Victoriano Borreguero – Epifanía mística y delirante

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Como si un selfie de los Reyes Magos y un braggie de Pedro por su casa, ha llegado el año 2019. Ya es el dueño del cortijo. Que descanse en paz el 2018, un año diferente y políticamente desconcertante.

La Epifanía o manifestación, en la Iglesia católica se celebra con la llegada de los Magos de Oriente por el nacimiento de Jesús de Nazaret, es decir, la revelación de Jesucristo a los paganos —en la Iglesia ortodoxa se celebra el nacimiento de Jesús: su aparición en la Tierra.

Las únicas menciones concretas a estos Magos son las que han llegado hasta la tradición de nuestros días y que aparecen en los evangelios apócrifos, concretamente en “El Evangelio de la Infancia de Tomás” que al parecer se escribió en el siglo II. En él, se da el número concreto de tres, posiblemente en base a que fueron tres los regalos que entregaron a Jesús: oro, incienso, y mirra. También les asignan los nombres que han llegado hasta nuestro tiempo, Melchor, Gaspar y Baltasar.

Por no aparecer en los textos bíblicos reconocidos por la Iglesia, ni siquiera no aparecen las populares figuras del buey y la mula.

El papa emérito Benedicto XVI admitió la no-mención a ellos en la Biblia. En otras culturas, como las del Este, el número de Reyes Magos ni siquiera es de tres, por ejemplo, los 12 Reyes Magos armenios. Otros países no dan un número determinado, sino que simplemente hablan de “un pequeño grupo de magos”.

En Rávena, una ciudad italiana de la región de Emilia Romaña conocida por los coloridos mosaicos que engalanan sus edificios, aparecen por primera vez los nombres actuales de los tres reyes magos —Melchor, Gaspar y Baltasar—, en un afamado mosaico de San Apollinaire Nuovo que data del siglo VI y en el que se distingue a los tres magos ataviados al modo persa con sus nombres encima y representando distintas edades.

Aún tendrían que pasar varios siglos, hasta el siglo XV, para que el rey Baltasar apareciera con la tez negra y los tres reyes, además de representar las edades, representen las tres razas de la Edad Media; Melchor encarnaba a los europeos, Gaspar, a los asiáticos, y Baltasar a los africanos.

En España, a partir del siglo XIX se inició la tradición de convertir la noche de Reyes —noche anterior a la Epifanía— en una fiesta infantil con regalos para los niños tratando de imitar lo que en homenaje al santo oriental San Nicolás se hacía en otros países el día de Navidad.

Al parecer, fue en 1866 cuando se celebró la primera cabalgata de Reyes Magos en Alcoy, una tradición que se extendió al resto del país y posteriormente a otros países, especialmente a países de cultura hispana.

La palabra “mago” proviene del persa la ma-gu-u-sha, que significa sacerdote. Llegó al griego como mayos (magós, plural: mayoi, magoi), refiriéndose a una casta de sacerdotes persas o babilonios, que estudiaban las estrellas en su deseo de buscar a Dios. Del griego pasó al latín como magus, plural magi, /mágui/ (magister, /maguíster/) de donde llegó al español “mago”.

En los evangelios canónicos solo el Evangelio de Mateo habla de estos “magos”, sin precisar sus nombres, ni que fuesen reyes, ni que fueran tres. Fue en el siglo tercero cuando se estableció que pudieran ser reyes, ya que hasta entonces, por sus regalos y las iconografías que los representaban, tan solo se consideraba que eran personas pudientes. Fue también en ese siglo cuando se estableció su número en tres, uno por regalo, ya que hasta entonces había dibujos con dos, tres o cuatro magos, e incluso la Iglesia ortodoxa siria y la Iglesia Apostólica Armenia aseguraban que eran doce, como los apóstoles y las doce tribus de Israel.

Atando cabos, como si un selfie de los Reyes Magos y un braggie de Pedro por su casa, ésta es mi petición: justicia, paz y alegría, porque alguien de cuyo nombre no quiero acordarme piensa y dice a sus almas gemelas que solo él es Rey Mago y que en su epifanía delirante sus corifeos son un coro de plañideros y plañideras y un equipo de turiferarios y turiferarias gemelos o mellizas.