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Un momento de la charla en Cantalejo. / E. A.
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Nunca antes se vio a los alumnos del Colegio Público Los Arenales con con semejante interés y admiración seguir un relato. Marcos Rodríguez Pantoja, ‘El niño salvaje de Sierra Morena’, participó ayer en el centro educativo briquero para dar a conocer su increíble y apasionante historia vital.

Desde los seis hasta los 19 años su vida se desarrolló entre lobos, animales y naturaleza, sin contacto con el ser humano; las agresiones que recibió hasta los cinco años, cómo sus padres le vendieron a un “señorito” para que le cuidara las cabras en el monte con otro cabrero adulto; cómo este moría después de haberle enseñado lo necesario para sobrevivir; los largos momentos de soledad; las penurias… el acogimiento por parte de una familia de lobos y su vida natural —que él la califica como la mejor época de su vida— hasta que fue detenido a los 19 años por la Guardia Civil y “devuelto a la sociedad”. Todo ello lo relató a los pequeños, que le contemplaban atónitos.

Incomprensión, vida en la ciudad, cambios de población, multitud de trabajos, engaños… hasta el día de hoy, momento en el que se encuentra viviendo en Rante (Ourense). Ha hecho numerosos documentales, programas de televisión y radio y de vez en cuando va a algún colegio para impartir charlas.

Antes de proyectar un fragmento de la película ‘Entre lobos’ (2010) basada en la historia fidedigna de su propia vida, en el centro cultural José Rodao de Cantalejo, Marcos explicó sus sensaciones, sus valores y sus consejos a los 250 niños que llenaban el patio de butacas.
Rodríguez Pantoja, que estos días se aloja en el hotel Posada del Duratón, mostraba su sentir, sus vivencias, sus habilidades comunicativas con los animales, todo tipo de ruidos de reclamo animal aprendidos en su etapa de vida en la naturaleza…

Los alumnos no pestañeaban. Rompían en aplausos cada vez que les era posible. Y Marcos, hoy un anciano de 72 años, les animaba con el valor del trabajo, del respeto a los mayores, a la naturaleza y al mundo animal. Para finalizar, después de ver la proyección, los niños le hicieron todo tipo de preguntas y él respondía con una sinceridad y habilidad dignas de elogio.

Lástima que no hubiera estado cuatro horas más. Los niños no se querían levantar de los asientos y le despidieron con un sonoro, largo, intenso y sentido aplauso. Jamás olvidarán los valores de respeto que les fueron transmitidos por el ‘niño lobo’.

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