3 despedidaparroco
Publicidad

Una sensación agridulce invadía el templo de San Miguel el pasado martes, día que los cuellaranos esperaban que no llegara, pero tuvo que llegar. Era el día señalado para la marcha de Emilio Calvo, párroco durante siete años llenos de actividad y beneficio para toda la comunidad cristiana, pero para toda la vecindad en general.
El templo estuvo repleto desde casi media hora antes de comenzar la eucaristía de despedida y agradecimiento. Esta fue concelebrada, con sus compañeros Jaime y Anthony, sacerdotes de Cuéllar que se quedan para continuar su labor y preservar todo aquello que sembró Emilio. La misa solo se pudo describir con emoción y sentimientos a flor de piel, porque todos los presentes van a echar mucho de menos a Emilio Calvo, en todas sus facetas. La celebración comenzó con una reseña de todo el trabajo realizado en siete años. Han dado para mucho, y los cuellaranos lo saben, por eso una persona muy activa en la Parroquia, María del Carmen García, fue la encargada de recorrer siete años en palabras. Emilio pronunció su homilía visiblemente emocionado, y la larga ovación final le obliga a hundir la cabeza entre las manos y derramar alguna lágrima, seguro que de alegría y agradecimiento. Pero sí en algo incidió Emilio Calvo es en que es tarea de todos cuidar el rico patrimonio eclesiástico de Cuéllar, por el que tanto ha intentado y logrado él mismo.

En la celebración no pudo faltar, además de unos vecinos volcados en su despedida, su familia y autoridades: el alcalde, Jesús García, varios concejales y grupos de catequistas, de pastoral, de Cáritas. En el ambiente se palpaba el agradecimiento, mutuo, de un párroco a sus fieles y de los devotos a una persona que se ha involucrado en la actividad religiosa de una villa, pero también en su día a día y en sus necesidades, cumpliendo así con el cometido eclesiástico, pero desde el punto de vista más humano. Otro miembro activo de la Parroquia, Andrés Blanco, fue el encargado de pronun

despedida WEBciar unas palabras finales para ensalzar de nuevo la trayectoria de Emilio, que deja una huella imborrable en Cuéllar y en la comunidad cristiana del lugar. Antes, lo hicieron los más jóvenes, a los que se ha encargado de inculcar y guiar en los valores cristianos verdaderos. Su cometido con ellos ha sido muy valorado por las familias de la villa, y si algo quedó claro ayer es que hay un sentimiento de comunidad que antes no existía o no era tan llamativo, visto tanto desde dentro como desde fuera.

Como no podía ser de otra manera, hubo obsequios de todo tipo. El propio alcalde le hizo entrega de un reconocimiento municipal, con emoción y alegría de haber contado con él durante estos años. Una placa con la Virgen del Rosario, por la que tanto ha hecho en su restauración, conservación y devoción, y un cuadro de cerámica con una dulzaina, fueron otros de los regalos. Los fieles le obsequiaron con un ordenador portátil y accesorios que recibió también muy agradecido.

Y eso es lo que demostró en su discurso final, que él ha dado por los cuellarano lo que durante estos años ha sentido, y ayer le fue devuelto. Porque Emilio ha sido párroco pero vecino y compañero. Así se lo hicieron saber sus compañeros dulzaineros. La tradición le viene en la sangre y raíces de Zarzuela del Pinar, y el isntrumento le ha dado grandes ratos y buenos amigos, que ayer le honraron con jotas y demás canciones a la salida del templo, y hasta lelgar al Centro Parroquial. Allí cotinuó la despedida, con un ágape para todos los presentes, y donde se proyectó un vídeo con muchos de los momentos más señalados que Emilio ha vivido en la Parroquia y fuera de ella, como el viaje a Cracovia con los más jóvenes, enseñándolos a vivir su fe cerca del Papa.

Ya no cerrará la procesión de la Virgen de la Palma este septiembre, ni la del Niño de la bola en diciembre; tampoco seguirá a Santa Águeda y se contagiará de las danzas de las aguederas. Los pasos de Semana Santa no tendrán a Emilio al final de su procesión, y no escuchará las bandas de cornetas y tambores. Y sobre todo, no va a procesionar con su Virgen del Rosario, por la que tanto ha hecho, que hasta la replicó para que cada cuellarano la tuviera en casa y la talla real mejorara para poder continuar luciendo más años. Él ha hecho que este año se la bailara antes de los días de fiesta, y las personas que lo han acompañado en estas y todas las labores, lo echarán de menos. Pero no se va lejos, está en La Granja de San Ildefonso, y aunque no va a estar tan presente, deja un legado importante que seguro vendrá a revisar de vez en cuando, a demostrar que lleva a su Parroquia en el corazón, y que la deja en buenas manos, las del nuevo párroco, Fernando Mateo.1 despedidaparroco web

Compartir