Josefa de Benito, recibe a EL ADELANTADO en el salón de su casa de La Granja.
Josefa de Benito, recibe a EL ADELANTADO en el salón de su casa de La Granja. / LORENA SANZ
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Josefa de Benito tiene 89 años, dos hijos y dos nietos, es viuda desde hace 17 años y, actualmente, es la mujer más longeva del centro de jubilados San Luis. A pesar de no haber nacido en La Granja, vive allí ‘de toda la vida’. Reside en un piso sin ascensor del que hay días que no puede salir porque la fatiga de las escaleras la deja sin oxígeno. Es afable y simpática y lo que más le gusta es estar en familia.

—¿Cuáles son sus aficiones?
Pasear todos los días y echar la partida por la tarde en los jubilados. Voy todas las tardes a jugar con mis amigas de toda la vida: Irene, Paca, Pepita y Julia, a la brisca, el tute o la 31, depende cuántas seamos ese día. Otro de mis hobbies es leer EL ADELANTADO cada día, me encanta, (y lo hace sin gafas, por cierto) y ver la tele. Nada más que me levanto, la pongo para estar informada de todo.

—¿Qué es lo que más le gusta de su pueblo?
Todo. Como La Granja, para mí, no hay nada. Mi marido trabajaba en los Jardines toda la vida y me encantan. También el Palacio Real e ir a la iglesia a misa. Es que me gusta todo…

—¿Y lo que menos le gusta?
(Piensa mucho la respuesta) Nada. ¿Qué podría ser? Es que no encuentro nada. Para mí todo el mundo es bueno y con todos me hablo. No puedo decir “esa me cae gorda”, todo el mundo me quiere y yo quiero a todo el mundo y no tengo ningún mal querer. Igual alguna dice “mira la tonta esta” pero no me lo han dicho nunca.

—Desde que llegó usted aquí, hace 75 años ¿Cómo ha cambiado el pueblo?
Ha cambiado mucho en todo. Lo que no han cambiado han sido las calles, porque las adoquinaron, se han estropeado y estropeadas siguen. Hay algunas que dan penita verlas y para las personas mayores tienen mucho peligro. De lo demás, el pueblo ha mejorado.

—Algo en lo que se nota mucho el cambio, en general, es en las bodas. ¿Cómo fue la suya?
—Entonces las bodas eran en casa de ‘la Elvira’, que era una pensión. Éramos solo la familia y cuatro amigos. Ponían un primer plato, un segundo, que a lo mejor eran huevos rellenos, un postre y café. Todo muy sencillo. Luego íbamos al baile. Y, como en mi pueblo, Arroyo de Cuéllar, se hacían dulces ‘turcos’ (una clase de bollos) mi madre que quedó sola trayéndolos (ríe).

—¿Es usted feliz?
—Sí. (No duda en la respuesta)

—¿Qué le hace feliz?
—Mis hijos y mis nietos. Para mí son lo más grande.

—¿A qué se ha dedicado?
—Desde que tenía 14 años entré a servir en casa de Pepita, una de aquí. Y sus hijos son como si fueran míos. (Con el cariño que habla de ellos y de los hijos de éstos, no hay duda de que les considera de la familia). Vienen mucho a verme y he ido a las bodas de todos, hijos y nietos. Me quieren como su fuera su abuela. Pero una vez que me casé dejé de ir a esa casa e iba a distintas casas; a una a planchar, a otra a limpiar, otra a lavar… Y echaba una mano a mi marido en los jardines que cuidaba.

—¿Cómo ve la comunicación de la sociedad de ahora, con las redes sociales? ¿Tiene usted?
—Tengo whatsapp aunque no lo entiendo muy bien y en vez de escribir, mando audios. Lo veo todo un adelanto tremendo porque antes solo podías escribir una carta y esto es mucho mejor porque es rápido. Y cuando mis hijos se van de viaje, veo sus fotos en el momento y me encanta.

—Y la sociedad, en general, ¿Cómo nota que ha cambiado?
—Con todo lo que digan, ha cambiado para mejor. De cómo se vivía antes a cómo se vive ahora… Ahora tenemos de todo,  vamos donde nos da la gana y vivimos de distinta manera, disfrutamos mucho más. Antes no había dinero y no podíamos hacer nada. Ir al baile nos costaba dos reales, como 50 céntimos de ahora, y nos veíamos negras para ir. Es mucho mejor ahora, con todo lo que nos quejamos. (A modo de ejemplo cuenta una anéctoda). En mi luna de miel nos fuimos a ver a mis tíos a Arroyo de Cuéllar, a la familia de mi padre.

—Usted que es una persona informada… ¿Qué noticia o hecho histórico es la que más le ha llamado la atención?
—(Tarda en responder porque hace un repaso mental). Las torres gemelas, porque lo viví en directo. Estaba dando de comer a mi nieto en el cuarto de estar y lo vimos directamente, en ese mismo momento. Aquello me llamó mucho la atención porque lo ví muy en directo, y luego la cola que trajo.

—¿Se arrepiente de algo que haya hecho en esta vida?
—Malo nada. No me he enfadado con nadie y pienso que nadie se ha ido enfadado conmigo. Si he hecho alguna cosa mal sin querer, tampoco me he dado cuenta. No hago mal a nadie, tengo buen carácter y me hablo con todo el mundo.

—¿Qué piensa de la igualdad entre hombres y mujeres?
—Tendría que haber más igualdad, porque todavía hay resquicios de que la mujer es menos que el hombre y no. La mujer es la mujer. (Eso sí, se refiere a la vida laboral, pero cuando se habla de igualdad dentro de casa, de que el hombre planche…). Yo eso no lo veo bien. Hay cosas en la casa como planchar o guisar que tiene que hacer la mujer. Si está la mujer en casa lo tiene que hacer ella. Luego hay otras cosas que tiene que hacer un hombre como poner una bombilla, arreglar las cosas… Hay cosas de hombre y cosas de mujeres.

—¿Qué consejo le daría a los jóvenes de hoy en día?
—Sobre todo que sean fieles, que sean buenas personas y que quieran a la familia, que no esté desunida la familia, que eso sí que es una pena. La familia junta me encanta; tener a mis hijos y a mis nietos juntos me encanta; Que vengan a comer, ¡eso me encanta! Pero que estén desunidos y que no se hable un padre con un hijo, o una mujer con el marido que han regañado y se han separado… Eso me da mucha pena. Si has querido a una persona y te has casado con ella… ¡Me cachis la mar! (Dice espontáneamente Josefa) ¿Me iba yo a haber separado de mi marido? Porque Dios lo quiso y nos separó, que si no, no me separo yo de mi marido por nada. Eso es lo más grande.

FuenteLorena Sanz
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