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Paso del encierro por la calle Resina, a falta de un astado que quedó rezagado en la zona de El Embudo y que finalmente fue anestesiado. / CHANTAL NÚÑEZ
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El ciclo de encierros cuellaranos de 2018 comenzó ayer con los astados de Simón Caminero. La expectación era máxima, como suele ocurrir cada domingo, cuando comienza esta tradición ancestral en Cuéllar.

El concejal Marcos Rodríguez y el teniente alcalde, Javier Hernanz, comentaron tras la probadilla cómo fue el transcurso del encierro. La salida de los corrales fue rápida, como suele ocurrir, pero hermanada y muy bien envuelta por los caballos. “Una salida preciosa”, calificaba el concejal. Después, comenzaron los problemas. Tres toros se disgregaron mientras el resto tiraba de la manada con los mansos. Concretamente una de las reses no atendía a la conducción de los caballistas autorizados y el director de campo. El paso por los pinares se tradujo así en algo complejo, llegando a una zona de descampado por la que uno de los astados pasó “a su ritmo”, sin atender a nada.

El paso de las máquinas también lo realizaron en dos tandas, tres novillos por un lado y tres por otro. Seguidamente se ha intentado y logrado con éxito reagrupar a la manada. Han pasado así las máquinas, y pasada la carretera, siguieron el camino marcado. Un último novillo no se integraba del todo en el grupo, solo pasado el primer túnel lo recondujeron, tras mucho esfuerzo de algunos caballistas. Ya se estaba valorando tomar decisiones sobre este novillo, puesto que se sentó en alguna ocasión. Los ediles comentaron que fue el director de campo el que aconsejó esperar para lograr meter al astado en el recorrido urbano junto a los demás.

A los caballistas les costó parar la manada en la parte de arriba de El Embudo, en la pimpollada, tras haber arrancado con fuerza toda la manada. Habitualmente se para cien metros más atrás, pero se actuó en consecuencia. “Era la situación ideal, estábamos en hora, en tiempo y forma, y se tomó la decisión de bajar a todos juntos, porque así estaban a pesar de que el comportamiento de uno era complicado”, explicó el concejal Rodríguez.

Prácticamente andando hasta la entrada de El Embudo, con una bajada muy bonita y dejando bellas estampas, se rompió, porque en el último tramo la acción incorrecta de dos caballistas empañó el resultado final de todo el encierro. El novillo se desvió a las talanqueras de conducción del ganado; dirección de campo volvió a aconsejar esperar, porque el astado subía de nuevo, deshaciendo el camino. La decisión final fue anestesiarlo.

Por las calles, un encierro limpio, rápido y que dejó ver bonitas carreras por zonas como La Resina y Las Parras. Los mozos pudieron disfrutar del primer encierro de novillos, que además fue bastante puntual.

No hubo parte de heridos por asta de toro, tan solo un rasponazo a la entrada de la Plaza de Toros. Por otro lado, un caballo sí sufrió una cornada, de apenas 8 centímetros, en la zona de El Embudo. Se alabó la acción del caballista, que en una de ellas arriesgó demasiado y el equino salió mal parado. La cirugía veterinaria de la Plaza de Toros practicó las curas necesarias tras finalizar el encierro.

Los concejales volvieron a hacer un llamamiento dadas las circunstancias vistas en este primer encierro. El público volvió a colocarse en las talanqueras de El Embudo, que solo son de conducción del ganado, como han repetido en numerosas ocasiones. Alrededor de 70 u 80 personas se colocaron en este espacio para disfrutar del encierro como si fuera vallado para ello, pero se repite cada día que esta no es zona para ver el encierro, solo lo es el vallado de las calles.

En resumen, el encierro fue “mejorable”, aunque para algunos colectivos como la Asociación Encierros de Cuéllar, se trató de “un mal encierro”. “No se ha mejorado en nada la organización y el tipo de ganado es el menor apto para una apertura de fiestas en Cuéllar”, comentaron en su informe diario que se encuentra en las calles de la villa. Habrá que esperar al siguiente encierro del periplo cuellarano para ver la evolución y comportamiento de los bravos.