En blanco. Cuando no se me ocurre nada de provecho, dejo la libreta abierta en blanco sobre la mesa de mármol redondo y estiro las piernas por la cañada abandonada que festonea mi finca.
¿Por qué la memoria fluye a veces como un grifo y otras se bloquea y cierra como una puerta repentina? La Física y la Química del cuerpo no se ponen de acuerdo. Leeré a Freud.
Memoria. Mi vecino se queja de que no retiene lo que lee o escucha. Sin embargo yo observo en sus libros los ecos -las intertextualidades- de muchas lecturas asimiladas.
-Son de la infancia, confiesa. El maestro nos obligaba a aprender de memoria. Cometen delito los profesores y pedagogos que no valoran ni practican lo suficiente esta potencia del alma.
Entrevista. Me llama Berta Calvo, de El Adelantado de Segovia, por la aparición de mi último poemario: "Cancioncillas de América".
-¿Guardan algún secreto sus versos?
-Todos mis secretos, todas mis pisadas en cada trozo de tierra. Son una postal del más allá. Son mi pasaporte universal.
El nombre. Cuando me presentan a un desconocido, tengo que repetir mi nombre.
-Cómo dijo?
-Apuleyo, Apuleyo Soto, que va en coche y no en moto.
Luego me vengo del interlocutor contándole el porqué. Mi padre fue durante cuarenta años sacristán de Cozuelos y sabía de la cosa. El santo, que se celebraba el 7 de octubre, está descatalogado por el Vaticano (Pablo VI), pero me siento orgulloso de que otro Lucio Apuleyo, nacido en Madaura, hoy Argelia, -entonces romanizada- recorriera la Magna Grecia y lo dejara escrito en "Las metamorfosis" o "El asno de oro". Es el primero que transmitió el mito de Eros o Cupido, ese niñito flechador. Si las Humanidades no hubieran perdido su prestigio en España (¡adelante, querido Adrados!), las nuevas generaciones lo sabrían. Plinio Apuleyo es el biógrafo de Gabriel García Márquez y vino desde Colombia a abrazarme en la Feria del Libro de Madrid, cuando oyó mi/su nombre por la megafonía del Retiro. Somos únicos. Bueno, no hay dos sin tres. Mi hijo también se llama Apuleyo. La historia -magistra vitae- continúa.