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Adolfo Rodríguez ante su última obra ‘Toponimia y territorio en Coca’, a la que ha dedicado años de investigación. / A. M.
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El libro ‘Toponimia de Coca y su territorio’, es un inventario muy extenso que recoge el 90 por ciento de los topónimos localizados con sus respectivas coordenadas que identifican la ubicación de los más de mil nombres de cada lugar con sus referencias tanto cartográficas, documentales, como bibliográficas.

Un trabajo más allá de la curiosidad que pueda ofrecer la toponimia ya que para su autor, Adolfo Rodríguez, ésta tomada en su conjunto representa un cúmulo de saberes basados en la experiencias de las personas mayores por la relación mantenida con la tierra, su explotación, además de la estrecha relación que mantiene con la lingüística, la cultura popular, la ignografía, la ordenación del territorio y los cultivos que se hacen, en definitiva en palabras de Rodríguez Arranz representan el legado generacional que “nació en una sociedad distinta a la actual, nacen de una sociedad que obtiene principalmente los recursos del campo y posteriormente del pinar, lo que la sitúa a los topónimos en peligro de extinción de manera muy inmediata, ya que en cosa de 15 o 20 años estos conocimientos que la gente mayor tiene, estos nombre de los lugares que ellos designaron desaparecen”, mantiene el autor en su argumento de que las generaciones actuales no mantienen ese vinculo tan estrecho con los recursos del campo y la naturaleza que las anteriores.

Un cuidado trabajo científico al que ha dedicado cerca de cuarenta años de investigación consultando referencias cartográficas, documentales y bibliográficas, además de las recogidas verbalmente de la sapiencia de los mayores y la ventaja de contar en Coca con una extensa bibliografía, a la cual el escritor caucense Felipe Rodríguez ha hecho una aportación importante con sus trabajos de investigación.

TOPÓNIMOS DEL SIGLO XIII HASTA EL XX

Todo ello ha dado como resultado la compilación de más de un millar de topónimos desde el siglo XIII al XX, de los cuáles la mayor densidad se encuentra en la agricultura durante los siglos XV y XVI en los municipios de Ciruelos y Villagonzalo y posteriormente en el siglo XIX en Coca con la explotación intensiva del pinar. Una toponimia clasificada de forma cronológica, espacial y temática dentro de una cuidada metodología de trabajo para sacar conclusiones de la ficha que recoge las características de cada topónimo. Aspectos que conforman también toda la estructura social del antiguo régimen dando nombres desde el Rey hasta la Probrera. Una relación con la cultura popular los refranes, costumbres y dichos populares: “mi abuela era de Chatún y nació el año 1898” y ese estribillo tan popular de la jota: “Ay Chatún, Gomezserracin, del campo al arroyo a Chañe a vivir”. Ella no lo cantaba así, se ve que todos no podían ir a Chañe a vivir, que sólo iban los ricos, lo que ha cogido el Nuevo Mester ha sido la versión de los ricos. Mi abuela lo decía de otra manera: “Ay Chatún, Gomezserracin, del campo al arroyo y a Coca a servir”. Y ello como consecuencia de que en el primer tercio del siglo XX en Coca hay un desarrollo industrial y comercial importante por ello gran parte del servicio doméstico llegaba desde el Carracillo”, señala Adolfo Rodríguez, a su vez autor también del libro ‘Cauca. Poética de una traición’ y de la letra del himno ‘Villa y Tierra de Coca’, entre otras publicaciones de temática educativa.

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