De Ceponillos a la Adrada

Un recorrido entre el pie de sierra y la lastra a lo largo de Navas de Riofrío, La Losa, Ortigosa del Monte y Otero de Herreros

6

Lunes 30 de marzo de 2009. Un sol claro y puro se filtra por toda la sierra. A la vez irradia un calor impropio que anuncia la llegada de la primavera. Es una jornada para disfrutar del campo, cuyos árboles y arbustos despuntan sabia y el suelo llora agua en abundancia. Son las once de la mañana, y nuestros primeros pasos, parten de la carretera de Palacio en Navas de Riofrío, para adentrarnos en la cañada Vecera, en cuyo agradecido descenso, se encuentra la antigua puerta de Ceponillos, perteneciente al Real Bosque de Riofrío, ahora cerrada y en tiempos camino carretero de El Espinar a Segovia. Sobre la cañada Vecera, un apunte: “al atravesar las fincas, solo está sujeta a servidumbre los años impares, pudiéndose aprovechar por los propietarios de las dehesas anexas los años pares”, de ahí su nominación, del término “veces”.

El gozo del camino es hacerlo sin un límite de tiempo. Dejarnos llevar por la música afinada de las aves, y la profusión verde de los parajes, sin más ocupaciones que las de andar y disfrutar. Introducidos ya en el valle de Ceponillos, los pasos y caminos están marcados por multitud de cercas y una ondonada sumida y preciosa, en la que el vuelo dominador de varias águilas ratoneras cubren presencia.

Dejado atrás Ceponillos y el paso del arroyo Matavacas, la andadura alcanza un paso lineal hasta La Lastra, en sus inicios está Puente, un pastor de ovejas de La Losa, que alterna estos pagos, pero que en esos momentos está en la tarea de cambiar una rueda, al haber pinchado, a la espera de “soltar el ganado”. Unas trescientas ovejas. Nos habla del duro invierno y nos anuncia que es el único pastor que queda en el pueblo.

El trayecto va tomando forma, estamos en la proyección del pie de sierra que delimita la lastra por todos los territorios por los que vamos a pasar. Despedimos a Puente, y se presenta una primera fuente de agua potable, situada en el nuevo parque y mirador de La Lastra, como así le ha denominado el Ayuntamiento de La Losa. Después llegamos al punto conocido como “Los cuatro caminos”, de ellos encaramos el de enfrente, en su prolongación vamos vislumbrando vallados rústicos de piedra berroqueña típicos, con porteras en estas dehesas que cuadran el término.

A medio camino, entre la intercesión de fresnos, encinas y alguna zarza y retama, la imagen se nos transforma en arte. Y allí aparece en medio de una finca, la ermita románica de San Pedro (siglo XIII), en tiempos propiedad del pueblo y hoy de título privado.

Premiosa es la caminata, que también brinda varias postales continuas, como el doblez panorámico de la sierra de la Mujer Muerta, y el palacio rosa y majestual de Riofrío ya de lejos. Alguna dehesa rebosa charcas de agua, que inundan a renacuajos y anfibios, que también aprovechan las cigueñas.

El ruido de los coches en la carretera La Losa-Madrona, nos da aviso de nuestra próxima dirección hasta adentrarnos en El Berrocal (Ortigosa del Monte). Cruzamos la vía y en el discurrir, un puente en forma de piedra, nos traslada hasta presenciar los primeros tolmos, o grandes piedras graníticas. Los regueros y el agua empantanada del suelo, mezclada con la luz del día, nos ofrece un lugar con un encanto más que especial. Muy bien conservado y mimado, por eso es el emblema de Ortigosa. Dice alguna persona mayor, entre risas, que Ortigosa “tiene dos amores: una novia, la Mujer Muerta, y un novio, El Berrocal”, dos lugares sin duda para enamorar. En el lugar nos disponemos a comer, junto a un fresno una tupida hierba y el burbujeo del paso del agua que se bifurca y relaja.

Cuesta despegarse de la belleza apreciada, pero descendemos a un terreno más abrupto, donde seguimos combinando fresnos y encinas, ahora con algún roble y chopo de ribera, junto al río Herreros, en término de Otero de Herreros. El ruido de un pájaro carpintero, se mezcla con el escarceo de algún gazapillo. También debemos sortear las charcas y vallas que acotan el río. En este paso inferior menos marcado, tomamos dos referencias superiores de orientación, por un lado, la torre contraincendios de El Berrocal, y en la otra coordinada, la iglesia de los Santos Mártires de Otero de Herreros, que nos van a servir de guía. La fuerza del agua que lleva el río Herreros parece anunciarnos y acelerarnos el tramo final, en el que volvemos a tener como tope una lastra, cuyos márgenes del río se hacen más dificultosos. En estos momentos, me acuerdo de Juan Pedro, de la asociación Lacerta, un perfecto conocedor de la zona, a través de sus ‘rutas de la naturaleza’. ¿Si me viera lo desorientado que estoy en estos momentos?. Pero mi objetivo, está marcado de inicio: La ermita de La Adrada (gotico tardío).

Buscado el lado accesible del río, pasamos a una extensión de jóvenes fresnos, de repoblación. Y seguido a una primitiva industria cerámica, de la que prevalece su torre, mientras que los demás edificios están en ruina. Surcada esta vieja tejera, observamos la espadaña de esa ermita rodeada de leyenda y curiosidad. Una joven abre el santuario para sus cuidados, mientras unas familias, disfrutan de la pradera y el agua de la fuente. Es un bonito premio al final del camino. A la virgen la pido un deseo propio y solidario. Mientras que el regreso, una vez superado el Calvario que asciende desde La Adrada hasta Otero lo hago por la carretera asfaltada de ocho kilómetros, que une los cuatro municipios, Otero de Herreros (1.000 habitantes), Ortigosa del Monte (500), La Losa (500) y Navas de Riofrío (340).

Los detalles

Recorrido: 22 kilómetros.

Tiempo: 4,5 horas.

Naturaleza: La ruta nos ofrece vistas(Mujer Muerta, Palacio de Riofrío, Caloco…), el paso de arroyos y ríos(Matavacas, Madrones, Milanillos, Herreros…). Vegetación (encina, fresno, roble…).

Arte: Antigua puerta de Ceponillos (Riofrío); ermita de San Pedro (La Losa), ermita de La Adrada (Otero de Herreros).

Dato positivo: La reciente iniciativa que explicó el alcalde de Ortigosa del Monte, Jesús A. Moreno, de recuperar para el senderismo los caminos y unir los cuatro pueblos.

Dato negativo: La poca sensibilidad de algunas personas, que parchean estos pasos de gran valor ecológico con restos de obras, así como adosan a los vallados rústicos somieres viejos y otros enseres, que rompen la estética.