La corporación municipal sorprendió a Valentín con un monolito en la Plaza del Caño del Cura. / JOSÉ REDONDO
La corporación municipal sorprendió a Valentín con un monolito en la Plaza del Caño del Cura. / JOSÉ REDONDO
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Los espinariegos despidieron ayer a su párroco en los últimos treinta años, Valentín Bravo, en una emotiva misa en la que le mostraron su afecto y cariño. Como se recordará, el Obispado de Segovia decidió hace unos meses su traslado a Cuéllar, a pesar de la oposición que se ha encontrado entre los vecinos. El pasado 18 de julio se registraban cerca de 4.000 firmas en el Obispado de Segovia, recogidas por el Consejo Pastoral, en un nuevo intento de revocar la decisión del obispo de Segovia, que ha provocado indignación entre los espinariegos.
Ayer los espinariegos acudieron a la última cita con Valentín Bravo, llenando la iglesia en una misa que se alargó más de hora y media. Previamente, la corporación municipal, con la alcaldesa Alicia Palomo a la cabeza, quiso tener un detalle con el sacerdote, invitándole a descubrir un monolito instalado en la Plaza del Caño del Cura, como reconocimiento al trabajo del cura en sus más de treinta años en El Espinar. Después, la comitiva, acompañada por los grupos de jotas y dulzainas de El Espinar y San Rafael, se dirigió a la iglesia, donde le esperaban a sus feligreses.
Valentín Bravo ya se había despedido de sus vecinos a través de una carta, en la que reconoce haber vivido “intensamente” más de 31 años en la localidad. “Le estoy muy agradecido al Señor por estos hermosos años, me llevo el mejor de los regalos: la vida compartida a vuestro lado”, afirmaba. “He oído hablar de regalos, –continúa la carta– yo no quiero nada para mí, estos años con vosotros me han enriquecido grandemente, pero si pensáis en algún regalo, pensad en Benín, en los niños de la piedra, que tanto me impactaron la primera vez que les visité”. Hay que recordar que Valentín Bravo fue el impulsor de una campaña solidaria con Benín, que todos los años organiza en la provincia de Segovia.