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Salida de los corrales del río Cega, tranquila y espectacular para los allí presentes. / CHANTAL NÚÑEZ
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Auténtico y ejemplar, como los propios cuellaranos saben que es su encierro; así fue el de hoy lunes, el segundo del periplo, sin sustos, sin complicaciones, y muy vistoso.

La valoración, tanto por el público como por los responsables del encierro desde el Ayuntamiento, fue más que positiva. La salida fue compacta, fuerte y en buena dirección desde el comienzo. Doscientos metros más adelante los lograron frenar, y la tónica desde ahí fue la de una manada tranquila que se desplazó andando. El problema del polvo, restando visibilidad, fue también generalizado en todo el tramo del campo, pero es lo que trae la ausencia de lluvias estos días.

Todo el camino andando, hasta La Cañada, donde se unieron el resto de caballistas, los llevó hasta el paso de Las Máquinas, donde los propios caballistas se adelantaron para cruzar antes y dejar paso a la manada. El cruce en la SG-205 fue también realmente tranquilo, permitiendo disfrutar a los cientos de espectadores que allí se concentran. Las estampas en el campo, donde se realizó la siguiente parada, permitió comer el bollo tradicional a los caballistas, ofrecido por la Corregidora y las Damas.

Esta tranquilidad es la pertinente, la que permite que lleguen a la pimpollada pausados, para realizar una entrada en la baja de El Embudo de las que se quedan marcadas en la retina de los espectadores. Esta es verdaderamente la diferencia del encierro de Cuéllar. Como destacaron los concejales, su llegada tranquilos permite encerrarlos entre caballos, lo que marca el carácter cuellarano. Toda esa ladera se bajó muy despacio para, en la parte más baja y pegada al recorrido urbano empezar con el encierro.

En las calles, un comportamiento también muy digno de los toros de La Glorieta, que serían lidiados por la tarde en la corrida de rejones. Bonitas carreras y, sobre todo, muy rápidas, marcaron este segundo encierro. De hecho fueron tan rápidas que algún corredor se vio sorprendido por los astados, como en la calle Las Parras, donde un toro alcanzó a un mozo y lo levantó por el aire. A pesar de lo espectacular, solo fueron algunas contusiones las que sufrió.

Por los Paseos de San Francisco, lugar en el que suele bajar el ritmo de la manada, no ocurrió esto, y las reses llegaron con fuerza hasta el último tramo, el de la Avenida de Los Toros, donde los corredores más jóvenes se colocan para empezar a entrenarse y llegar a correr en otras zonas.

PARTE MÉDICO En total fueron atendidas siete personas por los servicios médicos en el encierro. Uno en la suelta de los corrales del río Cega, otros cuatro en el tramo urbano y otros dos en el callejón de la Plaza de Toros. Todos ellos fueron explorados y objeto de curas, porque solo hubo que lamentar contusiones y magulladuras de distinto alcance. La procedencia de los atendidos varía, con varios de Medina del Campo, otros de la provincia de Valladolid, otro de Medina, de Segovia y una persona de Dublín, que al saltar en el callejón cayó mal y sufrió daños en la clavícula, por lo que tuvo que ser derivado al Hospital de Segovia, sin mayor relevancia.

Así concluyó un encierro que, como dijo el teniente alcalde, concentra la esencia de Cuéllar, porque no hay que azuzar a los toros antes, sino dejar hacer a los caballistas hasta que finaliza El Embudo y puede comenzar el encierro, fuerte y rápido, como gusta al espectador y el corredor.

Las actividades y los encierros de promoción y del chupete siguen marcando el carácter taurino de estas jornadas, que mañana vivirán el tercero del ciclo.

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