de la zona, y no fue hasta muchos años más tarde, cuando pudieron comprar un burro para poder realizar esa dura labor de forma más efectiva.

La venta ambulante de estos útiles de barro se hacía en ocasiones muy difícil, llegando en ocasiones a casa, tras una larga jornada de trabajo, sin vender apenas un cacharro. La necesidad obligaba a Luis a recurrir a ingeniosas estratagemas para poder vender; sirva como anécdota, que en cierta ocasión, una mujer le quiso comprar el último botijo que disponía en su carro, se lo entregó en mano, a lo que la mujer le respondió que no le gustaba. Luis cogió el botijo, se fue al otro lado del carro y agitando los cacharros como si buscara otro, volvió con el mismo para entregárselo a su clienta, que, esta vez sí era de su agrado.

Hacia el año 1977, Gabriel estuvo de gira por la toda geografía española en ferias y exposiciones a través del Banco Bilbao, realizando numerosas demostraciones de su buen hacer con el torno y sorprendiendo gratamente a propios y extraños. Fue en ese momento cuando Luis, que se encontraba sólo en el alfar, con la ausencia de su hermano y ante la falta de trabajo, para estar entretenido, empezó a elaborar caretas y figuras de forma autodidacta, dotándolos de un estilo muy personal. Luis decía “No soy escultor, soy espontáneo”, “Un escultor hace las cosas que quiere, yo hago las que me salen”, las que soñaba por la noche, decía.

Con el paso de los años, sus numerosas creaciones son muy apreciadas por los vecinos y visitantes, realizándose en el año 2016 una última exposición de las figuras más representativas del Quijote y otras obras de Cervantes, en el centro cultural de Nava de la Asunción. En esta localidad existe también una colección particular propiedad de Justo García, con diversas creaciones de estos dos artesanos.

El Ayuntamiento Coca, reconoció su incansable labor anónima y callada, nombrando a Gabriel y Luis hijos predilectos de la Villa de Coca, en los años 1998 y 2014, respectivamente. En 2011, Gabriel recibió del gobierno de España la medalla al mérito en el trabajo.

Ambos hermanos trabajaron de forma incansable en este humilde oficio desde muy niños, hasta que su salud y la edad ya no lo permitieron.

Luis y Gabriel nos han dejado un gran legado, pero también una huella en los vecinos de la Villa de Coca, que siempre recordarán cómo eran, grandes alfareros y mejores personas.