Voluntarios de Fundación Personas participantes en el programa de El Alamillo. / c.n.
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A estas alturas, dudar de la capacidad de cualquier persona es retrógrado y denota algo de ignorancia. Y si no que se lo digan a los usuarios, voluntarios y trabajadores de Fundación Personas en Cuéllar, que después de llevar a cabo su programa de voluntariado en la Residencia El Alamillo, han demostrado con creces que querer es poder.

Trabajadoras de Fundación Personas de la villa presentaron el pasado diciembre un proyecto muy llamativo bajo el título ‘Somos voluntarios’. Cuatro usuarios se desplazaban cada quince días a la Residencia El Alamillo para desempeñar durante una hora tareas de voluntariado con los ancianos. Los objetivos a nivel psicológico y de desarrollo eran varios, principalmente el de fomentar la inclusión social de las personas con discapacidad intelectual, asumir un papel proactivo en la comunidad, potenciar las relaciones sociales o favorecer el autoconocimiento. Y todo eso y mucho más lo han logrado con una satisfacción que se ve en sus caras cuando hablan de sus sábados en El Alamillo.

Jesús Pinilla, María Dolores Galindo, María Jesús Gozalo y Angelines Martínez son las personas que están desempeñando estas tareas que tanto beneficio están generando en ambas partes. Jesús muestra su entusiasmo al hablar de ello; cuenta como salen de sus pisos tutelados media hora antes para ser puntuales. Allí dan de merendar a los ancianos, los ayudan en sus tareas y pasean con ellos; los propios ancianos se lo piden, según cuenta Jesús. Si hay alguna actividad que se esté desarrollando en la residencia ese día, algún taller, ellos participan como cualquiera. Su relación más especial y directa ha sido con la hermana Julia y con la directora del centro, quienes les orientan sobre las tareas de ese día. El programa comenzó el año pasado pero continúa. La psicóloga de Fundación Personas explica que ha sido tanta la satisfacción que ha generado a voluntarios y ancianos que prosigue.

Y es que para ellos es un momento de autorrealización, aseguran que se sienten útiles y demuestran su capacidad, indudable. Sus familias muestran también el orgullo de esta tarea que desempeñan y sus deseos de que continúen. Los cuatro usuarios solo tienen una petición: más tiempo. Una hora se les queda corta para todo lo que pueden ofrecer, para estar con los amigos que aseguran haber hecho en esta experiencia en la que incluso pueden estar con algunos familiares o vecinos que se encuentran en la propia residencia. Ya se está planteando esta posibilidad que tanto supone a los cuatro voluntarios.
No es fácil organizar un programa como este en el que se involucran dos centros, pero su felicidad y realización merece la pena. Ellos están contentos, alegres, así lo cuentan: “son como nuestra familia”, y no les importaría que se trasladara esta iniciativa a otros centros, otras residencias locales. Incluso se ven capaces de poder extrapolar estas tareas de voluntariado a otros campos como el deportivo, como el año pasado en la Carrera de las Murallas. Este año repetirán con otros usuarios y serán partícipes en la entrega del avituallamiento. La psicóloga asegura que en todo lo que puedan participar, lo harán, porque son “muy bien recibidos y a ellos les encanta, les gusta desarrollarlo”. Ellos se ven capaces, porque lo son, y aunque saben que hay gente que aún duda de sus habilidades, ya se encargan ellos, en estos programas, de demostrar que son los voluntarios más válidos y entregados con los que poder contar.

En la evaluación de este proyecto concreto en El Alamillo, los usuarios de Fundación Personas han aprendido a comprender el proceso de envejecimiento desde una perspectiva que les permite aplicarlo a la dinámica de funcionamiento de sus propios centros. Además, han aprendido a ponerse en el papel activo de voluntario, con los derechos y deberes que eso conlleva. Sobre todo, han asumido una responsabilidad y han ejecutado sus obligaciones con seriedad y rigor. Desde El Alamillo aseguran que han supuesto un apoyo, “nunca una sobrecarga de trabajo”, y también apuestan por ampliar el tiempo.
Qué más se puede pedir a personas con tanta disposición para ayudar en los tiempos que corren. Quizá es momento de analizar las capacidades desde el ángulo de la voluntad, dejar a un lado el plano intelectual y ver los resultados de satisfacción logrados.