Patético espectáculo, bochornoso esperpento.... Son sólo alguno de los calificativos que los agentes sociales, analistas e, incluso, algún destacado político, han vertido sobre el debate ayer, en la Comisión de Trabajo del Congreso, de la reforma laboral.
Una comisión que actuaba con competencia legislativa plena para engendrar una criatura bendecida por un mayoría de padrinos, y que al final se ha quedado en un coitus interruptus evidenciando, una vez más, las dificultades del PSOE para conseguir, no ya una pareja estable, sino ni siquiera un compañero de cama eventual.
Coitus interruptus, porque a pesar de sus insinuaciones, ofrecimientos y rebajas, el Gobierno al final ha tenido que bailar solo con una reforma que no contenta a nadie, que amplía el despido muy al gusto de los empresarios, aunque no lo quieran reconocer, y cuyo coste político nadie, desde el Partido Popular a Esquerra Republicana ha querido compartir, incluyendo a los abstencionistas de CiU y PNV.
Y coitus interruptus, también, porque los cambios introducidos no han conseguido dar credibilidad a una reforma que está a años luz del cambio necesario.
Porque fieles al principio de mantenella y no enmendalla, los chicos del Gobierno han parido una reforma centrada en el despido, es decir en la salida del mercado de trabajo, olvidándose de facilitar la entrada en ese mercado, o sea, la creación de empleo, que es lo que realmente necesita un país con casi cinco millones de parados.
Desde que se proyectó esta nueva normativa, incluso en los albores de la negociación tripartita con los sindicatos y empresarios, sus carencias han puesto de manifiesto que se ha perdido una oportunidad única para operar una reforma más profunda, estructural y seria. Porque no entra a fondo en materia de negociación colectiva, donde la descentralización a nivel de empresas y las cláusulas de descuelgue, son una necesidad imperiosa de cara a mejorar nuestros deficitarios niveles de competitividad. ¡Bien lo saben los pequeños y medianos empresarios, en especial, los nuestros de Segovia.
Y, puestos a echar en falta prioridades, pues llama poderosamente la atención que nada se haga para resolver, realmente, la dualidad del mercado de trabajo, es decir la frontera que separa a los contratos temporales de los indefinidos.
Incluso, en materia de despidos que, insistimos, es el eje sobre el que gira el proyecto del Gobierno, y aún reconociendo el avance que supone precisar las causas de despido objetivo, admitiendo la previsión de pérdidas, los resultados negativos y la caída de ingreso como motivos para justificar la rescisión laboral, lo cierto es que el empresario deberá seguir justificando estos motivos ante los tribunales de justicia, lo que no ayuda a contener la excesiva judicialización de las relaciones laborales.
Mención aparte merece la incorporación de absentismo laboral como motivo también para justificar un despido objetivo. Un recado a los controladores aéreos, cuya prepotencia se ha topado con el ministro José Blanco quien sigue demostrando su capacidad de gestión y liderazgo en un gobierno donde estas virtudes, y salvo escasas excepciones entre las que no se incluye el Presidente, brillan por su ausencia.
En definitiva, que como dice el cancionero popular: "todos queremos más" y nos han dejado a medias. Cierto es, me dirán, que todavía queda el Senado, pero... para lo que sirve.