La villa forma parte indisoluble de la obra de Jaime Gil de Biedma

Una vez más Jaime Gil de Biedma vuelve a ser referencia literaria después de su muerte. Han sido multiples los artículos que han ocupado espacio en los medios de comunicación con motivo del 25 aniversario que realizara el último viaje sin retorno. En ellos las citas a La Nava son también abundantes por que aquí reposan sus cenizas y porque este lugar ocupó espacio preferente en su vida y obra.

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Escribir sobre la intensidad de la obra de Jaime Gil de Biedma y su incidencia en el mundo de la poesía, incluso de su figura humana, no toca por mi parte ya que la abundancia de páginas escritas de ayer y de hoy lo han acercado al lector ofreciendo un conocimiento amplio de ambas. No obstante creo que corresponde añadir algo más sobre ese “Jaime el de la Nava” que decía Vicente Aleixandre. Lugar donde siempre se encontró a salvo, fuente de inspiración donde germinó poemas memorables de su obra como “Contra Jaime Gil de Biedma”, “Pandémica y Celeste” ó “Ribera de los Alisos” y donde escribió parte del “Diario del artista seriamente enfermo” (editado en 1974), durante la estancia de 1956, la más larga que pasó en la Nava -aparte de los años de la Guerra Civil- recuperándose de la tuberculosis contraída en Filipinas. Lugares que fueron su reino y que han quedado inmortalizados en su obra, al igual que ese “mar de pinares” que le cautivó.

Se consideró navero por propia elección y en dicho Diario dejó escrito su relación y sentimientos con la Casa del Caño y la Nava. Nombre al que siempre se refería cuando hablaba de Nava de la Asunción y que escribía en los encabezados de su correspondencia.

Aparte de la paz, el sosiego y la libertad que encontraba en este refugio, compartido en muchas ocasiones con amigos como Ana María Moix y Juan Marsé, entre otros que frecuentaban su casa de Ultra Mort en Barcelona, la Nava del poeta se circunscribía al ambiente familiar, a las juegas nocturnas en el bar Castropol con determinados amigos del pueblo y las conversaciones compartidas con los viejos republicanos Francisco Linares y José el Sordo en el lugar de Las Cruces del camino del Torrejón, según me comentó durante la entrevista mantenida para EL ADELANTADO DE SEGOVIA, en agosto de 1988, con motivo de la donación de su obra, con cariñosa dedicatoria, a la biblioteca pública del pueblo. Esta serÍa la última visita que hizo a la Nava en vida y ya con la enfermedad del SIDA en su cuerpo. Mal inapreciable físicamente en ese momento cuya imagen con esa calvicie y corte de barba me parecía el perfil de un emperador romano y de un gran maestro de la retórica lingüística castellana.

De su condición de poeta, de su obra y del compromiso social adquirido ante el régimen franquista poco se conocía y mucho menos de su homosexualidad. Ante todo para los de la Nava Jaime era el hijo de los Becerriles, nombre por el cual los naveros nombraba a la familia Gil de Biedma y Alba por el vínculo familiar con el título de Vizconde del pueblo. Una familia respetada y apreciada más que por su posición social por las atenciones mantenidas con el pueblo, en especial la de su padre Luis, cuyas gestiones ante Franco en Salamanca libraron de la condena de muerte a un buen numero de republicanos locales a principios de la contienda civil.

Cuando en Nava de la Asunción aún eran las calles de barro y los coches se contaban con los dedos de la mano la Casa del Caño parecía a los naveros una mansión de película con su cancha de tenís, piscina, caballerizas y un frondoso jardín donde resaltaba el de “Los melancólicos”.

Como suele pasar el conocimiento más extendido de su vida y obra poética llegaría precisamente a raíz del 8 y 12 de enero de 1990. El despliegue de medios de comunicación que llegaba a Nava de la Asunción con motivo de su muerte y entierro de sus cenizas. por expreso deseo del poeta en la tumba familiar que posee en el cementerio municipal, descubre la dimensión literaria de un artista que había convivido con ellos. Sorprendidos por tal magnitud y deseosos de asumir protagonismo los responsables municipales de esa fecha proponen al Pleno del Ayuntamiento el nombramiento de hijo predilecto y la dedicación de su nombre a una plaza. Curiosamente los mismo que con anterioridad rechazaban nombrarle pregonero de las Fiesta del pueblo y habían aprobado la licencia de obras para que el pulmón de la Casa del Caño se convirtiera en una mole de ladrillos. Tampoco prospera meses después la propuesta de los concejales socialistas de que el Ayuntamiento adquiriera el edificio de la Casa del Caño con la intención de crear una casa-museo dedicada a Jaime Gil de Biedma. Una idea que el ministro de Cultura Jorge Semprúm se identificó con ella y ofreció el apoyo del Ministerio, tras su presencia en la localidad para asistir a la celebración de la misa de funeral que los hermanos le ofrecen en su memoria. Acto en el cual también participa el presidente de la Diputación Provincial Javier Reguera y el gobernador civil Antonio Hernando y germina la idea de convocar un premio de poesía en su honor. Será la institución provincial la que lo lleve a cabo y lo convoque a finales de 1990. La colaboración de los concejales socialistas en el proyecto abre la posibilidad de que el Premio fuera compartido entre Segovia y Nava de la Asunción. Una vez más el Ayuntamiento navero desaprovechó la ocasión.

Han de pasar nueve años de olvido hasta que surja la iniciativa encabezada por el exconcejal Rubén Fernández Maroto de conmemorar el décimo aniversario de su muerte y para ello se constituye una comisión que elabora un proyecto muy ambicioso, que no verá la luz pero que dará píe a la creación del primer Premio Internacional de Poesía “Jaime Gil de Biedma y Alba”, que el Ayuntamiento de Nava de la Asunción liderado por el alcalde socialista Juan José Maroto convocará para el año 2004, no sin antes ofrecer a la Diputación Provincial la idea de compartir el que ésta celebra. Propuesta que no fue atendida

Premio que inició su andadura bajo la coordinación del profesor Francisco Ruiz de Pablos y un jurado de excepción compuesto por el escritor Emilio Rodríguez Almeida y los poetas Fernando Romera y David Ferrer, más la colaboración del Institució de las Letres Catalanes del Departamento de Cultura de la Generalitat de Cataluña, que aportaba la presencia de poetas relevantes como Joan Margarir, Pere Rovira, Víctor Obiols, Jordi Villalonga, Marta Pessarrona… que acercaron vida y obra del poeta navero en un ambiente cargado de calor humano y de interés en conocer más y mas del poeta que ya sentían más cercano. Con estas extraordinarias visitas y sobre todo la representación en la sala Frontón Cinema de Pep Nunmé en el papel de Jaime Gil de Biedma en el primer certamen del Premio y tras su reciente debut en Barcelona, más la lectura de poemas que acompaña cada celebración y la exposición “Jaime intimo”. contribuyeron a que la figura humana y literaria del autor del poema “Nunca volveré a ser joven” ya fuera conocida por cualquier navero.