Toda la familia se reunió para brindar un bonito homenaje a Benito. / el adelantado
Toda la familia se reunió para brindar un bonito homenaje a Benito. / el adelantado
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Que se cumplan cien años, a pesar de que la esperanza de vida cada vez sea mayor, es un hito; pero más hito es que se cumplan estando perfectamente de salud física y mental. Este es el caso de un centenario de pro, como Benito Ramos. Nacido en Casla, ha vivido un siglo en el que ha habido dos guerras mundiales, una guerra nacional, tres monarquías, cuarenta años de posguerra, una transición y hasta España ganando el Mundial. Se trata de un centenario que fue pastor trashumante, alcalde de Casla y vecino querido por todos sus habitantes.

Nació en una familia de siete hermanos y es el último de aquellos ‘siete magníficos’. Con motivo de su cumpleaños, su familia organizó una gran fiesta que fue toda una sorpresa para él. Allí estaban sus dos hijas, sus yernos, sus cuatro nietos con sus cónyuges, y sus nueve biznietos. Que estuviera emocionado es poco, máxime cuando también acudieron todos sus sobrinos, que son muchos, y también los familiares de la que fue su esposa, María.

Además de una caldereta riquísima, y por supuesto de la tarta de sus cien años, que sopló con un vigor juvenil, se le homenajeó haciéndole regalos muy especiales, entre ellos un precioso álbum con fotos de todos los que han formado parte de su vida, con un trabajado árbol genealógico y con intervenciones orales resaltando los muchos valores que dejaron los de su generación, el trabajo tan arduo de aquellos años y cómo salieron adelante con mucho esfuerzo y sacrificio.

Al tío Benito, como le conocen todos en Casla, se le notaba humedad en sus ojos por la emoción de ver a toda su gente reunida. No hacía más que decir que era el mejor regalo que se le podía haber hecho.

Quizás la existencia de un centenario tan pleno de facultades es una gran noticia; pero que sea el representante de una época en la que existían valores, cuando un apretón de manos valía más que cualquier contrato, cuando las vecinas se juntaban para peinarse unas a otras, en resumen, cuando había cercanía, humanidad y ayuda mútua, puede hacer reflexionar en lo que se ha perdido y en lo que habría que copiar, pese a que la tecnología no ayude mucho en ese campo.

¡Un bravo por los de aquella generación! Y con estas líneas nuestra felicitación por sus jóvenes y saludables cien años a quien siempre en Casla será el tío Benito para todos.