Los pitufos web
Nuria y Marta en Santa Marina, muy cerca de su guardería, a pocos meses de abrir. / C.N.
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Todo indica que con sus sonrisas van a ganarse a muchos niños de la villa de Cuéllar, y sería lo justo, pues su proyecto lo vale. Nuria Minguela y Marta Martín se embarcan en un proyecto nuevo con una ilusión que se sale de sus palabras y que se refleja en sus caras. A partir de julio abren la Escuela Infantil – Guardería Los Pitufos. Estará situada en la calle Trinidad y es el traspaso de una guardería actual, a la que van a dar su toque y convertirse así en emprendedoras; toda una aventura.

La idea surge al acabar sus estudios de Educación. Probaron “el mundo de las oposiciones”, y a pesar de conseguir muy buenas notas, “nos quedamos como estábamos”. Nuria se fue a Londres a probar suerte y, mientras, Marta comenzó a trabajar en otra guardería local. A la vuelta de su estancia, Nuria y Marta hablaron de ello. Aprovecharon la jubilación de la antigua propietaria de la guardería para ver todas las posibilidades reales de embarcarse en este proyecto y así lo hicieron.

Han apostado, llenas de ilusión, por quedarse en Cuéllar, por emprender en la villa y salir adelante donde realmente les gusta vivir; así lo confiesan. Lo que más las ha empujado es que este es “su proyecto propio”, lo comparten, y hay expectativas muy positivas. Contemplaron otras posibilidades, en otros municipios, en ciudades, y esta fue la más viable y la más especial, en casa. Aquí se las conoce y creen que eso juega a su favor, y su carácter afable lo va a corroborar, de hecho ya lo está haciendo, porque cuentan con casi una quincena de solicitudes para el nuevo curso.

La tasa de natalidad no es muy destacable en Cuéllar pero se mantiene; “hay niños”, señalan. Saben que lo que hace falta es trabajo, “como sea”, y eso repercutirá en su ámbito y en el resto. Saben que hay muchos jóvenes a los que les gustaría quedarse a trabajar en Cuéllar, pero no lo hacen por falta de oportunidades. Por ello se suben al carro del emprendimiento en el medio rural, en su municipio. Son varios los negocios que están levantando el vuelo en la villa de mano de jóvenes autóctonos, como un administrador de fincas, bufete de abogados, una tienda de alimentación y otros que seguro van a tener futuro. Animan a hacerlo a pesar de todos los obstáculos, y si que echan en falta alguna facilidad más por parte de la Administración, conscientes de las limitaciones de la legislación, pero algo que las impulse cuando “todo son trabas”. Se meten de lleno en reforma de las instalaciones para dar un aire nuevo al espacio; otra aventura. Pero aún así, animan a emprender; “si tienes claro lo que quieres y disfrutas haciéndolo, no hay nada mejor que ser tu jefe y hacer las cosas como tú quieres, aunque sea duro”, añaden. Su familia y amigos les han apoyado desde el principio, incluso pensando en los riesgos. Quieren hacer lo que les gusta, vivir de ello. “Preferimos vivir con menos y estar a gusto que estar trabajando en otra cosa y peor”, reconocen.

En su proyecto educativo, además de la ilusión, hay un enfoque que pretende erradicar el concepto de guardería como “aparcaniños”. “Queremos que los niños creen por sí mismos, busquen el autoaprendizaje, el descubrimiento, la autonomía”, explican. Saben que será complicado porque en la sociedad está muy interiorizada la guardería como un servicio y no como una etapa más del aprendizaje. “Tendremos en cuenta la edad, pero queremos un proyecto educativo más que de crianza”, detallan. Su reto es llevarlo a cabo como tal, de puertas para dentro, para que padres y familiares comprendan la importancia de su trabajo. Para ello amplían espacio, renuevan fachada y, como parece, impregnarán todo de la alegría natural que desprenden y las ganas de una empresa joven que sí tiene su mercado en Cuéllar. Lejos queda la guardería municipal que tanto se demanda y aprovechan que no empiezan de cero, sino que es la reconversión de un negocio existente en el suyo propio. Quieren innovar, con servicio “divertipeques” hasta 10 años, de recogida de niños en colegios, y en un futuro, introducir comedor.

Empiezan pero no hay límites, porque confían en su formación, experiencia, en sus vecinos y en su localidad. Van a plasmar todas sus energías en los “peques”, porque si algo demuestran a pocos meses de comenzar es que les interesa mucho más su pasión de educadoras que el negocio en sí. Cuéllar entero ya les está deseando suerte y parece ser que este “movimiento emprendedor” continuará.

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