20-1am-toros-san-ildefonso
Tino Martín, Thomas Dufau y Fernando Rey, junto con los miembros de la peña taurina de La Granja. / A.M.
Publicidad

El festival sin picadores celebrado el sábado en el Real Sitio de San Ildefonso puso en liza la proyección del malagueño Fernando Rey y la entrega del veterano novillero de Valsaín Tino Martín, ambos con un resultado final de dos orejas. El joven diestro, a pesar de su escaso bagaje como matador, demostró sus ganas por hacerse un hueco entre el escalafón superior y evidenció su artístico concepto del toreo, de buena composición y ejecución. Martín, por su parte, cumplió con nota su compromiso en casa, dejando detalles que tomaron eco en los tendidos. El encargado de descorchar el cartel fue el francés Thomas Dufau, en una tarde en la que su rendimiento se vio mermado por el uso de los aceros. Se lidiaron cinco novillos de la divisa gaditana de Salvador Domecq, desiguales de juego y presentación, entre los que destacó la condición del último, premiado con la vuelta al ruedo. La plaza registró casi media entrada.

Desarrollando morrillo y hondura, y gacho de cuerna fue el negro primero del lote de Rey al que recibió con estéticas verónicas, adelantando la pierna y hundiendo el mentón ante su brusca embestida. Correoso resultó en la muleta y se revolvía con peligro al término de los muletazos. A medida que se fue apagando, el de Torremolinos consiguió buenos pasajes a base de disposición. Cobró una voltereta al recortar distancias y finalizó de media estocada, atravesada y trasera, y dos golpes de verduguillo. Ovación.

Rodilla en tierra lanceó al negro que cerró plaza —en la línea de sus hermanos— y lo fue sacando hacia el platillo con mimo. El empeño del torero por cortar las orejas le llevó a firmar una meritoria faena, en la que premió más la cantidad que la calidad de los muletazos, con un público entregado. Destacaron varios derechazos en un trasteo de fina composición, que se prolongó aprovechando la duración y la acometividad del astado. Remató de un espadazo, algo trasero, y paseó dos trofeos. La buena condición del animal fue premiada con la vuelta al ruedo.

Entregado comenzó Martín con una larga cambiada y verónicas de corte clásico al negro cubeto con el que se llegó al ecuador. En quites recibió un fuerte baretazo, aunque volvió a la cara del animal con torería para comenzar la faena de muleta con un pase cambiado en los medios. Le anduvo con inteligencia al burel y, a base de dejarle puesta las telas en la cara, obró una compuesta y aseada faena. Meritoria estocada a la segunda y dos orejas.

Abrió plaza un novillo negro, cubeto, largo y despegado del suelo al que Dufau saludó por verónicas. Rey ejerció su turno en quites con chicuelinas y una media de gusto. Replicó el de Mont de Marsan, aunque el animal perdió las manos en repetidas ocasiones, sin dar lugar al lucimiento. En la muleta atendió con prontitud a los toques del diestro, con una embestida lineal, y con fuelle hasta el final. El francés interpretó el toreo en redondo por el derecho y con naturales de sustancia, pero falló a espadas y su labor fue ovacionada. En el arrastre fue aplaudido el novillo.

Más hecho, aunque con menos cara —gacho y algo bizco del pitón derecho— fue el negro que hizo cuarto. Quite por tafalleras de Rey. Dufau estuvo firme, buscando el trazo largo y compuesto en una actuación de largometraje. Volvió a estar desacertado con los aceros y recogió otra ovación del respetable.

Ficha

Plaza de toros de La Granja de San Ildefonso. Festival sin picadores. Menos de media plaza. Novillos de Salvador Domecq, desiguales de presentación y juego. El quinto, premiado con la vuelta al ruedo.
Thomas Dufau, ovación y ovación.
Fernando Rey, ovación y dos orejas.
El novillero local Tino Martín, dos orejas.