Publicidad

A primera hora de la mañana, los vecinos de la urbanización Fuente de la Bola se levantaban con un fuerte dispositivo de seguridad que parecía que iba a terminar con la situación de descontrol, miedo e ilegalidad provocada por los ocupas. Así fue en cierto modo, ya que la operación desarrollada no ha sido específicamente de desalojo, sino parte de una investigación que es el principio del fin de este conflicto, como explicaron fuentes policiales a los propios vecinos.

Cuatro furgones de la Policía Nacional se presenciaron en las tres calles que conforman la urbanización y fueron realizando los registros pertinentes con la autorización judicial que se estaba esperando. Los efectivos procedían de distintos equipos, apoyados por la Guardia Civil, que se situó por la parte posterior también. Los registros exhaustivos por cada chalé se iniciaron con el derribo de las puertas por parte de la Policía Nacional; armados y con mazas, echaron las puertas de varios chalés abajo para entrar en las viviendas. La Secretaria del Juzgado estuvo presente en estos registros con orden, que es lo que ha permitido dar pasos hacia adelante en este proceso que se alarga desde julio de 2016. La mañana de ajetreo en la urbanización finalizó, después de agrupar a los ocupas en el chalé número 10, con la detención de dos de ellos, que fueron trasladados en el furgón policial que se situó a la entrada del complejo, impidiendo el paso a cualquier persona ajena a la vecindad de estas viviendas.

los vecinos Las fuentes oficiales de Subdelegación del Gobierno no se pronunciarán hasta que la operación no esté cerrada, pero ellos son voces importantes en la misma. Una de las vecinas comentaba ayer su esperanza, a primera hora, de que todo finalizase, porque asegura vivir con miedo y en una situación de desasosiego. Aunque agradecen la permanente vigilancia de Guardia Civil y Policía Local, asegura que están “al límite de aguantar”. Coches que circulan a toda velocidad poniéndolos en peligro, robos, música a todo volumen, zonas de insalubridad donde ellos se encuentran y desorden generalizado es lo que viven cada día. Una de las situaciones más tensas vividas fue la visita de los mediadores, los patriarcas de los clanes gitanos, que intentaron también sin éxito, a cabar con la ocupación. Nochevieja fue otro de los momentos más duros, donde oyeron incluso disparos, aunque no se encontraron casquillos. Reyertas entre los clanes de Cuéllar y Medina del Campo acabaron con el desalojo de cuatro de los ocho chalés, que después volvieron a ocupar, aunque ninguno de los inquilinos actuales es de Cuéllar, según loshabitantes de la urbanización.Los vecinos han dialogado con el alcalde en muchas ocasiones y los deseos son los mismos, al igual que los de los cuerpos de seguridad: acabar con la ocupación. Esta misma vecina aseguraba lo indignante que resulta adquirir una vivienda, pagar un IBI superior al de un piso y estar en esta desagradable situación en la puerta de su casa.

Finalizó así una jornada de avances, aunque lentos, esperando la siguiente actuación y el fin de esta ocupación.