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Finito de Córdoba tuvo momentos de inspiración torera. / MIGUEL MARTÍN
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El festival taurino de Navalmanzano que mantuvo a dos de los diestros anunciados y cambió los otros dos, estos segovianos, atrajo a buen número de espectadores que ocuparon más de los tres cuartos de plaza. Presidió de manera un tanto generosa y desigual Carlos Fraile. No se puede ni deben juzgar las labores toreras por la vía de la arbitrariedad, y así lo hizo el usía de turno, concediendo un apéndice a Finito de Córdoba por una correcta faena y discreta la suerte suprema; y concediendo dos orejas al resto, con un rabo de propina extra por iguales o menores merecimientos sobre todo a la hora de matar.

Se lidiaron novillos de la ganadería de Antonio Palla, bien de presentación y de buen juego. Esta ganadería está lidiando por plazas segovianas y con excelente resultado. Que siga la racha.

JUAN SERRANO ‘FINITO DE CÓRDOBA’ Tiene un aspecto espléndido pese a llevar más de veinte años de alternativa y en figura la mayoría del tiempo. Lanceó con su peculiar estilo abierto el compás y estirada la planta, con gusto y ritmo. Cerró con media verónica.

Comenzó por alto con la flámula en la zurda y luego por bajo por el pitón derecho. Se sucedieron los buenos muletazos ligando las series en redondo y entre los oles del respetable. Afloraron los pases plenos de sentimiento y arte torero, presentando el engaño planchado y mandón. Más derechazos, todo con personalidad propia y gusto interno y externo al mismo tiempo. Buena faena rematada de estocada y descabello. Una oreja que el torero rechazó y se negó a cumplir la vuelta al ruedo. Manifestó que no fue un desaire al público, sino un desacuerdo con la presidencia.

MIGUEL ABELLÁN Volvía a Navalmanzano tras el éxito del pasado año y fueron muy aplaudidas las iniciales chicuelinas y la revolera. Brindó su faena a Puri Linares presente en la plaza.

De hinojos comenzó el repertorio con pases por alto. Espaldina cambiada y se reprodujeron los oles y los vítores femeninos sobre todo. Buena labor torera del madrileño que aplicó el toreo en redondo con mucha firmeza, seguridad y temple en los largos muletazos obtenidos.

Los conceptos primarios del toreo son patrimonio de Abellán; no renunció a sus variantes toreando a media altura por ambos pitones con enjundia torera y mucha entrega. Esta temporada está por bajo de su bagaje en cuanto a corridas toreadas, dice que por no aceptar ciertas leoninas condiciones. Eso les pasa a muchos otros colegas que al igual que a Abellán han de mantener el estatus y no plegarse a exigencias especulativas. Estocada tendida y atravesada y dos orejas.

JAVIER HERRERO El de Cuéllar vino a sustituir a El Cordobés y lo hizo en la forma y manera que en él es habitual, con valor, mucho valor, con entrega, mucha entrega y con un toreo con matices emotivos y de cierta calidad. Verónicas pausadas y media superior.

Se plantó en el centro del ruedo, lugar plagado de arena pero útil en ciertos momentos. Pitón derecho y el toreo fluye mandón y con largo recorrido. Oles sonoros para Javier. Fue desgranando el toreo en variantes, es decir, redondo, natural, por alto y trinchera al uso. Destacaron dos series consecutivas de derechazos de pleno sentir y transmitir ese sentimiento de placer, cuando la faena iba tocando a su fin. Mató de estoada caída, cortando dos orejas.

PABLO ATIENZA
Vino a suplir al novillero Ángel Téllez, uno de los componentes del segundo escalafón que mayor número de novilladas torea y casi todas ellas con éxito. Lo alcanzó también nuestro paisano por la vía de su toreo de pausa y pensamiento profundo, de gusto cabal y de buena técnica.

Larga cambiada de hinojos y exquisitas las verónicas ceñidas y entre oles. Quite por tafalleras que igualmente se ovaciona.

Tuvo el bonito detalle de brindar en el ruedo a sus compañeros de cartel, tres matadores de toros con quienes pronto compartirá los carteles correspondientes a corridas de toros.
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Genuflexo pases por bajo de dentro a fuera. Una buena tanda marcó la senda de la faena. Otras dos tandas más y encendido el ámbito con oles, música y buen toreo, el aurea del recinto taurino se convirtió en Olimpo y esplendor por el arte de torear. Un circular, muletazos renovadas en su esencia, un momento de trámite peligroso y retorno a lo estéreo que era lo principal. Imperó y es de la mayor valía posible, el temple imprimido al toreo. Ahí radicó el mayor mérito. Pinchazo, estocada y dos orejas y rabo.