Publicidad

TEXTO: Carlos de Miguel y Arantza Rodrigo

El Ciclo de Otoño “Dulzaineros: semblanza y repertorio” organizado por el Centro de Interpretación del Folklore, nace en 2010 en el marco de las Aulas de Música Tradicional, como complemento a la formación.

Durante este curso, las Aulas celebrarán su décimo quinto aniversario, con la intención de hacerlo de un modo especial, así se ha podido comprobar con la propuesta elaborada para el Ciclo por Carlos de Miguel, profesor de Dulzaina en estas Aulas. Él es el encargado de conducirlo y acercarnos a los diferentes perfiles de este oficio. En estos ocho años han compartido música y experiencias intérpretes de dulzaina y de tamboril de distintas generaciones, los que aprendieron de viejos maestros, o jóvenes dulzaineros que desde el mundo de lo tradicional experimentan nuevas sonoridades. La evolución lógica nos ha llevado también a dedicar su espacio la mujer dulzainera, así como a destacados músicos de otras provincias.

En la edición de este año, han estado presentes por un lado la veteranía con una carrera de éxito y reconocimientos, de dos músicos segovianos, Fernando Llorente y Javier Barrio; y por otro una renovada dedicación a la música tradicional de dos jovencísimas dulzaineras, Rita San Romualdo Velasco y Bárbara Francisco Benito.
Javier Barrio y Fernando Llorente abrieron el ciclo el 25 de noviembre, tarde en la que recordaron a su maestro Félix Sánchez, miembro de “Los Talaos”, del que destacaron su disciplina y exigencia en la enseñanza de la técnica de la dulzaina. “Los Talaos”, originarios de la provincia de Ávila, y posteriormente afincados en la de Salamanca, deben su nombre a Estanislao Sánchez Alonso, apodado “Talao”, quien inicia una saga familiar de tres generaciones de dulzaineros. Ellos han sido su principal referente e influencia, músicos de marcada personalidad, que conseguían sacar de la dulzaina un sonido potente y dulce a la vez, con una perfecta afinación y gusto en el toque, además de la riqueza de cromatismos que manejaban en una época en la que apenas se tocaba en un par de tonalidades. Actualmente imparten clases en la “Escuela de Folklore Plaza Castilla”, que compaginan con la participación en diferentes grupos folk y colaboraciones. Se mostraron orgullosos de las nuevas generaciones de dulzaineros que están saliendo, “ahora se toca muy bien la dulzaina”, afirman. En el relato de su trayectoria como músicos tradicionales fueron intercalando algunas piezas de su repertorio, como el Baile Corrido del Tío Tocino de Abades, dos Mudanzas y un ritmo de Habas de Los Talaos; una Polka y una Sonata del gaitero y compositor navarro Julián Romano; y la Jota de las Pasturas del dulzainero Eduardo Contreras que estaba entre el público asistente al encuentro.

El 2 de diciembre “Jóvenes y dulzaineras”, cerró el ciclo con Bárbara Francisco y Rita San Romualdo, ambas antiguas alumnas de Carlos del Miguel.
Bárbara, joven sepulvedana de 18 años, comenzó su proceso de aprendizaje en las Aulas de Música Tradicional de San Pedro de Gaíllos con tan solo 7 años. Desde el primer momento manifestó un gran talento para el instrumento lo que llevó a sus profesores a animarla para que ingresara en el Conservatorio de Segovia, donde hacía poco se había iniciado la enseñanza de dulzaina, con el fin de que pudiera avanzar más en técnica y en lenguaje musical. Desde el año 2009, este conservatorio imparte los grados Elemental y Profesional de dulzaina, siendo el único en la comunidad autónoma que cuenta con esta disciplina en su oferta educativa. En la actualidad, Bárbara cursa 4º curso de Grado profesional, siendo una alumna brillante. Desde hace años realiza actuaciones por los pueblos de la provincia tocando en fiestas populares, casi siempre acompañando a sus primos “Los Galleguillos”, a los que debe su temprana vocación por este instrumento de raigambre como es la dulzaina. Ha realizado suficientes audiciones en el Conservatorio como para demostrar sobradas tablas en el escenario. De hecho, con 15 años, ya participó en uno de los certámenes de dulzaina más prestigioso y consolidado de la provincia como es el organiza la Asociación la Colodra de Casla. Bárbara, que mostró su predilección por ritmos tradicionales como el baile corrido, manifestó también su gusto e interés por experimentar con otros ritmos y géneros. Inquieta y creativa es, sin duda alguna, una de las jóvenes promesas de la dulzaina.

Rita San Romualdo, 27 años, pertenece a una de las familias de músicos tradicionales más conocida. Es nieta de Mariano San Romualdo “Silverio”, uno de los dulzaineros segovianos de más renombre y proyección del S XX. Huelga decir que de “casta le viene al galgo”. Rita, que lleva toda su vida vinculada a la música, es oboísta, al folklore, música y baile -sus padres son los responsables del Grupo de danzas “La esteva”- recibió sus primeras clases de dulzaina de la mano de su Tío José Julio y de Carlos de Miguel en la “Escuela de Dulzaina de Segovia”. En la actualidad, perfecciona su técnica y repertorio con el prestigioso dulzainero segoviano Mariano Ramos “Maete”. Como dulzainera lleva años acompañando a su familia, que forma ya parte del paisaje sonoro de la capital segoviana, con la comparsa de Gigantes y cabezudos y en multitud de actos tradicionales. Rita, que además del arte también ha heredado la humildad de su abuelo, sorprendió al auditorio cuando explicó cómo había participado, a pesar de su juventud, en proyectos de reconocidísimos artistas como Carlos Saura y Carlos Núñez, en la película “Jota”, del citado cineasta, o el concierto realizado en la Catedral de Santiago con motivo de la inauguración da la restauración del Pórtico de la Gloria acompañando al músico gallego.

Como es habitual, se ha contado con la colaboración de César de Miguel, profesor de tambor en las Aulas, acompañando con la percusión piezas del repertorio seleccionado.

Hay que señalar que este año el Centro recibió el Premio Cultura, que otorga la Diputación Provincial de Segovia, como reconocimiento a la labor que desarrolla desde 2003 a través de diferentes programas formativos, divulgativos y lúdicos, entre los que se encuentra el Ciclo “Dulzaineros: semblanza y repertorio” que se afianza cada año, favoreciendo la comprensión y el respeto hacia la música tradicional, enriqueciendo el conocimiento de la dulzaina a través de sus protagonistas, los músicos tradicionales que han sido y son canales de la transmisión.