Miguel Ángel Recio, al piano, y Raúl Olivar, a la guitarra flamenca, mostraron su calidad artística en el cierre del ciclo musical. / E. A.
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La Asociación ‘Taller Cultural de Fuentepelayo” en su papel de entidad organizadora de las XXVII Jornadas Musicales de la villa, así como los responsables de la Fundación Caja Cega, el Ayuntamiento de Fuentepelayo y Cajaviva han valorado muy positivamente el desarrollo de este ciclo musical compuesto por seis recitales del más alto nivel. También han mostrado su compromiso de colaboración futura con el fin de potenciar aún más este tipo de conciertos en el ámbito rural.

Apoteosis final en la calidad artística de los artistas y en la asistencia masiva de público para poner un broche de oro a una edición de un ciclo ya consolidado en materia musical. Raúl Olivar a la guitarra flamenca y Miguel Ángel Recio al piano dieron como resultado un concierto inolvidable para los espectadores que abarrotaron la Plaza de Gracia.

Los dos artistas vallisoletanos dejaron claras las razones por las que están considerados como uno de los dúos con mayor proyección y de mayor calidad en el panorama musical español.

Comenzaron su recital con una selección de temas de corte flamenco originales causaron admiración. En una segunda parte del concierto se decantaron por temas más propios de estilos como el latinjazz y baladas. Cada una de las interpretaciones superaba a la anterior y eso sirvió para lograr una comunión perfecta entre los artistas y el público. Además, había tiempo para centrarse en la melodía original y dar cabida a la improvisación para hacer brillar con luz propia la guitarra y el piano.

La culminación del éxito llegó en la parte final del recital con el reencuentro de temas ‘aflamencados’. Y la apoteosis se alcanzó cuando sonaron las primeras notas de ‘Entre dos aguas’, que duró tanto tiempo como quisieron los músicos, ya que a la partitura se adosaba las grandes dosis de virtuosismo e improvisación. Así, se logró crear un cordón umbilical entre lo que sucedía sobre el escenario y lo que se vivía en el patio de butacas.

Una vez más, el público asistente a este concierto fue determinante en el éxito del mismo, por su entrega hacia los artistas y por el respeto y valoración de su trabajo. Esa ha sido una constante felizmente repetida en todos los recitales.