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En plena temporada de vida en todos los cosos del país, y a las puertas de que vibre la de Cuéllar, el artista local Alfonso Rey marca la diferenca con una iniciativa cuanto menos llamativa. Se alarga en el tiempo cuando comenzó, pero aún continúa; Rey quiere acabar con la antiestética botella de plástico en el callejón, devolver la imagen del torero refrescándose con el botijo, al mozo enjuagando los trastos con algo tradicional. Acabar con el plástico, recuperar la plasticidad. “Me parecía una imagen muy romántica que los toreros llevaran el botijo; cuando yo era pequeño todavía estaban los Mercedes y los 1500 con el botijo en la vaca para que estuviera fresco, y lo utilizaba toda la cuadrilla para saciar la sed y mojar los trastos, limpiar los utensilios, el botijo era imprescindible”, comenta el artista. Entiende que ahora para los mozos de espadas es un incordio, y es más cómoda la botella, “pero se pierde la estética en los callejones”. “Yo pretendía decorarlos, y me agrada mucho que matadores y novilleros lleven botijos míos”. Morante, Paquirri o Padilla los tienen en casa, pero a López Simón se lo ha visto echar un trago en plena faena, bebiendo de una pieza de Alfonso Rey. Los primeros del escalafón lo tienen, pero también otros en sus comienzos, como Tomás Angulo o Darío Domínguez, novillero de Íscar.
Rey habla de que la ética y estética coinciden en este movimiento. Aunque lo de regalar botijos empezó por el tema de imagen, llevado a la actualidad conecta con el enorme problema ecológico que existe con el exceso de plástico que produce la sociedad, en detrimento de la calidad del agua y de los mares. “Una botella más o menos no significa nada, o sí, porque una a una… es cuestión de concienciación y en el fondo, que la ética y la estética coincidan en este detalle, es simpático”, reconoce el autor cuellarano.

Aparte de que su trayectoria desde que estudió Bellas Artes está llena de trabajo, para él carece de importancia frente a lo que le ha hecho enfocar sus dotes al arte taurino. Su mejor currículum, como él mismo explica, es el que dice que ha “nacido en Cuéllar, que tu abuelo un día te coge de la mano, te lleva a los toros y te inocula el veneno, como le ha pasado a muchísima gente”. “Es difícil desvincularse del toro habiendo nacido en la época en la que yo nací, floreciente y gloriosa en el encierro y en la plaza, con tardes de lleno absoluto, encierros multitudinarios; era sagrado, yo lo viví de pequeño y te magnetiza la figura del toro, de tus familiares corriendo”, recuerda. Pero inevitablemente ha de incluir en ese currículum su reciente exposición en Pamplona, donde siempre había querido mostrar obras hasta que finalmente encontró el lugar apropiado, conjugando la fiesta con la calma que requiere admirar el arte y que las piezas salgan. Así que, por casualidades -o porque así debía ser-, lo que estaba previsto para 2020 salió una semana antes de San Fermín para exponer en el Palacio de Guendulain, este mismo 2019. Años anteriores le había animado a exponer allí el corredor icónico Joseph Distler, americano, mítico y al que conoció en Sevilla; el coredor lleva 54 años acudiendo a su casa de Pamplona.Y salió muy satisfecho de este debut en Iruña, ampliando sus contactos en este mundo del toro que tantas cosas le ha aportado, y que le ha hecho ver la perspectiva del valor que se le da al toro tanto aquí como fuera de España.

Sin embargo, aunque la de Navarra sea una exposición especial, nada como mostrar en Cuéllar, como hará del 3 al 22 de agosto, o volver a ser el encargado de esculpir el Trofeo a la Mejor Ganadería de los Encierros de su casa, que otorga la Asociación Encierros de Cuéllar. “Doy muchísimo valor a la fidelidad de la asociación conmigo, que no han buscado una autoría diferente, y se lo agradezco eternamente”, comenta.

Entre un movimiento ecológico contra el plástico, defiende la tauromaquia como tal. Respeta profundamente a los que no pueden ir a los toros, pero corrobora que el toro es “ecología, solidaridad, cultura”. “El toro aporta mucho a la cultura, desde Altamira hasta Barceló o Kukutxumuxu, pasando por Goya o Zuloaga; no pueden estar todos confundidos”. La ética y la estética a ellos también los sorprendió, y en este mundo que tanto corre, Alfonso Rey propone cambiar de tercio y mantener la tradición.