Participantes en la primera marcha nórdica desde Segovia hasta la ermita de San Frutos. /el adelantado
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Un grupo de segovianos aficionados a la marcha nórdica han sido los primeros en recorrer el Camino de San Frutos, desde Segovia hasta la ermita del santo eremita en Carrascal del Río, mediante esta nueva técnica de marcha con bastones. La experiencia, según relatan, ha sido “magnífica” y todo un éxito, y esperan que tenga continuidad.

La idea surgió en el seno de Nordic Walking Segovia, un club de marcha nórdica, que cada vez cuenta con más adeptos. De las dos variantes que ofrece el Camino, por la Sierra o por Caballar, se eligió la segunda, con un recorrido de 78,2 kilómetros. Se dividió el trazado en cinco etapas: Tizneros-Tenzuela, Tenzuela-Muñoveros, Muñoveros-Sebúlcor y Sebúlcor-ermita de San Frutos, para realizar una o varias en la modalidad de relevos, aunque dos de los participantes las hicieron del tirón.

Y llegó el día, más bien la noche, con el inicio de la marcha a los pies del Acueducto a partir de las doce de la noche. Calle Real arriba, ataviados con camisetas blancas, entre los nocturnos que miraban sorprendidos, llegaron a la Catedral, donde saludaron a San Frutos, para reencontrarse con él horas después en su ermita del Duratón. La ruta continuó por el Alcázar, Puerta de Santiago y en San Marcos, giro hacia Zamarramala, y ya en el camino de La Lastrilla iluminando sus paso con frontales.

Cruzaron La Lastrilla, Espirdo y llegaron a Tizneros, el final de la primera etapa. Junto a la ermita, esperaban los componentes del primer relevo para seguir el Camino.

El ánimo durante toda la noche fue alto y las temperaturas acompañaron. Ya en la tercera etapa, pasaron por Carrascal de la Cuesta y Caballar, junto a las ermitas de los hermanos de San Frutos. Empezaba a amanecer cuando cruzaban la carretera de Turégano, y ya de día, llegaron a Muñoveros, donde desayunaron. Puebla de Pedraza, Cantalejo y solo tres kilómetros después Sebúlcor. Los marchadores entraron en la plaza, donde fueron recibidos con aplausos y ánimos de los voluntarios e integrantes de la quinta etapa.

Unos kilómetros después, se produjo el reagrupamiento de los participantes para realizar los casi cinco kilómetros finales, cada uno a su ritmo, con espectaculares vistas de las hoces del río Duratón, en la bajada hacia la ermita del patrón, donde fueron recibidos con más aplausos, para hacer su entrada en la ermita de San Frutos. Visita, tres vueltas a la piedra, como manda la tradición, foto de familia, refresco y ya en los coches, regreso a Sebúlcor.

La experiencia ha sido tan exitosa, que clubes de marcha nórdica de otras provincias ya se han interesado por esta espectacular ruta que es el Camino de San Frutos.