Serafín Vaquerizo, en uno de los festivales celebrado en la localidad. / EL ADELANTADO
Serafín Vaquerizo, en uno de los festivales celebrado en la localidad. / EL ADELANTADO
Publicidad

En la tarde del pasado lunes falleció a los 96 años de edad, el ilustre dulzainero de Fuenterrebollo y leyenda del folclore, Serafín Vaquerizo Velázquez. Nació en el seno de una familia de dulzaineros el 29 de julio de 1922, fue uno de los grandes maestros que ha dado el siglo XX según la ¡Antología de Maestros y Estilos de la Dulzaina Segoviana’. Aprendió a tocar el tamboril con su padre Gonzalo, con el que formó pareja. Al cabo de los años los papeles se invirtieron y Serafín empezó a tocar la dulzaina y su padre la caja. En Fuenterrebollo tocaron en los bailes de los domingos, en las danzas de paloteo, en bodas, así como en los pueblos que les llamaban.

A pesar de trasladarse a Madrid, Serafín siguió tocando en su pueblo, en otros lugares de Segovia, y en pueblos de Madrid, donde se convirtió, en uno de los dulzaineros clásicos de la capital de España.

Serafín colaboró para recuperar las danzas de paloteo de Fuenterrebollo en los años noventa, con cuyo grupo recorrió numerosos pueblos de la geografía llevando el sonido de la dulzaina junto con el tamborilero Santiago Matey, con el que empezó a tocar a mediados de los años 70.

Durante todos estos años, además de a los danzantes de Fuenterrebollo, ha acompañado a otros grupos de danzas, como el del Centro Segoviano, el de la Mesa de Burgos o el grupo Arrabel. También ha grabado varios discos con distintos compañeros, y ha impartido clases de dulzaina y tamboril en la Parroquia de San Antonio, en Madrid, de donde han salido varios dulzaineros.

A pesar de su edad, Serafín se mantenía activo con lo que ha sido su vida, la dulzaina. Desde 2013, Fuenterrebollo celebra un Festival de Folclore que lleva su nombre como reconocimiento a su trayectoria, a su trabajo y difusión de la cultura, del folclore y del nombre de Fuenterrebollo.