La laboriosidad cercana de su selección

Actualmente se recogen con cosechadora pero la tarea manual y artesana pervive.

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Aparte de la promoción e impulso que se le pueda conceder a un producto, existe una faceta real y culinaria muy auténtica, que se produce en las tareas que marca el calendario del garbanzo, desde que se siembra hasta que se recolecta allá en el mes de agosto.

Estas postales y vivencias de lo original y cercano se pueden contemplar en el municipio a pie de calle: en el mes de septiembre, cuando el agricultor selecciona a mano el producto junto a una criba; o antes, en el mes de agosto, una vez que son secados y posteriomente trillados en la era, para ser volteados por el agricultor con una pala de madera, para limpiarles de polvo y paja.

Es la cultura heredada, en forma de laboriosidad y destreza sobre esta leguminosa que ha dado a lo largo de los siglos tanta identidad al municipio, desde los orígenes, con su venta en mano, hasta actualmente con su otra nueva puesta en valor, sin alterar el producto.